El Ojo Tuerto

Festival Buenos Aires Jazz ’08: Efecto Jazz

Sábado 18

La expedición al Centro Cultural Recoleta entregó a las 14:30 hs. Música en las venas, charla a cargo del brasilero Zuza Homem de Mello y del argentino Jorge Andrés; a las 15:00, nuevamente el Noneto de la carrera de jazz del Conservatorio Superior de Música Manuel de Falla; a las 15:30, Escalandrum; a las 16:30, la cantante Roxana Amed; a las 17:30, el Ricardo Cavalli Trío y a las 18:00, PWR3 (Lito Epúmer, Machi Rufino y Cristian Judurcha). A las 18:00 se proyectó Vinicius (Miguel Farías Jr., 2005). Las actividades en el CCR prosiguieron a las 20:30 hs., con las actuaciones de los Swing Timers y del Daniel “Bachicha” Lencina Cuarteto, de Uruguay (Lencina en trompeta y voz, Eduardo Casalla en batería, Jorge “Negro” González en contrabajo y Ángel Sucheras en piano).
A las 21:00 hs., en el Teatro I.F.T., la tercera y última de las comisiones: Suite para grupo de Jazz y Ballet a cargo de Enrique Norris (corneta, piano y percusión) y Pepi Taveira (batería y percusión), más la compañía de Cristian Bórtoli, Pablo Puntoriero y Sergio Verdinelli. La dirección del ballet estuvo a cargo de Andrea Servera..
Notorious ofreció (siempre a las 21:30 y a las 23:00 hs.) al Jakob Karlzon – Peter Asplund Cuarteto; los suecos Karlzon (trompeta) y Asplund (piano) se presentaron junto con el contrabajista Arturo Puertas y el baterista Eloy Michelini. Y en Thelonious (mismos horarios, ya se ha dicho), el Luis Nacht – Juan Pablo Arredondo Cuarteto, esto es: Nacht en saxos y flauta, Arredondo en guitarra eléctrica, Patrik Albin en contrabajo y Lennart Gruvstedt en batería (estos dos últimos, integrantes de la agrupación sueca Tolvan Big Band).

Y en el Teatro Coliseo se llevó a cabo otro de “esos momentos”. A las 20:30 hs., el número de apertura: los acordeonistas Guy Klucevsek y Alan Bern. Se conocen desde hace más de una década; sus dos álbumes: Accordance (2002) y Notefalls (2007) son verdaderas maravillas. La apertura es con un tema de Bern, Angel Blue (de Accordance), una semi-marcha balcánica donde los roles se invierten hasta el abrupto y sorpresivo final. Bar Talk (en referencia clara a Bartok), de Klucevsek (también de Accordance), lo tiene a Bern al piano. Una suerte de tango/klezmer de complejidad lúdica apabullante. Bern parece ser una mixtura de Jelly Roll Morton atravesado por Cecil Taylor. Violento combate.
La temperatura baja unos grados con un vals a mid-tempo para explotar en Scarlatti Fever; aquí el terrorista es Alan Bern; luego, el dueto tanto poético como virtuoso es incomparable. Starting Over es reflexiva, casi minimalista; cinematográfica, casi un requiem. Deep Blue C fue “escrita en medio de esta pesadilla norteamericana que no necesito explicar”, dijo Klucevsek. De lo festivo a lo trágico, de la alegría al drama. Impecable duelo.
Astor Place, composición de GK dedicada ya sabemos a quién. Más cerca de la Milonga del Ángel que de Libertango. A esta altura hay que decir que la mano izquierda de Bern al piano es tremenda. Y que son dos monstruos.

Don’t Let the Boogie-Man Get You, de Notefalls, parece extraída de un policial negro o bien de una persecución entre Maxwell Smart y Sigfrid. Gran precisión en velocidad. El final los tuvo a Klucevsek con su acordeón y a Bern munido de su melódica. Luego de la intro a cargo de GK se produce un silencio (previo a la entrada de Bern), en el cual comienza a escucharse un solo de saxo desde allá a lo lejos: era Perico Sambeat calentando pulmones antes de salir a escena. Sonrisas, complicidad y Bern demostrando que es capaz de tocar cualquier cosa que tenga teclas o botones. Es más, algunos dicen que es un extraordinario ejecutante de timbres. La gente del Coliseo estaba apurada, parece, ya que no hubo bises. Una pena, me hubiera gustado despedirlos de pie.

