The Godforgottens: Never Forgotten, Always Remembered

Always Forgotten, Never Remembered, Remembered Forgotten

Músicos:
Magnus Broo: trompeta
Sten Sandell: piano, órgano Hammond B3
John Berthling: contrabajo
Paal Nilssen-Love: batería

Clean Feed, 2009

Calificación: A la Marosca

La función del arte en la sociedad es edificar y reconstruirnos cuando estamos en peligro de derrumbe (Sigmund Freud)

En el mundo contemporáneo la capacidad de recibir informaciones sobre el arte de diferentes culturas se ha multiplicado dramáticamente. Sin embargo esa información no se traduce en conocimiento con la misma intensidad, llegando incluso a transformarse en un objeto que muchos miran pero no ven, que muchos leen pero no comprenden y que muchos oyen pero no escuchan. La uniforme internacionalización de la estética y su consecuente falta de asombro o rechazo, nos ubica en los umbrales de un camino que se bifurca entre la posible pérdida de identidad y un hipotético mejoramiento de la compresión entre diferentes culturas.
En búsqueda de claridad ante ese dilema del arte se puede optar por evitar las hibridaciones, los mestizajes estéticos y el intercambio cultural o, en cambio, preferir su intensificación. Lo que no podemos hacer es huir a la dinámica de esa realidad multiforme en la que estamos inmersos.
Es lógico suponer que el arte tiene una tendencia natural a evolucionar y eso, en el contexto actual, implica preferir el camino que conduce a la intensificación del intercambio de culturas en lugar del que acarrea a su recíproca anulación.
Este fenómeno no sólo obedece a que la información en muchos casos se produce de manera superficial o a la falta de compromiso y aparente banalidad de los receptores de la información, sino también a raíz de las dificultades propias de esa multiplicidad. La diversificación obliga a que un simple enunciado, informe, mensaje o referencia lleve implícito conocimientos previos, involucre una descripción de contexto e impulse el dominio de un lenguaje común que facilite su comprensión.
Esa descripción de la realidad se asemeja al maravilloso relato de Jorge Luis Borges La busca de Averroes. En ese cuento, recopilado en su libro El Aleph de 1949, Borges nos presenta a un filósofo andalusí de la Córdova medieval que debe comentar los textos de la Poética de Aristóteles pero fracasa al intentar, en vano, traducir los términos de “tragedia” y “comedia”. Términos que resultaban incomprensibles en el Islam debido a que el teatro era una costumbre ajena a la cultura árabe de aquellos tiempos.
Le aclaro que estas reflexiones no son producto de una noche de alcohol sino de varias… de varias cosas, quiero decir. Bueno, un poco de alcohol también.

Una de esas cosas tiene relación con Never Forgotten, Always Remembered, el álbum debut del cuarteto escandinavo The Godforgottens.
A la hora de abordar una cabal descripción de esta obra, si obviamos sus antecedentes, orígenes e intenciones, podemos llegar a enfrentarnos a las mismas dificultades que encontró Averroes en el cuento de Borges. Es cierto que no estamos en la Córdova medieval, ni pretendemos comprender la Poética de Aristóteles, ni somos musulmanes (al menos yo no lo soy) pero, en compensación, tampoco poseemos la lucidez literaria de Borges (ni ninguna otra). De cualquier manera lo intentaremos o, si usted prefiere, lo intentaremos de… cualquier manera.
Never Forgotten, Always Remembered es una obra visionaria, singular y de visceral complejidad. En su testimonio estético no existen vestigios de preciosismo, de grandilocuencia ni de beatería innecesaria. Por el contrario, en sus pliegues armónicos se escuchan ecos de un sonido rocoso, robusto y espeso pero a la vez de extraordinaria claridad. En sus contornos se forman imágenes divergentes que oscilan entre amplias dinámicas perfectamente controladas y caóticos pasajes de atormentado frenesí auditivo. The Godforgottens, sin hacer concesiones a la espectacularidad, se vale de esos elementos para exponer un punto de vista subjetivo pero que, en lugar de evidenciar cierta frialdad intelectual, ofrece una óptica dramática, febril y angustiosa.
Dejo constancia que en mi desbordada adjetivación subyace un intento por evitar utilizar definiciones de orden musical ajenas al sentir de la obra pero que también expresan un intento por alejarme de la obsesión del Averroes de Borges, quien obligado a usar la versión árabe de la Poética, tradujo (en ausencia de otras palabras) los conceptos de “tragedia” y “comedia” como “elegía” y “sátira”.

