• The National: Alligator

    Secret Meeting, Karen, Lit Up, Looking For Astronauts, Daughters of the Soho, Riots, Baby, We’ll Be Fine, Friend of Mine, Val Jester, All the Wine, Abel, The Geese of Beverly Road, City Middle, Mr. November.

    Músicos:
    Matt Berninger: voz
    Scott Devendorf: guitarra, bajo
    Bryce Dessner: guitarra
    Aaron Dessner: guitarras, bajo
    Bryan Devendorf: batería
    Beggars Banquet, 2005
    Calificación: Está bien 

    Sobre fin de año llegó a mis manos quizás lo mejor que escuché en el transcurso del mismo. Completamente desconocido para mí, The National resulta ser un grupo procedente de  Brooklyn, que tiene un par de álbumes en sus espaldas The National ( 2001) y Sad Songs For Dirty Lovers (2003) que pasaron desapercibidos pero que, al firmar con Beggars Banquet (sello que cobija a Tindersticks entre otros), tuvieron mayor y mejor distribución.

    Tal vez no sorprenda desde su propuesta (cada vez nos cuesta más sorprendernos), pero… qué cercanos a Joy Division… (para variar); con más ingredientes pop y menos oscuridad, terminan redondeando el disco más interesante de este tipo de propuestas.

    La diferencia con otras bandas del estilo radica principalmente en  la voz de Matt Beringer, su líder, por el registro de barítono y más que nada por la interpretación, mostrándose apasionado por momentos, casi confesándose más que cantando (en estos casos es cuando más me recuerda a la interpretación de Cohen), y en ocasiones es… como si no quisiera cantar… con un desgano que le da cierto toque de originalidad.

    La banda maneja de manera admirable la intención justa que necesita cada canción; suenan oscuros, cálidos, delicados y por momentos rabiosos, siempre coherentes, siempre sobrios, haciendo que el disco en su totalidad no tenga desperdicio. Más allá de temas que destacan por sobre otros, ninguna canción parece estar de relleno.

    Karen, un tema de pop sombrío donde el piano y las cuerdas van entretejiendo una textura de abandono, de lejanía, angustiosamente interpretada por su líder. City Middle mantiene la misma altura compositiva mostrando una delicadeza que parece romperse y sostenida sobre una orquestación que se caracteriza por la sobriedad y el buen gusto.

    Pero no sólo de melancolía vive el hombre: Abel, el single del disco, los muestra levantando temperatura, contagiando un rock rabioso y desenfrenado (¡cómo le gustaría a The Strokes haber compuesto este tema!) o Lit Up, otro tema a puro desgarro, con guitarras a punto de estallar; y es aquí donde apreciamos la influencia de Joy Division: ya no sabemos si es influencia o choreo… o, mejor dicho, me parece que reconocen el robo pero le aportan bastantes ideas propias sonando más honestos que muchos otros y, como si fuera poco y al mismo precio, en Looking For Astronauts demuestran un poder melódico sólido y  brillante; en esta canción vieron la luz, hijo, logrando para mí el mejor momento del álbum.

    En resumen, esta banda compuesta por dos pares de hermanos (¿agrega algo este dato?), logra darle más profundidad a la propuesta de bandas como Interpol, con la cual la comparan constantemente (y además comparte productor, Peter Katis); quiero decir… logran ser más personales, independientemente de cualquier referencia.

    Sin duda, una banda con un gran potencial por delante, y que resulta de lo más interesante dentro de este revivir de los oscuros ‘80s.

    Y che… está todo inventado en el rock ¿o no?

    Cristian Woinarowski.

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