Jenny Scheinman: Crossing the Field
Born Into This, I Heart Eye Patch, That’s Delight, Ana Eco, Hard Solo Shoe Coming, Einsamaller Coming, Awful Sad Coming, Processional Coming, The Careeners Coming, Three Bits And a Horse Coming, Song for Sidiki Coming, Ripples In the Aquifer Coming, Old Brooklyn Coming

Músicos:
Jenny Scheinman: violín, piano
Jason Moran: piano
Bill Frisell: guitarra
Ron Miles: corneta
Doug Wieselman: clarinete
Tim Luntzel: bajo
Kenny Wollesen: batería
Brooklyn Rider: orquesta de cuerdas
Koch, 2008
Calificación: Está bien
Uno puede defenderse de los ataques, pero contra el elogio se está indefenso. (Sigmund Freud)
La compositora, violinista (y ahora cantante) Jenny Scheinman, merced a su innegable talento interpretativo y a su capacidad para adaptarse con idoneidad en diversos contextos musicales, se ha hecho acreedora y con justicia a reconocimientos, alabanzas, enaltecimientos, adulaciones, cumplidos y hasta panegíricos… No sé cuán grave puede ser esto último pero si yo recibo un panegírico, como mínimo, me pongo en guardia. Lo cierto es que, de un tiempo a esta parte, la crítica especializada le ha prodigado elogios y mimos por doquier. Y cuando digo mimos me refiero a cariños, halagos, demostraciones de ternura y condescendencia excesiva, y no al mimo o intérprete teatral que se vale preferentemente de gestos y movimientos corporales para actuar ante el público. Mucho menos al concepto de mimo que tenían en la antigüedad los griegos y los romanos, quienes utilizaban ese término para describir al farsante del género cómico más bajo o al bufón hábil para gesticular en representaciones teatrales ligeras y generalmente obscenas.
Espero que la idea haya quedado debidamente clara, aun cuando existan posibilidades de que algunos críticos estén más cerca de esto último que de lo primero.
Es innegable que los elogios generan un efecto motivador y que nos gusta escucharlos, sobre todo cuando provienen de personas con las cuales estamos identificados o que consideramos respetables. Un elogio es una manifestación de los méritos o cualidades de una persona o cosa y expresa una valoración positiva de un acto o acontecimiento. El elogio se utiliza en educación para motivar a los alumnos; e, incluso, recientes estudios en psicología del trabajo revelan que los empleados valoran más el reconocimiento a su desempeño que eventuales premios materiales. Sin embargo me permito dudar sobre esas conclusiones ya que, al menos hasta ahora, sólo he visto huelgas y reclamos pidiendo aumentos de sueldo y nunca a una turba de trabajadores manifestándose bajo consignas como “elógiennos ya” o “exigimos motivación y cariño”, etc. Un ensayo realizado por la psicóloga Gloria Park de la Universidad de Pennsylvania advierte sobre los peligros de un elogio mal formulado, ya que estos pueden tener efectos contraproducentes para quienes los reciben. Los elogios, para ser auténticamente motivadores, deben centrarse en el esfuerzo en lugar de la habilidad. Según Park, cuando elogiamos a un niño con frases como “sos un genio dibujando” nos estamos centrando en su habilidad y no en el esfuerzo. Ergo, no estamos motivando adecuadamente. No obstante, centrarse en el esfuerzo no asegura buenos resultados. Por ejemplo en mi niñez recibí un elogio aparentemente bien direccionado pero que tuvo un efecto devastador. Recuerdo que mi maestra dijo: “Se nota que le has dedicado mucho tiempo y atención al trabajo. Tu dibujo tiene mucha fuerza y los colores están muy bien combinados. Seguí así.”
Lo frustrante del caso fue que no se trataba de un dibujo sino de un poema.
Ante ello le pedí que se olvidara de mis esfuerzos para centrarse en mis habilidades. Fue entonces que expresó el categórico: “Sos un inútil”. El efecto obtenido fue progresivo y positivo. Primero dejé de pintar, luego dejé de escribir y finalmente dejé la escuela. Es decir que fue progresivo en mi caso y positivo… para la maestra.
A veces el elogio, en lugar de servir para otorgar seguridad a una persona o ensalzar sus meritos y su valor, puede inconscientemente ser un medio para establecer la superioridad del que hace el elogio. Por lo tanto el axioma “Fulano de tal es el mejor en su rubro”, en lugar de suscitar la creatividad, es factible que la bloquee ya que Fulano de tal es el mejor no por sí mismo sino porque lo dice Mengano. Cuando una persona valora a otra en ese sentido, pretende que vaya en determinada dirección. En conclusión, Fulano de tal deja de crear por una necesidad interior o deja de inspirarse en Zutano o Perengano para hacerlo en función de lo que piensa y dice Mengano.
