• Scarnella: La noche en que el cine mudo logró ser escuchado

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    Center for the Arts – Eagle Rock, Los Angeles (U.S.A.)
    Domingo 17 de Mayo de 2009 – 19:30 hs.

    En las postrimerías de la década del noventa la cantante Carla Bozulich y el guitarrista Nels Cline constituyeron un dúo bajo la denominación Scarnella para un ciclo de conciertos en la costa oeste estadounidense. La propuesta de la banda quedó posteriormente documentada en el álbum Scarnella de 1998. Su testimonio estético está fundado en improvisaciones que orbitan sobre géneros musicales que involucran al noise rock, el country alternativo, el minimalismo, el krautrock, la música ambient, el serialismo, la música aleatoria y el indie-rock, entre otros.
    Scarnella no se ajusta a los principios de un proyecto al que pueda considerarse como estable ni ha editado nuevo material, al menos hasta la fecha. No obstante, el grupo suele presentarse en escena periódicamente conservando los postulados originales de su oferta artística. Cabe señalar que la denominación de la banda es un anagrama construido a partir de los nombres de sus integrantes (Carla – Nels = Scarnella).
    Un anagrama es una palabra o frase que resulta de la trasposición de letras de otro vocablo o frase. Por ejemplo, de la palabra Amor podemos obtener los anagramas: Ramo, Omar, Roma y Mora. Esto demuestra que, excepto alguna coincidencia circunstancial, los anagramas, más allá de que contengan la misma cantidad de letras y apariciones expresadas en un orden diferente, no guardan relación gramatical entre sí. Esas características se repiten en términos que, aun construidos por las mismas letras, expresan significados y conceptos sin correspondencia mutua, tales como monja y su anagrama respectivo jamón, o militar y limitar o camión y camino o animal y lámina o Sarmiento y Mentirosa o Superman y presuman o Roldán y ladrón. Aunque supe conocer a un tal Roldán que… bueno… pese a que terminó en la cárcel afirmaba que lo único que había intentado hacer era obrar siempre de la mejor manera. Claro que obrar es el anagrama de robar. Evidentemente, hay coincidencias circunstanciales.

    El anagrama es un artificio lingüístico practicado desde tiempos inmemoriales y su creación, en el siglo III antes de Cristo, es atribuida a un poeta griego con nombre de medicamento: Licofron de Calcis. Poeta cuya obra debe conservarse en lugar fresco y mantenerse alejada de los niños.
    Todo el mundo sabe para qué sirve un anagrama, salvo que uno sea argentino (argentino: anagrama de ignorante). Debo confesar que le he dedicado mucho tiempo al estudio y desarrollo de los anagramas, simplemente porque tengo tendencia a crear más (crear más: anagrama de rascarme). Aún hoy recuerdo con particular emoción mis primeros rudimentos técnicos en la materia, como aquel lejano día en el que a partir de la palabra inútil obtuve el anagrama: Yo.
    En definitiva, el anagrama es un procedimiento que se emplea con frecuencia en juegos de palabras, construcción de seudónimos, acertijos y que ha sido utilizado en variados contextos artísticos y literarios con diversos fines y motivos.
    En la novela de Vladimir Nabokov, Lolita, aparece un personaje llamado Vivian Darkbloom que es un anagrama del nombre del autor del libro. La poetisa y novelista francesa Marguerite Yourcenar firmó toda su obra con un anagrama de su auténtico apellido, Crayencour. En el manga japonés Hellsing encontramos un vampiro llamado Alucard, que no es otra cosa que un anagrama de Drácula. A partir de las letras del nombre del cantante de Guns n’ Roses, Axel Rose, puede obtenerse la frase “oral sex” (sexo oral). Algunos piensan que esto es pura coincidencia, pero otros aseguran que se trata de un auténtico anagrama. Esto último, aunque suene contradictorio, es lo que afirman las malas lenguas.

    En verdad, no sé cómo una simple explicación sobre lo que es un anagrama pudo terminar en sexo oral… a no entusiasmarse que lo dije en sentido figurado. Por ahora…
    Para disimular un poco digamos que los integrantes de Scarnella hicieron un alto en sus respectivas actividades para reunirse en una breve gira por California.
    Carla Bozulich está en pleno proceso de grabación del nuevo álbum de su banda Evangelista (a editarse en septiembre próximo) y se encuentra en etapa de preparativos para los conciertos que ofrecerá junto a Heaven and Hell (proyecto en el que comparte créditos con el guitarrista Marc Ribot y la cantante Marianne Faithfull). En tanto que Nels Cline viene de presentar su álbum solista Coward, acaba de concluir la grabación del próximo compacto de The Nels Cline Singers (cuyo lanzamiento está previsto para el año próximo) y continúa participando, en gira y en estudio, junto a la banda liderada por Jeff Tweedy, Wilco.
    La presentación de Scarnella en el Center for Arts de la ciudad de Eagle Rock tendría un condimento especial, ya que el dúo se circunscribiría a ofrecer acompañamiento musical en vivo sobre la proyección del film Laugh, clown, Laugh. Un clásico del cine mudo que fuera dirigido por Herbert Brenon y que estuviera protagonizado por el legendario Lon Chaney y la bellísima Loretta Young.

