• Theo Bleckmann: I Dwell in Possibility

    I Dwell in Possibility, I Hear a Rhapsody, Lord is it Mine, Duet for One, Static Still, Wa-lie-oh, That Lonesome Road, so la so mi, Ma’at, If Only, Earth and Sky, The Fiddle and the Drum, Kleines Norwegisches Wintergedicht, Comes Love, Water Song

    Músico:
    Theo Bleckmann: voz, autoarpa, campanas zen, crótalos, flauta, arpa de cristal, ventilador de mano, iPhone, lira, melódica, sítara en miniatura, shakers de cáscara de nuez, flauta de pan, shruti box, instrumentos de raja, amplificador de juguete, cajas de juguetes, megáfono de juguete, vibra tone, botella de agua

    Winter & Winter, 2010

    Calificación: Dame dos

    El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria (Ernesto Sábato)

    El cantante y compositor Theo Bleckmann, merced a su nobleza de estilo, elegancia sin par, rigor técnico y una prodigiosa sensibilidad cuidada hasta límites de refinamiento incomparables, ha logrado convertirse en el prototipo de vocalista del siglo XXI en su especialidad. El merecido reconocimiento alcanzado por este artista nacido en la ciudad alemana de Dortmund y radicado en Estados Unidos, no sólo obedece a las cualidades de su esmaltada voz y su impactante registro vocal sino también a que esas habilidades siempre han estado al servicio de proyectos signados por la creatividad y la búsqueda de nuevos horizontes musicales.
    En el universo sonoro de Theo Bleckmann coexisten su fértil sociedad musical con el pianista japonés Fumio Yasuda (testimoniada en los álbumes Las Vegas Rhapsody de 2006, Berlin: Songs of War, Love and Peace de 2007 y Schumann’s Favored Bar Songs en 2009); los sendos dúos que integra junto al guitarrista Ben Monder y el baterista John Hollenbeck; el co-liderazgo del cuarteto vocal MOSS (con Kate McGarry, Luciana Souza y Peter Eldridge); su alianza con el grupo Kneebody en Twelve Songs by Charles Ives de 2008 y la participación junto a John Hollenbeck y Gary Versace en el Refuge Trio. Todo esto sin dejar de mencionar al recientemente constituido Hello Earth! (banda sobre música de Kate Bush en la que comparte créditos con Skuli Sverrisson, John Hollenbeck, Henry Hey y Caleb Burnans) y la prolífica labor desarrollada en el campo del arte multimedios manifestado tanto en los roles protagónicos que ocupó en la ópera de vanguardia The True Last Words of Dutch Schutz y en los espectáculos interdisciplinarios Mercuria y Fidget como en sus múltiples colaboraciones en obras pertenecientes al ensamble vocal encabezado por la legendaria Meredith Monk.

    Theo Bleckmann, en I Dwell in Possibility, sigue expandiendo las fronteras de sus intereses artísticos al abrevar en las fuentes de la corriente conocida como Arte Povera, movimiento surgido en Italia a finales de los sesenta cuyos creadores, al utilizar materiales considerados “pobres” o de muy fácil obtención, manifestaron una reflexión estética sobre el material y la obra y también un fuerte rechazo a la creciente industrialización y mecanización del arte. En consonancia con esos principios Theo Bleckmann, en esta nueva labor discográfica, acompaña su voz con instrumentos rudimentarios o arcaicos u objetos diversos y permitiendo que la producción del álbum, a cargo de Stefan Winter, se funde en las ascéticas reglas enunciadas por el cineasta danés Lars Von Trier en su emblemático Dogma 95. A consecuencia de esto último, todo el material contenido en I Dwell in Possibility fue grabado en vivo aprovechando la magnífica acústica natural ofrecida por el monasterio Beinwil de Suiza, sin procesamiento posterior en estudio ni manipulación de sonido y usando sólo escasas sobregrabaciones.
    El extremismo operacional del Arte Povera, basado en valores marginales y pobres, surgió como rebelión ante los íconos implantados por los medios de comunicación masiva y como un alzamiento frente a la creciente deshumanización e industrialización del arte pop. Más allá de los resultados obtenidos por esa corriente, muchos de los pri
    Por supuesto que esa estética del desperdicio, en romántica oposición al despliegue híper-tecnológico, no significa que usted señor o usted señora o señorita (disculpe pero desde aquí no veo el estado civil de su sexo) deba cambiar su Midi-Syntheziser de última generación por una licuadora en desuso… ¡no, cálmese! Después de todo, si no pudo hacer arte con un teclado menos lo va a lograr con el primer cachivache que encuentre. De hecho, conozco un músico que hizo un trueque similar pero hasta ahora no logró aportarle demasiado al arte. Eso sí, hace unos licuados de banana y fresa que están buenísimos. Aunque también sé del caso de un compositor que cambió su piano por un inodoro pero no como resultado de su interés por el Arte Povera o un arresto dadaísta ni por influencias recibidas de Marcel Duchamp… sino porque el inodoro era un accesorio mucho más apropiado para evacuar las necesidades de su mundo interior.
    Lo cierto es que Theo Bleckmann, en esta nueva entrega, al recurrir a los austeros principios del Arte Povera y reivindicar la activación de materiales sumergidos en la pasividad que les otorga la vida cotidiana intenta, como decía el teórico italiano Germano Celani, “generar desde la pobreza un grado de creatividad que implique una recuperación de la inspiración, la energía y la ilusión convertida en utopía”.