Los miembros The Godforgottens son músicos experimentados que, en sus respectivas carreras, se han caracterizado por expresar sus habilidades eludiendo los caminos más fáciles y sencillos. En los lenguajes musicales que han transitado hallamos influencias comunes provenientes del rock experimental, la música clásica contemporánea, el hard bop, el free jazz y la música improvisada creativa.
Sin embargo ninguno de esos estilos, aun cuando están presentes, definen por sí solos lo que procede de Never Forgotten, Always Remembered.
El ángulo de análisis más subjetivo que podemos hallar reside en el nombre de la banda ya que The Godforgottens (Los olvidados de Dios), además de invitar a múltiples lecturas, encierra en sí mismo una profunda reflexión filosófica sobre la existencia de Dios, el lugar que ocupa en la sociedad contemporánea y su relación con el arte. La definición más usual de dios lo describe como un ser supremo al que se le atribuyen facultades de omnipotencia (porque todo lo puede), omnisciencia (porque todo lo sabe), omnipresencia (porque todo lo abarca) y omnibenevolencia (porque es absolutamente bueno). El sopesar estos conceptos con la existencia de “olvidados de dios” no sólo nos enfrenta al dilema filosófico de la existencia de dios sino también a la aparente falta de concordancia entre esos cuatro atributos y la realidad.

Debo confesar que siempre me apasionó el análisis metafísico, incluso llegué a estudiar filosofía durante algún tiempo. Más precisamente hasta que fui expulsado cuando en la clase de metafísica me descubrieron tocándole el alma a una curvilínea compañera. A pesar de mi frustrada experiencia académica nunca me alejé demasiado de la filosofía. De hecho, me mudé a un modesto departamento enfrente de la universidad; así que desde mi ventana podía ver todo lo que allí ocurría. Además ahí tuve libertad para tocarle el alma a la curvilínea compañera (varias veces) y también a otras compañeras de diferentes formas geométricas. Fue una experiencia reveladora.
Hablando de revelaciones digamos que Never Forgotten, Always Remembered, en origen, fue concebido como un álbum del Sten Sandell Trio con Magnus Broo en trompeta como músico invitado. Este destacado trío de avant-jazz fundado en 2001 ya había experimentado la incorporación de invitados en 2007 con el álbum Strokes (allí, junto al saxofonista John Butcher). No obstante, en esta ocasión cuando el trío-devenido en cuarteto- ingresó al estudio de grabación, se encontró frente a una criatura musical completamente diferente. Ese hecho se traduciría, finalmente, en la constitución de un nuevo proyecto colectivo bajo la denominación The Godforgottens.

La plástica de las tres piezas contenidas en el álbum se complementa como si se tratara de diferentes movimientos de una misma suite.
El preludio de Always Forgotten construye una atmósfera perturbadora en cuyo núcleo hallamos al órgano Hammond de Sten Sandell girando en derredor de un obsesivo centro tonal sobre el que orbitan el hipnótico ostinato del contrabajo de John Berthling, un caótico fondo percusivo pleno de matices a cargo de Paal Nilssen-Love y la innegable riqueza idiomática de la trompeta de Magnus Broo oficiando como voz principal. Luego el contexto sonoro muta en un dramático crescendo integral que abarca los componentes armónicos, métricos, contrapuntísticos, temáticos y motívicos en donde el piano reemplaza al órgano mientras la trompeta adquiere la impronta de un lamento. Por último, desembocan en un desenfreno rítmico sin diseño aparente que se diluye pausadamente en una coda de bucólico sosiego.
El inicio de Never Remembered es gobernado por una percusión de carácter tribal, el canturreo gutural que emerge de la voz de Sandell y un vulnerable fraseo de la trompeta. El órgano dispara extrañas figuras armónicas sobre el breve staccato de la trompeta y la descarnada intervención del contrabajo, provocando una sensación de aceleración cromática cuyo ascenso concluye en un descomunal solo de batería.
Remembered Forgotten es un carrusel de emociones que van de un dueto demoledor entre Broo y Nilssen-Love a un ejemplar ejercicio de interacción colectiva en donde asoman las perturbadoras volutas de órgano y la línea melódica esbozada por la trompeta en el tema inicial y la voz gutural y el ostinato en bajo del segundo tema.

Never Forgotten, Always Remembered es un álbum fantástico e inclasificable, lleno de entusiasmo, virtuosismo, soberbias improvisaciones e intensidad interpretativa.
Pero también es un grito de rebeldía, un aullido vanguardista, un gesto subversivo que proviene de artistas que ya no quieren seguir siendo “los olvidados de Dios”.

Es hora de aullar, porque si nos dejamos llevar por los poderes que nos gobiernan y no hacemos nada por contrarrestarlos, se puede decir que nos merecemos lo que tenemos (José Saramago)

Sergio Piccirilli

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