• Tori Amos: Abnormally Attracted to Sin

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    Músicos:
    Tori Amos: voz, piano, teclados
    Matt Chamberlain: batería, percusión, loops
    Jon Evans: bajo
    Mac Aladdin: guitarras
    John Phillip Shenale: órgano B3, sintetizadores
    Orquesta de cuerdas dirigida por John Phillip Shenale

    Universal, 2009

    Calificación: Está (apenas) bien

    Con la cantante, compositora, arregladora, tecladista y productora estadounidense Mary Ellen Amos, me une un vínculo que (me) resulta bastante difícil de explicar. También de comprender.
    Hace ya diecisiete años que debutó "oficialmente" como solista con el magnífico Little Earthquakes. Lo de "oficialmente" viene a cuento de una experiencia anterior (1988) con su banda Y Kant Tori Read que desembocó en un álbum del que no hay registro en CD y del que la propia Amos se ha avergonzado al punto de declarar que lo único que recuerda de esa época… "son las botas".
    Luego de esa fallida experiencia, la depresión, el ostracismo.
    Pero también la necesidad de una revancha.

    Los cuatro años transcurridos entre Y Kant Tori Read y Little Earthquakes (editado por el sello Warner luego de una insistencia infinita a cargo de la artista) parecieron dar crédito a aquello de "no hay mal que por bien no venga". Porque Amos se puso a componer y a cantar acompañada generalmente sólo por su piano. Así fue que junto con la edición de su primer disco solista "oficial", fueron viendo la luz infinidad de singles con material no incluido en el CD. La mayoría de esas composiciones, verdaderas gemas que para este escriba representaron la versión más potente e indiscutible de una verdadera artista. Varias de ellas han sido interpretadas en sus conciertos, otras aparecieron en algunos de sus registros en vivo, otras tuvieron la chance de existencia "real" con la aparición del box set A Piano: The Collection. Ya lo hemos comentado más de una vez, pero de aquella primera época podemos mencionar una cantidad de temas que daría para bastante más que un disco: Flying Dutchman, Humpty Dumpty, Take to the Sky, Sweet Dreams, Mary, Upside Down, Thoughts, Sugar, Here in my Head, Song for Eric… y ya coqueteando con la edición del también notable Under the Pink (1994), la lista seguiría: Sister Janet, All the Girls Hate Her, Over It, Daisy Dead Petals, Honey, Black Swan
    También fueron apareciendo los covers, impecables relecturas de temas como Smeels Like Teen Spirit, Angie, Thank You, Somewhere Over the Rainbow, Little Drummer Boy, Strange Fruit, If 6 was 9, A Case of You, Wrapped Around your Finger, Losing my Religion… y el ulular de infinidad de bootlegs donde el universo musical se extendía hasta límites insospechados.

    La capacidad compositiva e interpretativa parecía no tener límites. Su talento y dedicación, tampoco.
    Y debo reconocer que ya estaba técnicamente entregado.
    Y que no me gustaba nada.
    En 1996 Tori Amos sacaría Boys for Pele. En la reseña que en su momento realizara para una revista argentina, al disco lo traté bastante mal. Y a fuer de ser sinceros, no puedo escudarme en un "pecado de juventud". Fui a buscarle la quinta pata al gato, el pelo al huevo, la mano al manco, el rulo al pelado, el ojo al tuerto, la redondez al cubo. Cuando al poco tiempo comencé a disfrutar del que hoy considero su obra magna e insuperable, me convencí de que la relación con la colorada sería (muy) duradera. Boys for Pele contiene, en sus 18 tracks, varios de los temas que necesitaría llevar a una isla. Desierta o con gente: Putting the Damage On, Mr. Zebra, Talula, In the Springtime of his Voodoo, Muhammad My Friend, Doughnut Song y Little Amsterdam. Las siete nuevas maravillas, si se me permite. Y si no, también.

    Luego, el cambio abrupto con una Amos enojada y dolida ante la pérdida de su primer embarazo (reflejado esto en la desgarradora Playboy Mommy) en From the Choirgirl Hotel, pero a la vez más potente, directa y hasta bailable. Le sucedió el doble To Venus and Back (un disco en estudio y el otro en vivo) en una temática bastante similar; y luego, el esperado álbum de covers Strange Little Girls, que cumplió parcialmente con las expectativas pero que incluyó algunas relecturas extraordinarias como la de Happiness is a Warm Gun (The Beatles) con sus demoledores diez minutos de duración.
    Y en este punto Tori Amos cambia de sello discográfico. Luego de su traspaso a Sony se sucedieron tres álbumes: Scarlet's Walk (2002), The Beekeeper (2005) y American Doll Posse (2007). Si bien la temática abordada en los tres discos fue distinta, musicalmente Amos pareció (¿pareció?) comenzar a repetirse. Y mucho más allá de cuánto pudieran (o no) disfrutarse sus entregas en CD, la palabra "sorpresa" comenzó a rumbear hacia otros lares. De todas maneras, cada disco contiene tres o cuatro perlas que de por sí justifican la edición. Parece hacerse necesario un cambio de rumbo, algo que la pusiera a prueba una vez más, un desafío que fuera más allá de los millones de discos vendidos y de los teatros sold out con meses de anticipación.
    Y Tori Amos cambió de sello nuevamente mudándose a Universal.
    Y sacó un nuevo disco titulado Abnormally Attracted to Sin.