    I Dwell in Possibility inicia con el tema (sobre textos del poema 657 de Emily Dickinson) que da título al álbum. La abstinente ornamentación instrumental permite que la voz discurra con hegemónica libertad para configurar, a la manera de un lied estrófico ampliado, un discurso cuyo punto culminante coincide con el instante de máxima tensión textual. Aquí Theo Bleckmann, además de su ejemplar dicción, personalísimo timbre, asombrosa capacidad para matizar hasta el mínimo detalle, gran resolución en la coloratura y sus facilidades tanto en los agudos como en la zona grave, muestra una envidiable personalidad para apropiarse del contenido emotivo que emerge de los versos de Dickinson. En síntesis: una espléndida carta de presentación.
    A continuación adapta a la austeridad estética del álbum el clásico de 1941 I Hear a Rhapsody de George Fragos, Jack Baker y Dick Gasperre. Una entrega vocal embriagante, distinguida, de gran control en la respiración y elegante emisión rematada con escuetos adornos instrumentales en melódica.
    Luego llega una versión de Lord is it Mine, composición de Richard Davies y Roger Hodgson incluida en origen en el álbum de Supertramp Breakfast in America de 1979. La frugal belleza de esta relectura no sólo muestra a Theo Bleckmann en su plenitud vocal sino que también sirve para ratificar su habitual magnitud dramática e intensidad expresiva para dar vida a un texto, y por ende, a un personaje.
    En el original Duet for One, la voz multiplica su discurso de un modo sincopado, con notas de paso, cromatismos de acompañamiento y gran variedad de elementos armónicos hasta completar la estructura general de la composición.
    Static Stilles una pieza que Bleckmann incluyera en Origami de 2001, álbum perteneciente a la sociedad que integra con el guitarrista Ben Monder. En esta versión el tema se inunda del carácter meditativo propio de la estética Zen pero exaltada con magníficos recursos vocales que siempre parecen eludir las acrobacias innecesarias.

    La mayor parte de la obra de Theo Bleckmann transita temas espirituales y trascendentes pero también acostumbra surcar territorios más prosaicos, humorísticos y lúdicos. Una prueba de ello es su adorable versión de la pieza de Meredith Monk Wa-lie-oh perteneciente al álbum Song from the Hill/Tablet de 1979. Una cabal demostración sobre la forma de contar una historia sin pronunciar palabra alguna, desplegando en su lugar toda su panoplia de registros con gracia incomparable.
    Un elemento predominante en este álbum es el inmejorable espacio acústico en donde fue grabado. El aprovechamiento de esa cualidad envuelve cada uno de los temas pero parece alcanzar su punto culminante durante la exposición de That Lonesome Road. La acogedora reinterpretación de esta canción de James Taylor, del álbum de 1981 Dad Loves His Work, permite que Theo Bleckmann juegue a voluntad con la acústica natural del monasterio Beinwil. So la so mi le pone música a los textos del pintor y poeta dadaísta alemán Kurt Schwitters extractados de su obra The Alexandria Carry- On, en tanto que Ma’at se funda en el contenido del capítulo 125 del Libro de Los Muertos egipcio. Ambas piezas teñidas por las exóticas sonoridades de una cítara en miniatura y campanas zen, en el primero de los casos y una flauta, de pan en el segundo tema. If Only es un arreglo catedralicio de una vieja canción de amor egipcia que se desarrolla al conjuro de un despliegue vocal que parece respirar con la música; mientras que la contemplativa Earth and Sky orbita en torno a fragmentos pertenecientes a uno de los más grandes poetas de la tragedia griega: Eurípides.

    Theo Bleckmann, sin perder identidad estética, pasa de una oscura y envolvente versión del tema de Joni Mitchell The Fiddle and the Drum a cantar en alemán el poema de Kurt Schwitters Kleines Norwegisches Wintergedicht y de allí a ofrecer una magnífica interpretación del clásico de Samuel Howard Stept Comes Love, perteneciente al musical de Broadway Yokel Boy de 1939.
    El cierre llega con la sedosa, afable y angelical entrega de Water Song.

    I Dwell in Possibility es una obra única en su género; no sólo por sus características sino  también por la capacidad de Theo Bleckmann para hacer arte desde la pobreza.

    La pobreza no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos (Platón)

    Sergio Piccirilli

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