• Luis Alberto Spinetta: A su lado, aún somos chiquitos

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    Estadio Club Vélez Sarsfield – Buenos Aires
    Viernes 04 de diciembre de 2009 – 21:00 hs.

    Copia textual desde el sitio de internet http://www.tragediadesantafe.com.ar/ :
    «El 8 de octubre de 2006 un grupo de estudiantes de Capital Federal volvía desde Chaco, de un viaje con fines solidarios, con la alegría de haber compartido su tiempo, ilusiones y amor con chicos que viven una realidad diferente. Pero 9 de ellos y su profesora perdieron la vida en un choque entre el micro en el que viajaban, conducido por alguien sin experiencia ni habilitado para hacerlo y un camión, cuyo conductor estaba alcoholizado, en una ruta no dimensionada para el tránsito que posee, suma de factores que dejó en evidencia la inexistencia de los organismos de control y la ausencia del Estado. 
    Desde ese día, los padres, familiares y amigos de las víctimas luchan para ayudar a cambiar esta terrible realidad nacional, y redactaron un petitorio para reclamar a los gobernantes que la Seguridad Vial sea Política de Estado, para que nadie más muera en nuestro país por hechos de tránsito evitables».

    Por su parte, el diario Perfil, en su edición del 11 de octubre de 2009 publicó:
    «Oscar Atamañuk, el único procesado por el choque que les costó la vida a nueve alumnos porteños que viajaban a Chaco en misión solidaria, maneja un remise, corre en karting y hasta suma “seguidores” en Facebook. Vive en Monte Caseros y tiene también un negocio de repuestos de motos. Perfil se comunicó varias veces con la agencia y corroboró el hecho. Atamañuk dijo a este medio que no manejaba desde el accidente, pero luego se desdijo.»

    La fiscalía había solicitado para Oscar Atamañuk siete años de inhabilitación para conducir, pero Jorge Galbusra, juez de Reconquista (provincia de Santa Fe), ha resuelto que el conductor está libre de culpa y cargo.

    Una de las personas que salvó su vida en el mencionado ¿accidente? fue Vera, hija de un tal Luis Alberto Spinetta. Los familiares de las víctimas crearon Conduciendo a Conciencia, entidad que el músico apoya de manera irrestricta y con absoluta convicción, convirtiéndose en uno de sus principales referentes y portavoces. De ahí que su comentario al final del concierto, con todos los músicos luciendo una remera con la inscripción «Todos fuimos, todos somos, todos podemos ser…«, obtenga una relevancia que elude al simple vedettismo artístico para encolumnarse detrás de una actitud decididamente solidaria, combativa, lúcida, concientizadora, necesaria. Ah… lo que dijo fue en referencia a la portada de la Rolling Stone Argentina: «una revista que nos solía gustar, en donde en su tapa, junto con mi socio Charly García, que aceptó que usara la remera de Conduciendo a Conciencia por tratarse de una iniciativa noble, hay un primer plano de los rostros de ambos que oculta y oscurece la remera, que no creo que haya sido hecho con maldad pero sí con ignorancia. Para esa revista, fuck up. Quiero ver los deditos de todos levantados».

    Esto ocurrió a las 3:20 hs. de la mañana del sábado 5 de diciembre, trescientos veinte minutos y 51 temas después del inicio del concierto con las (sus) «Bandas Eternas» en el estadio del club Vélez Sarsfield en la localidad de Liniers, provincia de Buenos Aires. A esa altura, Spinetta ya había celebrado sus 40 años con la música, sus casi 60 de edad, el reencuentro con varios de los músicos que han integrado alguna o algunas de sus agrupaciones, las colaboraciones de varios colegas que le rinden pleitesía y en teoría y para algunos «no había necesidad» de recurrir a esas palabras. Pero ya se lo dijo el escorpión a la rana: «es mi naturaleza». Y la de Spinetta es grande, muy grande, tanta que al salir del estadio comprendí que ese momento sí era necesario. Para él. Para nosotros. Para todos. Y por él. Por nosotros. Por todos.

    A esta altura ya mucho se ha escrito del concierto. Uno pretende ser original, pero la historia propia lo invade de manera inusual. Y no quiero detenerme en demasía en cuestiones que no me han caído del todo bien, que en realidad no he comprendido. Sabemos todos que el tiempo pasa (y es veloz) y que las convicciones van mutando (ya lo dijo Groucho Marx: «éstas son mis convicciones, pero si no le gustan… tengo otras»), incluso en el rock argentino. Ha disminuido la calidad artística y nuestra exigencia como oyentes y los parámetros han sido modificados de manera harto dudosa. No entendí el valor de las entradas ni la existencia de las plateas VIP. Sin ánimo de pecar de obtuso, no parecieron decisiones compatibles con el público spinetteano, el genuino. Conozco a varios de ellos que por cuestiones económicas no han podido asistir y a muchos que, estando en el campo, tuvieron entre ellos y el escenario a un verdadero témpano con forma de butacas ocupadas.