    Por obvias razones, no pude ver la película cuando se estrenó en 1928 (lamentablemente no conseguí entradas). No obstante, aprovechando el hándicap que me otorga haber visto el film con anterioridad al concierto en Eagle Rock, le cuento que Laugh, clown Laugh (Ríe, payaso, Ríe) relata la historia de un payaso italiano llamado Tito (Lon Chaney) que adopta una niña abandonada a la que bautiza Simonetta (Loretta Young). A medida que pasan los años, la niña se convierte en mujer y Tito se enamora de ella. Angustiado por un amor casi incestuoso y rivalizando con un joven pretendiente de Simonetta, el payaso vive su inconfesable amor en silencio refugiando su dolor en la misión de hacer reír al público que acude al circo.
    Para mantener el misterio, no revelaré la resolución de la trama. En su lugar le ofrezco dos sutiles pistas que tal vez le ayuden a deducir cuál es el final de la historia: La primera es que la chica se queda con su joven pretendiente y la segunda es que en la última escena el payaso muere trágicamente.
    En definitiva, si a usted le gustan los finales felices le adelanto que el desenlace de Laugh, clown, Laugh es tan triste… que haría llorar a una cebolla.

    La idea de que Scarnella proveyera acompañamiento musical en vivo a la proyección de una película muda se enlaza conceptualmente con los principios estéticos otorgados a la música en relación al cine, existentes en la época en que se estrenó Laugh, clown, Laugh. Antes de la aparición del cine sonoro, muchas de las mejores salas de proyección contaban con acompañamiento musical proporcionado por una pianola, un piano o una orquesta y su rol principal era revitalizar a los personajes para darles emociones reales. Eran los tiempos en los que unos acordes ominosos bastaban para anunciar la llegada del villano o una fanfarria era suficiente para anunciar que estábamos en presencia del héroe o una melodía angelical alcanzaba para ilustrar una escena con la chica de la película. Sin esos aportes esenciales, el público (que según parece en aquella época era bastante inocente) podía llegar a confundirse y así desear que la chica muera de una vez para que el villano se case con el héroe. Algo que por supuesto no será ni la primera ni la última vez que ocurra en… la realidad.
    Más allá de la evolución y desarrollo del concepto de banda sonora que tuvo posteriormente el séptimo arte, la música siempre ha sido un complemento de la acción dramática, ya que su función estética en el cine no es sólo acompañar las imágenes sino que también subraya, agrega, comenta, profundiza, redondea ideas anteriores y sirve para establecer un vínculo emocional continuo con el espectador.

    Previo a la proyección del film se presentó, como acto soporte, Bobb Bruno. Por alguna razón este artista también ha sido acto de apertura de gente como PJ Harvey, Sleepytime Gorilla Museum, Matmos, Wilco y Fiona Apple. Déjeme averiguar la causa y le aviso. Bruno hace música electrónica accionando un drumpad y actúa disfrazado de conejo. Lo único que se me ocurre agregar en este momento es que tiene pelo espeso, orejas largas, cola muy corta y es fácil de domesticar. Me refiero al conejo.

    Ahora sí da inicio la función principal. En el centro de la escena, la pantalla sobre la que se proyectara Laugh, clown, laugh; y a un lado, Scarnella, con Carla Bozulich en voz, guitarra y teclados y Nels Cline en guitarra, banjo y percusión.
    El manifiesto estético ofrecido esta noche por Scarnella es una invocación a los preceptos embrionarios de la relación entre el cine y la música ya que, desde la perspectiva de la improvisación, permite que imagen y sonidos interactúen permanentemente. El dúo relega aquí los postulados de su autonomía sonora para sumergirnos en un viaje audiovisual que elude recurrir a motivos melódicos explícitos para cada situación o personaje que aparece en pantalla. En su lugar abreva en los principios de la música incidental mediante extractos pequeños seleccionados para el movimiento apropiado y la emoción justa, logrando que un auditorio mayoritariamente convocado por la presencia de Scarnella termine prestándole atención a la película.

    Una proclama estética que, pese a su ascetismo, logra construir una atmósfera embriagante realzada por la siempre imaginativa guitarra de Cline y las espaciosas y mágicas inserciones vocales de Bozulich. Por momentos, recurriendo a estructuras musicales carentes de armonía y ritmo como en el noise-rock; en otros, acudiendo a un grupo de notas que superan el diseño consciente como en el serialismo; y en ocasiones, otorgándole preponderancia a la improvisación a partir de secuencias no estructuradas como en la música aleatoria. Pero siempre recorriendo el camino de las emociones humanas en las que conviven momentos de humor, drama, melancolía y pasión.
    En síntesis: Gracias a Scarnella, ésta fue La noche en que el cine mudo logró ser escuchado.

    Sergio Piccirilli

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