Así es cómo la carrera de Fulano de tal se hace bosta y en poco tiempo ni Magoya se acuerda de él. En definitiva, si la carrera de Jenny Scheinman se perjudica a partir de los elogios recibidos, desde esta humilde tribuna, con nombre y apellido y con todas letras, acuso y culpo públicamente a… Mengano.
Bueno, si eso pasa también Fulano de tal algo tiene que ver.
Jenny Scheinman, en la mayor parte de su sobresaliente trayectoria, estuvo asociada al avant-garde; y si bien no abandonó ese espacio, últimamente se ha manifestado proclive al desarrollo de trabajos y colaboraciones de menor exigencia o, al menos, con un mayor nivel de aceptación popular, cosa que si no me equivoco viene a ser lo mismo. Sin hacer un juicio de valor sobre los resultados, llama la atención que este paulatino cambio en el derrotero artístico que experimentó, se produjo casual o causalmente en proporción al incremento de los elogios recibidos.
En el 2008 Jenny Scheinman edito dos nuevos álbumes. El primero de ellos, titulado Jenny Scheinman, marco su debut discográfico como cantante folk. Sería ocioso e improductivo (y a la luz de los resultados obtenidos, de mal gusto) preguntarse hasta dónde su participación como sesionista junto a Norah Jones o Madeleine Peyroux tuvieron que ver con el inicio de una carrera como vocalista, así que nos abocaremos con exclusividad al segundo de sus trabajos: el instrumental Crossing the Field.
Este ambicioso álbum incluye, además de la multiestelar participación de Bill Frisell, Jason Moran, Doug Wieselman, Tim Luntzel, Kenny Wollesen y Ron Miles, a una orquesta de cuerdas conducida en algunos pasajes por Eyvind Kang.
Este interés de Scheinman por la interacción entre un ensamble reducido y una orquesta surgió durante una de las presentaciones que hiciera en New York de su álbum anterior 12 Songs. Ocasión en la que adosó a su septeto una orquesta de cuerdas. Los resultados alcanzados y los elogiosos comentarios recibidos (no necesariamente en ese orden) entusiasmaron a Scheinman a seguir trabajando en ese campo hasta lograr que la idea se materializara definitivamente en Crossing the Field.
El compacto inicia con Born Into This, una complaciente mixtura de folk-jazz y clásica contemporánea. La orquesta y los envolventes acordes de la guitarra de Frisell tejen un soporte armónico no invasivo y con una deliberada ausencia de swing sobre el que Jason Moran despliega un titilante solo de piano. Y no mucho más.
En I Heart Eye Patch hallamos al tándem rítmico que integran Wollesen y Luntzel propulsando una apresurada estructura cuaternaria con acentos típicos de las danzas andadas o marchas que Scheinman utiliza como rampa de lanzamiento para un agitado y vibrante solo de violín. That’s Delight nos remite a la época en que Scheinman tocara en el Hot Club of San Francisco ofreciendo un repertorio con composiciones de Django Reinhardt y Sthephane Grapelli y refieren también al ensamble colectivo The Django Project, que integrara a fines de los noventa junto a Scott Amendola, Todd Sickafoose, Jon Evans y Adam Levy. Ana Eco se aproxima a la tradición del romanticismo con las cuerdas apropiándose del núcleo armónico, mientras el piano de Moran suelta ascéticas frases. Hard Solo Shoe Coming es un delicioso groove a mid-tempo con precisos aportes de Moran y Wieselman que se diluye en los sonidos espaciales de la guitarra de Frisell. Einsamaller Coming es una pieza orquestal con una dinámica de impronta cinemática seguida por una recatada relectura del clásico de Duke Ellington Awful Sad Coming subrayada por una magnífica intervención de Moran. En la volátil atmósfera de Processional Coming se escuchan los ecos de sonidos varados en la música tradicional estadounidense y The Careeners Coming es una réplica poco feliz en términos melódicos y armónicos de la adaptación que hiciese Emerson Lake & Palmer de The Enemy God Dances with the Black Spirits de Sergei Prokofiev. Three Bits and Horse Coming es una típica marcha circense mientras que Song for Sidiki mantiene un frágil vinculo con cadencias de raigambre afro. El cierre del álbum será con una sección orquestal con aires de réquiem en Ripples in the Aquifer Coming y la arcaica y melancólica luminosidad de Old Brooklyn Coming.
Crossing the Field es un álbum correcto y sobrio que se aleja deliberadamente del riesgo que implica el acto creativo para refugiarse en las mansas aguas del elogio.
Huye de los elogios, pero trata de merecerlos (Fenelon)
Sergio Piccirilli