A continuación, el C.M.S. Trío, es decir: Javier Colina en contrabajo, Marc Miralta en batería y Perico Sambeat en saxos alto y soprano. Con un álbum en su haber (New York Flamenco Reunion, 2007) y otro por editarse, comenzaron su actuación de manera inmejorable con Syeda’s Song Flute, de Coltrane pero atravesada por una bulería. Theo, de Monk, conoció las bondades del cha-cha-cha; Love for Sale, de Cole Porter, comienza con Colina en soledad (¡joder, qué bueno es este tío!) al que luego se suma Sambeat en soprano. El arreglo es exquisito. Tanto, que Marc Miralta (una suerte de tren bala -muy- propenso al desborde) hace percusión sobre los tambores con las palmas. La tendencia se acentúa en Yukaly, de Kurt Weill, con otro impecable solo de Colina y con Sambeat nuevamente al saxo alto. A esta altura del concierto comienza a notarse cierta reiteración en los arreglos, aunque Colina (especialmente) y Sambeat están en una buena noche. Alma llanera deviene de joropo venezolano en casi malambo, a caballo de los dedos de Colina. El bolero A mi manera (del cubano Marcelino Guerra) aporta más bien poco; y ese final festivo ante una letra que no la es, sigo sin entenderlo. Cuando comenzaron los primeros acordes de Sweet Georgia Brown, fruncí el ceño. Pero no estuvo para nada mal, salvo que Miralta me recordó a Aníbal, el baterista de los Muppets ante tanta violencia y descontrol.
El bis fue una respetuosa, sentida y magnífica Drume negrita, con Sambeat en soprano y Colina en el cielo.
Y todavía nos queda el…

Domingo 19

Romanza con palabras fue el título de la charla que se llevó a cabo a las 14:30 hs. en el Centro Cultural Recoleta. Participaron Gerardo Gandini, Rafael Filipelli, Marcelo Cohen y Pablo Gianera bajo la moderacion de Guillermo Saavedra. Siempre en el C.C.R., a las 15:00 hs., la Big Band de la carrera de jazz del Conservatorio Manuel de Falla; a las 15:45, Néstor Astarita & Buenos Aires Jazz Fusión; a las 17:00, el Daniel Maza Quinteto y a las 18:15 el Walter Malosetti Trío. A las 18:00 hs. se proyectó Space is the Place (John Coney, 1974) y luego Sun Ra: A Joyful Noise (Robert Mugge, 1981). A las 20:00 hs. se presentó el Sophie Lüssi Cuarteto (Lüssi en violín, Ramiro Penovi y Roberto Terzana en guitarras y Adrián De Filippo en contrabajo) y Estrellas Argentinas de Jazz (Ernesto D’Amico en trompeta, Juan Carlos Bazán en clarinete, Miguel Píccolo en trombón, Manuel Fraga en piano, Héctor Basso en contrabajo, Daniel Calabrese en batería y Cecilia Escudero en voz). Y el cierre oficial del Festival fue a las 20:30 hs. en el Teatro Coliseo.

El número de apertura fue Argentos, agrupación liderada por el trompetista y percusionista Richard Nant e integrada además por Pipi Piazzolla en batería, Matías Méndez en bajo eléctrico, Álvaro Torres en piano, Alan Plachta en guitarra, Gustavo Musso en saxos y Pablo Rodríguez en saxos y flauta. El comienzo fue con La Chacarrichard; una fuerte base percusiva, Pipi Piazzolla marcando la diferencia, buen solo de Nant e interesante trabajo desde el fondo de Plachta. Desde el viento avanza al galope gracias al tándem Méndez / Torres. Gran intervención de Rodríguez en soprano; hacia el final, el interés decae un poco. En Mate y clave, de Méndez, funciona a pleno la batidora que Piazzolla tiene en cada mano, trasladando el repiqueteo percusivo hacia los aros de los tambores. Notable momento capaz de resucitar a un difunto.
Victoria trae la calma y cierta languidez; pero Chuco, el tema final, pone en órbita nuevamente al dueto percusivo a cargo de Piazzolla y Nant. El momento es excelente; otro buen solo en soprano de Rodríguez. Se suman todos para el final… que no llega, ya que falta una violenta coda rompe parlantes. Gran final, ahora sí.