    La principal diferencia con respecto a la trilogía anterior es que su "jazz trio" (así lo menciona), que incluye a Matt Chamberlain en batería y a Jon Evans en bajo, se transformó (al menos para la grabación del CD) en un "jazz quartet", sumando al guitarrista Mac Aladdin, o si ustedes lo prefieren, Mark Hawley, ingeniero de sonido, guitarrista… y esposo de Amos. La cantante, además, incorporó los sintetizadores.
    Pero… ¿hubo cambios realmente significativos? Y si los hubo… ¿hacia dónde apuntaron?

    Este nuevo trabajo de la estadounidense contiene 17 temas originales, todos compuestos por la cantante y dura unos 76 minutos. Es evidente entonces que había una necesidad de comunicar. Pero… ¿de comunicar qué? ¿De qué manera?
    Da la sensación que, de un buen tiempo a esta parte, Tori Amos ha estado muy pre-ocupada en las formas. Lo que no está mal… siempre y cuando no se resienta el contenido. Para esta ocasión, Amos ha seguramente ensayado y mucho el material, debe haber re-escrito muchas veces varias de las partes correspondientes a sus músicos, debe haber buscado durante días "la" palabra exacta para expresar lo que deseaba, ha tenido una idea y la ha llevado a cabo: la relación de la mujer con el poder y el pecado. No tengo, en lo personal, la menor duda de ello. Pero… ¿cuánto afectará a su arte que ella sea su propia productora artística? Con un público cautivo y en muchos casos complaciente, ¿para qué o para quién ha realizado este Abnormally Attracted to Sin?

    El incio, con Give, deja en claro varias cosas: Tori Amos sigue cantando muy pero muy bien y ha sabido acomodar su registro vocal al paso de los años (está por cumplir 46). Los sintetizadores podrían tranquilamente no estar… y sería mucho mejor. Y el tal Aladdin / Hawley mete unas pocas notas que tampoco agregan demasiado. Buen inicio. Welcome to England es el primer corte de difusión del disco. Un tema "lindo" como tantos otros que ha compuesto la cantante pero con mejor suerte. Nos animamos a decir que no será un clásico de su repertorio y que las radios no se pelearán por los derechos de difusión.
    Strong Black Vine trae un par de cuestiones a tener en cuenta: Amos se dedica exclusivamente a cantar y los teclados están a cargo de John Phillip Shenale quien, además, realizó el arreglo. La voz bien al frente y una potente base vuelven a hacer que renazca la esperanza. Pero Flavor, a pesar de su crítica a la religión, es un tema que no hace justicia con los buenos tiempos de la cantante. El exceso de instrumentación hace pensar en cuánto mejor sonaría esto con ella sola al piano y sin tanto adorno sonoro en la post-producción.
    Not Dying Today comienza de manera promisoria y me dan ganas de escuchar ya una versión en vivo, aunque a medida que avanza va perdiendo consistencia a pesar del muy buen trabajo de Chamberlain. Maybe California no tiene sintetizadores pero sí una orquesta de cuerdas conducida por Shenale. Otro tema que parece un cover de sí misma y donde Amos canta con una afectación innecesaria. Para Curtain Call relea todo lo anterior pero sin la orquesta de cuerdas. Fire to your Plain sigue en la misma tónica, con un poco más de swing pero con esos teclados que, a esta altura, alguien podría haber desconectado.
    Pero mejor que esperen al menos un tema más porque Police Me tiene algo… es un tema de los buenos, con un Aladdin / Hawley que aquí sí justifica su presencia y un sonido que, por momentos, remite a From the Choirgirl Hotel.

    That Guy viene con teclados a cargo de Shenale, que aquí cobra doble conduciendo a la orquesta. Empieza feíto… luego repunta… pero… ¿por qué temas de 4 minutos me parecen tan largos?
    No quiero aburrirlos ni pecar una vez más de reiterativo, así que diré que de aquí en más rescataré Mary Jane, donde Amos se acompaña solita con el piano en una suerte de vals que, además, permite que recordemos, justamente, que toca el piano y que lo hace verdaderamente bien, Fast Horse, con Aladdin / Hawley en atinada mandolina y con Amos cantando en un registro cercano al ideal y Ophelia, que se entorpece innecesariamente con un acompañamiento grupal que podría haberse obviado. Lo demás, navega en la intrascendencia de "lindas" melodías, con poco riesgo y compromiso, incluyendo el cierre, Lady in Blue, que si bien ofrece un segundo segmento potente y atractivo nos da pie para preguntarnos si "la cosa" no tendría que haber pasado por esos últimos tres minutos del álbum.

    Tori Amos ha intentado, desde sus inicios y en más de un sentido, llamar la atención.
    Pero Abnormally Attracted to Sin no ofrece aristas punzantes ni posee los valores artísticos y estéticos que han sabido estar de su lado. Sigue cantando muy bien, es una gran pianista y sus letras (crípticas) se escapan de la mediocridad imperante en el pop.
    Pero probablemente Tori Amos se sienta, por estos días (meses, años), atraída hacia necesidades expresivas excesivamente premeditadas o personales.
    Parece haber llegado la hora de un cambio drástico de verdad, sin adornos fútiles y yendo al hueso de la cuestión. Ella tiene con qué y lo ha demostrado con creces.
    De lo contrario, la reiteración y la previsibilidad serán moneda corriente en su obra.
    Y eso sí que sería un pecado.

    Marcelo Morales

    Nota Relacionada: El Ojo Tuerto – Tori Amos: La primera piedra

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