    Una hora después de lo acordado, Luis Alberto Spinetta sube al escenario, visiblemente nervioso, emocionado y agradecido. Lee un listado de músicos que hubiese querido que estuvieran pero que por distintas razones no; y otro de artistas a los que hubiese querido versionar / homenajear, pero tampoco. Faltaron a la cita Pedro Aznar, Lito Vitale, Sartén Asaresi, Graciela Cosceri, Frank Ojstersek, Rodolfo Mederos, Guillermo Arrom, Litto Nebbia, etc. Y no fueron versionados Moris, Andrés Calamaro, Indio Solari, Hugo Fattoruso. Y presentó a su banda estable: Sergio Verdinelli en batería, Nerina Nicotra en bajo, Guillermo Vadalá en guitarra y Claudio Cardone en teclados.

    Para aquellos que no conocen a Spinetta, es menester comentar que su primera banda, Almendra, se conformó en 1967 y, antes de disolverse en 1970, editó dos álbumes. Con la creación de Pescado Rabioso produjo un brusco viraje estilístico que quedó reflejado tanto en Desatormentándonos como en Pescado 2. Artaud, de 1973, bien puede ser considerado como un disco solista. Otra disolución y la conformación del trío Invisible, separado en 1976 después de tres magníficos LP’s. Luego fue el turno de Banda Spinetta, de un disco grabado en los Estados Unidos, Only Love Can Sustain, la reunión de Almendra que incluyó nuevo disco en estudio y otro reflejando los conciertos del retorno y la conformación de Spinetta Jade en un período donde el cantante pareció atravesado por el jazz profundizando la veta iniciada con Banda Spinetta. Jade editó cuatro discos; paralelamente, Spinetta entregaría dos trabajos solistas: el inmaculado Kamikaze y Mondo di cromo. Luego, el proyecto no concretado con Charly García, La, la, la a dúo con Fito Páez, varios álbumes solistas hasta que, a mediados de los ’90, conformó el power trío Los Socios del Desierto. La banda duró hasta la finalización de la década y resultó ser el último proyecto grupal de Spinetta hasta la fecha.
    Sepa usted, lector ajeno al universo spinéttico, que la importancia del artista no se basa en este caso en una frondosa discografía o en haber sobrevivido a los embates de la industria (y aledaños) durante más de cuatro décadas. Luis Alberto Spinetta ha tenido una conducta artísticamente intachable, aunque también han aflorado en varias oportunidades sus reacciones bien tanas, intempestivas, filosas. Poseedor de una sensibilidad inusual y un talento difícil de equiparar, Spinetta ha sido quien nos ha ido poniendo la vara (siempre) un poquito más alta, quien nos ha puesto a prueba, quien nos ha educado. Notable cantante y compositor. Exigente con el oyente como todo buen poeta. Y luminoso…

    Me vienen a la memoria varios hechos protagonizados por el querido Flaco. Uno en particular lo pinta de cuerpo entero. Durante la realización del Festival Prima Rock (septiembre de 1981, dictadura militar en la Argentina), Spinetta Jade debía cerrar la primera de las dos noches pautadas. Lo que empezó como un divertimento entre los asistentes terminó con María Rosa Yorio sangrando en la frente a causa de un piedrazo intolerante. Cuando habían pasado varias horas del evento, llegó el turno de Punch, el proyecto new wave de Miguel Cantilo que gozaba de un fuerte rechazo en la sociedad rockera argenta. El show duró aproximadamente una hora donde un Cantilo desafiante se transformó en el mejor esquivador de proyectiles arriba de un escenario. La situación iba descontrolándose cada vez más hasta que en un costado del escenario se pudo divisar a un Spinetta con los brazos cruzados y observando tensa y atentamente lo que estaba ocurriendo. Como por arte de magia (ruido de magia) apareció  la calma. La gente se dio vuelta como una media dada vuelta y terminó coreando La jungla tropical y Gente del futuro y hasta pidiendo un bis. Pero hubo algo más. Un locutor informó que «el músico Spinetta no saldría a brindar su concierto hasta que los asistentes no estuvieran todos sentados». Todos hicimos caso sin protestar. Y nadie se animó a levantarse de su sitio (ni siquiera un amigo de entonces, el Chino Montes, con calambres en sus piernas). Y no fue temor. Fue respeto. Y la certeza de que algo habíamos hecho mal. Y un tal Luis Alberto que supo qué hacer y cuándo. O sea…

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