Fred Frith Cosa Brava: Ragged Atlas

Snake Eating its Tail, Round Dance, Pour Albert, R.D. Burman, Falling Up (for Amanda), Out on the Town with Rusty 1967, Lucky Thirteen, Blimey Einstein, The New World, Tall Story, For Tom Ze, A Song About Love, Market Day

Músicos:
Fred Frith: guitarra, bajo, voz
Carla Kihlstedt: violín, nickelharpa, armónica bajo, voz
Zeena Parkins: acordeón, teclados, voz
Matthias Bossi: batería, percusión, shruti box, voz
The Norman Conquest: manipulación de sonido
Anantha Krishnan: mridangam, tabla en R.D. Burman

Intakt Records, 2010

Calificación: Buena gente

El que aspira a lo grande ha de saber limitar sus deseos, quien al contrario todo lo quiere no ambiciona en realidad nada y nada consigue (Georg W. Friedrich Hegel)

El afamado compositor, multi-instrumentista e improvisador británico Fred Frith a lo largo de su extensa trayectoria ha ocupado un amplio rango de intereses estéticos que involucran al rock experimental, el avant-jazz y la música clásica contemporánea. Frith fue co-fundador, a fines de los sesenta, de Henry Crow (banda pionera de la corriente conocida como “rock in opposition”); en los setenta formó parte del grupo de avant-rock Art Bears y en la década siguiente integró la banda de jazz-rock experimental Skeleton Crew y fue partícipe de uno de los principales estandartes de la, por aquel entonces, incipiente escena vanguardista del downtown neoyorquino: Naked City. Desde aquellos tiempos a la fecha, Fred Frith mantuvo una consistente e inclasificable actividad discográfica que incluye obras para cuarteto de cuerdas y guitarra eléctrica como en Allegory y Fell, piezas orquestales sobre textos de Pablo Neruda como Pacifica, composiciones para piano como Seven Circles, partituras gráficas para cualquier número de ejecutantes como en Stone, Brick, Glass, Wood, Wire; un ensamble para “cien músicos, grandes edificios y audiencia móvil” (sic) como en Impur, piezas para cantante de flamenco, cello, saxofón y samples como en Landing for Choir u obras para orquesta barroca como en Episodes, entre otras ambiciosas (y aparentemente excéntricas) actividades creativas.

En Cosa Brava, el nuevo proyecto de Fred Frith, subyace el interés de regresar a un territorio que no ha frecuentado en las últimas décadas como es el de la dinámica grupal asociada al rock. Por supuesto, este retorno a las fuentes de su carrera musical no podía ser menos ambicioso que en lo indicado por su foja de servicios. Así fue que Frith convocó a un estelar equipo de músicos (Carla Kihlstedt, Zeena Parkins, Matthias Bossi, etc.) y configuró una alineación tímbrica inhabitual (violín, guitarra eléctrica, percusión, acordeón, teclados y manipulación de sonidos) para delinear una propuesta que, a través del prisma del rock, observa géneros tan disímiles entre sí como el folk europeo, la tradición celta, el funk, el prog-rock, el latin-jazz, la música de la India, la balada country y la música de cámara moderna. Demasiado ambicioso, ¿no?

La palabra ambición, en su significado más aceptado, expresa el deseo de conseguir poder, riqueza, dignidades o fama; aun así podemos colegir que el concepto tiene connotaciones ambiguas, ya que esa sana inquietud por aspirar a un mejor nivel de vida o ese razonable impulso por cambiar el propio destino puede desembocar fácilmente en el exceso desenfrenado y en el empobrecimiento de los sentimientos humanos más nobles. No obstante, la ambición permite encontrar oportunidades en donde otros sólo ven obstáculos y nos otorga el entusiasmo para explorar lo desconocido y el coraje para pensar en grande.
En ocasiones, nuestra ambición se consagra y nos lleva a concretar grandes proyectos. A veces, no. Un claro ejemplo (de uno de estos dos casos) es mi ambiciosa intención por llevar al cine un guión en el que estuve trabajando durante los últimos años. Me permito comentárselo no sólo porque puede resultar un caso testigo sino también porque estoy buscando un productor. Mi película se funda en los principios del Dogma 95 de Lars Von Trier, o sea que se rodará en exteriores con cámara en mano y sin decorados ni luz artificial. Eso sí… con muchos efectos especiales, autos que vuelan por los aires y en 3D. El filme romperá con todos los convencionalismos del género pero no le puedo decir de qué genero se trata porque aún no lo sé. La primera escena muestra a Jackie Chan recitando el monólogo de Hamlet (eso me garantiza al público intelectual y gente que sólo busca pasar el rato mientras intenta digerir un balde de pop-corn). De todas maneras, no importa si esa escena resulta incomprensible ya que no guarda ninguna relación con el resto de la película.

