• Alex Cline: Continuation

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    Nourishing Our Roots, Clearing Our Streams, Fade To Green, Steadfast, SubMerge, On the Bones of the Homegoing Thunder, Open Hands (Receive, Release)

    Músicos:
    Alex Cline: batería, percusión, kantele
    Peggy Lee: cello
    Myra Melford: piano, armonio
    Scott Walton: bajo
    Jeff Gauthier: violín

    Cryptogramophone, 2009

    Calificación: Dame dos

    La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir (Gabriel García Márquez)

    Los hermanos Nels y Alex Cline han estado animando la escena de la música creativa por más de dos décadas. En este tiempo, el guitarrista Nels Cline fue entronizado por la crítica y el público como un autentico ícono de las seis cuerdas, mientras que el baterista y percusionista Alex Cline supo ganarse el reconocimiento y respeto unánime de sus pares por su idoneidad como sesionista, líder de banda e instrumentista. Además de compartir la misma disciplina artística, “los Cline” son hermanos gemelos; pero las coincidencias no terminan ahí…
    Aunque usted no lo crea, también nacieron el mismo día.
    En más de una ocasión, obligados por las circunstancias, hemos tenido que referirnos al Cline guitarrista, pero hoy es el turno del “otro” Cline y su nuevo álbum, Continuation.
    Alex Cline, en su extensa trayectoria, recorrió un amplio rango de géneros musicales pero siempre con epicentro en el jazz. Tras una inicial sociedad musical con Jamil Shabaka en el Duo Infinity, Cline pasó a integrar, a fines de los setenta, el grupo de Vinny Golia y el Julius Hemphill Trio. En aquellos años, junto a su hermano Nels y el multiinstrumentista Brian Horner, formó el trío Spiral. Poco después formaría parte del recordado Quartet Music, combo que también incluía a Jeff Gauthier, Nels Cline y Eric Von Essen. Su labor como sesionista es inabarcable: de Tim Berne a Bill Frisell, de Wadada Leo Smith a Charlie Haden y de Charles Lloyd a Arthur Blythe, entre muchos otros. También formó parte de la Gregg Bendian’s Interzone, Cloud Plate, Rain Trio y, actualmente, es miembro de la Jeff Gauthier Goatette.

    Alex Cline ha servido como compositor y ejecutante en numerosas compañías de danza contemporánea y también colaboró en diversos proyectos multimedios con artistas visuales como Norton Wisdom, Kio Griffith y Carole Kim.
    Como solista y líder de banda, sus inicios se remontan a 1982 con el álbum Not Alone. En 1987 lanzó The Lamp and the Star dando inicio así a su proyecto más extendido: el Alex Cline Ensemble. Grupo con el que editaría más tarde los álbumes Montsalvat, Sparks Fly Upward y The Constant Flame.

    Apenas iniciado el 2009 nos llega Continuation, tal vez el trabajo más ambicioso de su amplia carrera musical. Allí se concentran sus principales intereses musicales (jazz, música clásica contemporánea y música oriental) en comunión con aspectos inherentes a los principios filosóficos que, al menos para él, representan el sentido de la vida.
    El sentido de la sucesión genealógica como un gran círculo ininterrumpido, que se intuye desde el título del álbum, se torna más explicito en las dedicatorias, ya que Cline destina esta obra a la memoria de su madre Thelma recientemente fallecida y también, como extensión del árbol genealógico familiar, a su joven hija Naomi.
    Seguramente usted se ha preguntado alguna vez: “¿Qué hago yo en este mundo?”, “¿Cuál es mi misión?”, “¿Cuánto tiempo permaneceré acá?” o “Por qué pierdo tanto tiempo haciéndome estas preguntas?”
    Para algunos pobres pecadores el sentido de la vida es tener dinero, poder y mujeres; pero como saben aquellos que encontraron la verdad absoluta, para obtener los dos últimos con el primero alcanza y sobra. Otros, en cambio, tratan de darle razón a su existencia buscando obsesivamente la aprobación de los demás. ¡¡Nada más alejado del auténtico sentido de la vida!! Y espero que apruebe lo que acabo de decir ya mismo.

    Resulta interesante observar que, con frecuencia, nos acercamos al autentico sentido de la vida cuando estamos en peligro de muerte o cuando sufrimos un gran estremecimiento emocional o una pérdida irreparable. Aunque no siempre es así. Por ejemplo, a mí se me murió el pajarito y… me refiero al que lleva plumas, ¿eh? El otro cada día canta mejor… está bien… al menos aletea de vez en cuando…
    Bueno, lo concreto es que con ese trágico suceso no sólo no encontré el sentido de la vida sino que descubrí que conservar una jaula vacía en el medio del living y seguir comprando alpiste no tenía ninguna razón de ser.
    Quizás hallemos respuesta en las cosas más simples. Un amigo mío solía decir que, para él, la vida era salir a caminar por una calle solitaria a contemplar la luna; y en eso estaba cuando lo atropelló un camión. Ya no piensa lo mismo. Ni piensa, ni nada.
    En fin… Mejor vayamos a Continuation, el nuevo álbum de Alex Cline.