Y a las 21:30, sube al escenario la cantante brasilera Rosa Passos acompañada por Celso de Almeida en batería, Paulo Paulelli en bajo eléctrico y contrabajo, Vinicius Dorin en saxos y flauta y Fabio Torres en piano. Rápidamente Passos se encargó de aclarar que interpretaría composiciones de Caymmi, Jobim, Lins y propias. Antes de continuar… ¿por qué un Festival de Jazz se cierra con una cantante de música brasilera? Listo, ya está, habrá habido razones (si vemos cuán repleto estaba el teatro y la ebullición, algo entendemos). Rosa Passos tiene una voz dulce y potente. Sus músicos son simplemente correctos (el baterista tuvo serios problemas con los tiempos) a excepción del bajista Paulelli.
El comienzo fue con Vatapá, de Dorival Caymmi, a la que sucedió Marina, en formato de trío. Tengo importantes inconvenientes con la música del Brasil, ya lo he manifestado varias veces. Pero en realidad creo que, en alguna medida, la música brasilera tiene algún que otro asunto pendiente conmigo.

Cuando ya se estaba adivinando prácticamente todo lo que ocurriría sobre el escenario (gran variedad de cantos a la obviedad), sucede algo inesperado. Quedan solamente Rosa Passos con su voz y su guitarra acústica y Paulo Paulelli en contrabajo y percusión vocal. Sí señor. Y ahí sí que se despacharon con un set íntimo, los dos solitos, que dejaron en claro que sobraban tres músicos. Entre otras perlas pasaron Aguas de Março, So danço samba, Vocé vai ver y Pra que discutir con Madame. Con Alibi retorna el grupo en su totalidad y me da para pensar de que el saxofonista Vinicius Dorin ha escuchado mucho (pero mucho, mucho) los discos de Stan Getz con Joao Gilberto. El final, con la archiconocida Samurai, de Djavan, le agregó un poco de mozzarella a la pizza.
Los bises: un homenaje a Elis que no estuvo mal, pero… la segunda reaparición fue para interpretar a capella (y con los músicos atrás haciendo la estatua), una sentida Bésame mucho en castellano. Tercer y último bis dedicado a Jobim y final.

Así pasaron cinco días donde se puede afirmar que, por primera vez, Buenos Aires respiró jazz (y aledaños). Muy buena organización, conciertos que comenzaron a horario, escaso espacio entre un show y otro, buen sonido, sobrias luces (con excepción del iluminador del Teatro Coliseo a quien parece que no le avisaron que no se trataba de rocanrol) y mucha, pero mucha gente feliz.
Nos merecíamos algo así los porteños. Una apuesta fuerte, con nombres rutilantes y con verdaderas apuestas de riesgo. Con muchísimas actividades y conciertos gratuitos y, los que no lo eran, a valores realmente al alcance de la mayoría interesada.
Para destacar, además, el merecido homenaje al gran Carlos Inzillo (quien además es un Racinguista hecho y derecho) al cumplirse 24 años ininterrumpidos del ciclo Jazzología en el Centro Cultural General San Martín y la muestra fotográfica permanente con cuatro verdaderos Maestros de los teleobjetivos y las diapositivas (¿existen aún?): Pablo Mehanna, Eduardo Torres, Álvaro Gorbatto y Horacio Sbaraglia.
Un festival que volveremos a disfrutar en el 2009, aunque sin visitas internacionales. Éstas vendrán cada dos años; pero quedó demostrado que hay músicos de sobra en cantidad y calidad como para ir haciéndonos a la idea de que esta vez sí, que será costumbre, que el jazz argentino existe y que es de los buenos.
Y que este Efecto Jazz (al menos en lo musical) se clavó en un ángulo.
Aunque en esto, como bien aclaró Mariano Otero durante su concierto, los gobernantes poco y nada tuvieron que ver, seguramente.

Nota: Fotos cedidas gentilmente por Valeria Solarz, encargada de prensa del Festival y Horacio Sbaraglia, o “el ojo de la música” como dijo alguna vez un tal Iaies).

Marcelo Morales

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