Más adelante, es decir justo después de la invasión alienígena y antes de que se hunda el barco (porque en mi película hay un barco inhundible que se hunde) llega la escena cumbre que cambiará el rumbo de la trama… No puedo brindar mayores detalles para que no se pierda el misterio y además porque aún no la escribí. También hay una parte (no importa cuál, una) que al menos por ahora, omitiré mencionar. Aunque le puedo asegurar que será clave para la comprensión de la historia. Además pensé en incorporar algún fragmento inspirado en Stalker de Tarkovsky pero que en lugar de describir el viaje de tres hombres a un lugar post-apocalíptico se ubica en el lejano oeste y nos habla de un vaquero bueno de bigotes, un vaquero malo con bigotes pero más espesos para que puedan diferenciarse entre sí y un anciano sheriff que (como suele ocurrir) es asesinado por el vaquero malo un día antes de jubilarse. Luego el vaquero bueno mata al que no lo es (o sea al otro) y se va solo… Y se va solo porque me olvidé de incluir a una chica en el guión. Por supuesto, se va en un auto veloz junto a su perro. En estos momentos estoy pergeñando cómo hacer para que el perro de mi película hable (los animales que hablan siempre traen mucho público). Lo que sí tengo decidido es incluir una escena de sexo (que siempre suma) pero para no perder a la audiencia infantil haré que la protagonicen dos ositos de peluche. Ahora mismo estoy trabajando en la manera de agregar (sin que parezca muy forzado) algo sobre la guerra en Irak, una rebelión de robots (que resulta derrotada merced a la valiente acción de un Presidente de color) y algo sobre Wall Street en donde un inescrupuloso Michael Douglas termina en la cárcel merced a la valiente acción de un Presidente de color (puede ser otro, siempre que sea del mismo color). En todo caso eso no impedirá que en la escena final Charlotte y Romualdo Esculapio se besen apasionadamente. Un cierre que, por cierto, admite diferentes lecturas ya que la pareja no aparece ni es mencionada en ningún momento anterior a ése. Además mi ambicioso proyecto fílmico, más allá de algunos detalles que aún debo pulir para asegurar la ilación de la trama, deberá contar con una banda sonora que pueda ilustrar todas las épocas, humores, momentos e intensidades dramáticas que abarca la historia. Tendría que ser algo parecido a… similar a…

Ragged Atlas, el nuevo álbum de Cosa Brava, abre con Snake Eating its Tail. Un abrumador unísono fija un ángulo sonoro sobre el que se traza una bisectriz entre el jazz, el rock y la psicodelia a la manera de la otrora vigente escena de Canterbury. Me gustaría decir mucho más sobre esta pieza pero la verdad es que no ocurre ninguna otra cosa además de las mencionadas. Round Dance dibuja el imaginario curso evolutivo que hubiese seguido la música renacentista al relacionarse con una plástica asociada al nuevo milenio. Todo enmarcado en figuras de contraste entre lo acústico y lo eléctrico, en donde se confrontan las sólidas intervenciones del violín de Carla Kihlstedt y el acordeón de Zeena Parkins en contraposición a interactivas y poco felices inserciones percusivas, pasando por un complaciente pasaje en guitarra y el sugestivo diseño sónico a cargo de The Norman Conquest. Un breve preludio emparentado a la música ambiental deriva en la insustancial Pour Albert. Aquí Frith canta (es un decir) una letra cuya simbología aún no logro decodificar: “Tomamos una coca y nos reímos el lunes pasado por la tarde… Me gustó verte, me gustó verte otra vez, me gustó verte otra vez”. Cualquier novedad le aviso. R.D. Burman es un pastiche entre folk europeo y música de la India con un interludio contra natura de tono camarístico, todo reforzado con la exótica sonoridad de un instrumento tradicional de origen sueco como el nyckelharpa (a cargo deKihlstedt) y el efervescente solo de Anantha Krishnan en tabla. Falling Up (for Amanda) es una mirada al minimalismo desde el formato canción. En lo que parece ser una descripción del álbum, Frith canta/relata un estribillo que dice: “Un paso adelante, un paso atrás, un paso lateral. Cayendo, sin preocupaciones”.  Mientras que Out on the Town with Rusty 1967 es un tema que Frith mantuvo añejado desde la época en que hacia rock in opposition y, según parece, el añejamiento en la música no tiene el mismo efecto que en los vinos.
La preciosa balada Lucky Thirteen, en la exquisita voz de Carla Kihlstedt, oficia como un oasis entre tanto gesto ampuloso. La agotadora guía turística nos lleva a la música celta en Blimey Einstein, orbita el country-folk en The New World, abreva en la música eslava con Tall Story, visita el Brasil en For Tom Ze y la música neoclásica en A Song About Love, para finalmente depositarnos en el híbrido e inconducente Market Day.
La ambición esconde a veces el miedo a no ser aceptado por los demás; pero confundir el éxito con la búsqueda de la aceptación de todos nos puede conducir al fracaso.

No sé cuál es la clave del éxito, pero la clave del fracaso es intentar agradar a todo el mundo (Bill Cosby)

Sergio Piccirilli

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