    En Nourishing Our Roots, el sonido inicial de un gong actúa como un rito iniciático que nos conduce a un pasaje de profunda espiritualidad comandado por el cello de Lee. En ese punto confluyen, desde una perspectiva vanguardista, las ancestrales raíces de la música de oriente y la tradición estadounidense. El contrabajo de Walton fortalece la estructura armónica a la vez que el piano de Melford desgrana delicados acordes que, paulatinamente, mutan en contenidas frases de envolvente melancolía. Este soberbio dibujo melódico desemboca en un exquisito solo de violín a cargo de Gauthier que se desvanece en la exótica sonoridad de un kantele finlandés.
    En Clearing Our Streams una intro en contrabajo, que por sonido y prestancia nos remite al Glenn Moore de Oregon, es la piedra fundacional sobre la que se montan bloques de angulares texturas y un sutil entramado de armonías en las que comulgan con naturalidad los hábitos del jazz y ecos lejanos de la música asiática. Todo esto coronado en los estratégicos aportes percusivos de Cline, la sobriedad de Walton, el preciso contrapuntismo de Lee y Gauthier y un agitado solo de Melford en armonio.
    En Fade To Green, a partir de un patrón pianístico de engañosa simplicidad, se despliega el pasaje más abstruso del álbum. Una atmósfera próxima al minimalismo, acentuada con brillantez por un Cline que elude deliberadamente el solo de batería para reemplazarlo por un enfoque de riguroso carácter orquestal.
    El núcleo de Steadfast se afinca en los orígenes del jazz pero, subrepticiamente, va ramificándose en múltiples líneas superpuestas que unifican conceptos tan distantes como la música clásica, la libre improvisación y la música de lejano oriente. Un pesado groove en 7/4 es interceptado por turbulentas armonías de las que emergen un impecable solo de Gauthier que denuncia su formación académica, la lírica plenitud del piano de Melford y un lacerante alegato del cello de Lee.

    La extensa SubMerge está inspirada en el dúo japonés de danza de vanguardia integrado por Eiko y Koma Otake. El preludio nos muestra a Cline recorriendo en detalle una amplia gama de instrumentos de percusión que se enlaza con un pasaje en armonio de reflexiva luminosidad, del que emergen densas capas melódicas comandadas por las cuerdas. Una dinámica gradual yuxtapuesta con sofisticadas intrusiones percusivas que exudan una sensibilidad próxima a la meditación budista.
    Sabido es que la ética budista se basa en cinco preceptos: no matar, no tomar lo que no es dado, no mantener una conducta sexual incorrecta, no hablar de manera dañina y no tomar o consumir intoxicantes que alteren la mente… ¡Uff! ¡Qué de requisitos! Así no va a calificar nadie. Bueno, salvo que uno tengo un buda conocido que… ¡olvídese!

    El titulo de la suite On the Bones of the Homegoing Thunder está tomado de un poema del monje trapense, pacifista y pensador estadounidense Thomas Merton a quien Cline rinde tributo en esta composición de tono épico. Un viaje por diferentes territorios, climas y culturas en el que confluyen austeridad e intensidad, exotismo y tradición, lirismo y abstracción. La inercia del tema anterior parece invadir los primeros compases, hasta que un inesperado quiebre armónico desemboca en un voluptuoso segmento a pleno swing en el que el piano asume la responsabilidad solista. Esta sección se va diluyendo hasta fundirse en un pasaje camarístico rematado por un refinado solo de violín. Más tarde el cello nos arrastra al territorio de la libre improvisación, la percusión a sonoridades del folclore vietnamita y el contrabajo nos reconcilia con las atávicas raíces del blues. Dramático, sinuoso, notable.
    La contemplativa y sencilla Open Hands (Receive, Release) y su estratégica ubicación como cierre del álbum, asegura en términos auditivos una sensación de paz interior que intuimos muy cercana al ideario que Cline intentó testimoniar con este trabajo.

    Síntesis: Continuation invita a la reflexión, es profundo, sutil y de incontrastable belleza. Pero no del tipo de belleza pasible de una valoración estética subjetiva sino de aquella que, sin polémicas ni debates, puede ser contemplada en silencio.
    Como un atardecer, como un paisaje que sólo consagra su belleza cuando se encuentra con un alma sensible dispuesta a disfrutar en paz.

    Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla (Confucio)

    Sergio Piccirilli

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