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Nels Cline: New Monastery

McNeil Island, Pumkin, Not Sa No Sa, No Doubt, 11/8, Dance With Death, Yokada/Yokada, The Rumproller, Dedication, Reconciliation, New Monastery, Compulsion

Músicos:
Nels Cline: guitarra, efectos
Bobby Bradford: corneta
Andrea Parkins: acordeón, efectos
Devin Hoff: contrabajo
Scott Amendola: batería, percusión
Alex Cline: percusión

Cryptogramophone, 2006

Calificación: Dame dos

Si yo pintara a mi perro exactamente como es, naturalmente tendria dos perros, pero no una obra de arte (Goethe)

La Gioconda, como todos saben, es una famosa obra pictórica de Leonardo Da Vinci. En ese cuadro un paisaje vaporoso, atravesado por un río sinuoso, busca resaltar la figura de una mujer con enigmática sonrisa. Su inmersión en la atmosfera y el paisaje que la rodean esta potenciado por la perspectiva aerea del paisaje. Da Vinci utilizó la técnica de difuminado que propicia la sensación de tercera dimensión.
Supongamos que quisiéramos recrear la obra (deje el pincel, no sea boncha… dije supongamos); en ese intento puede recurrirse a la copia fiel, lo que nos acercaría a la falsificación. También es posible su restauración aplicando nuevas técnicas, con el riesgo implícito de alterar su esencia. O bien adaptarla a las nuevas pautas del Mercado pintando una Mona Lisa rubia, despampanante, de labios carnosos, una tetita al aire y con una hot line disponible llamando a 0-800-MONALISA…

En los últimos tiempos, los discos tributo se han multiplicado hasta convertirse en una auténtica pandemia discográfica. En ese sentido, y trasladando el concepto a la música, no sólo no logran escapar a los riesgos apuntados sino que los propician. Muchos de ellos son concebidos como intentos restauradores o (mona) lisa y llanamente como una falsificacin. Tambien hay tetitas al aire… demasiadas.

En New Monastery, el guitarrista Nels Cline ofrece tributo a la música de Andrew Hill tomando como base a la Nels Cline Singers (Devin Hoff y Scott Amendola) y sumando a Bobby Bradford (maestro y amigo de Cline e integrante de la banda de Ornette Coleman), Ben Goldberg (quien integrara la banda de Andrew Hill) y Andrea Parkins (con quien Cline grabara y desarrollara una extensa gira junto a Tom Rainey).

En tiempos de culto a lo efímero, el desarraigo de la memoria y los compromisos fugaces y en donde se recurre al escándalo y a la transgresión banal como sinónimos de originalidad, Cline se acerca respetuosamente a la obra de Hill más que para una simple recreación o intento restaurador, para entender su visión del mundo y comprender mejor su concepción compositiva.

Andrew Hill nació en Chicago en 1937 aunque algunos dicen que es originario de Haití. Fue descubierto por Earl “Fatha” Hines. Luego tocó con el clarinetista John Gilmore. Perfeccionó sus estudios con el arreglador Bill Russo y estudió composición con Paul Hindermith. En 1953 se incorporó a la banda de Charlie Parker. Inició su carrera solista para el sello Blue Note. Su música combina elementos de jazz moderno y de vanguardia sin ser ajeno al free. Junto a él tocaron Eric Dolphy, Joe Henderson, Bobby Hutcherson, Ron Carter y Tony Williams, entre otros. Black Fire en 1963 y Point of Departure de 1964 son obras fundantes. Su propuesta es rica, de exhuberante modulación, gran intensidad y admite claras influencias de Monk, Bud Powell y Art Tatum.

New Monastery abre con McNeil Island del álbum Black Fire de 1963. Esta versión conserva la ambiciosa búsqueda de Hill por encontrar nuevas armonías, el uso de la repetición, la asimetría, la utilización innovadora de los silencios y la disonancia como factor de quiebre con estructuras tradicionales, Cline reimagina la obra respetando el enfoque camarístico pero reemplazando la estructura original de saxo, bajo y piano por un dueto de clarinete y guitarra. Desde allí nos sumerge en el hipertenso swing de Pumkin también de Black Fire, conservando los cambios rítmicos del original pero adosándole un abanico de posibilidades y representaciones casi tantas como contempladores puedan existir. Los músicos que lo acompañan ayudan… bastante.

Not Sa No Sa es una adaptación de “Not So” de Smokestack de 1963. Un complejo inicio (como si el resto fuera sencillo, ¿no?) deriva en un intenso solo en clarinete a cargo de Ben Goldberg y brillantes intervenciones de Hoff y Amendola (se nota que el pibe está aburrido de tocar con Madeleine Peyroux). Mientras Parkins agrega texturas, Cline tiene una demencial intervención que parece inspirada en El Loco de la Motosierra. El cierre no es pretencioso, para nada. Es apocalíptico.

A continuacion llega un medley epico en la que los solos actuan como separadores, que abre y cierra con la pastoral belleza de 11/8 de A Beautiful Day de 2002 y que contiene en su parte central a No Doubt  del album Andrew! de 1966, para luego empalmar con la tumultuosa inventiva e introspectiva reflexión de Dance With Death del álbum del mismo nombre que editara Hill en 1968 de la que surge una atmósfera densa y perturbadora que resultaría apta como fondo musical para un cuento de Julio Cortázar.

El swing característico de Yokada/Yokada del álbum Judgement! de 1964 engancha con una versión tremenda de The Rumproller en la que Cline nos cepilla el cerebro hasta dejarlo lustroso y brillante.
El enfoque más tradicional llega de la mano de Dedication de Point of Departure de 1964. Más ortodoxo, pero no menos desgarrador.
La aparente calma de Reconciliation es atravesada de lado a lado por los solos de Cline en guitarra y Goldberg en clarinete bajo, ambos perjudiciales para la salud… De pronto estamos en …New Monastery que, más que emocionar, conmociona… y convulsiona… y contusiona.
La gloria llega con Compulsion del disco de 1965 que lleva el mismo nombre, en la que Cline va directo al corazón de la música de Hill manteniendo el enigmático concepto del original y otorgándole el asimétrico encuadre contextual que ofrece el paso de los años…

Intencionado o no, ese hecho es representativo, complementador de la obra de Hill y sustancialmente positivo en cuanto obliga a quien lo escuche a unirse al proceso creador… Si es que puede, claro está.

Retomando a La Gioconda, recientemente, el Consejo de Investigaciones de Canadá examinó la pintura  con un scanner láser de tres dimensiones. Sus conclusiones fueron:

a) La mujer del cuadro llevaba un velo de gasa fina y transparente enganchado en el cuello de la blusa y en la época en que se pintó era típico que las mujeres embarazadas o que habían dado a luz recientemente lo usaran.
b) La Mona Lisa llevaba un moño en el pelo cubierto por un bonete detrás de la cabeza.
c) En la retirada de su marco original, el cuadro sufrió un desgarro de 12 cm. que no empeoró desde entonces.
d) No aparece ningún mensaje secreto en ninguna de las capas de la pintura como se comenta en la novela El Código Da Vinci.

New Monastery, al igual que esa investigación devela secretos, ahonda la visión y el misterio y abre nuevas puertas partiendo de la obra misma.
Cline irrumpe con osadía en el espacio original de la obra de Hill. Ante tanto restaurador que termina falsificando, asume el riesgo que significa ofrecer un ángulo analítico profundo y diferente. Si es respetuoso o blasfemo, quedará a criterio de los puristas… Allá ellos.
Marcel Duchamp, en 1919, pintó una parodia de la Mona Lisa que incluía bigote y la inscripción LHOOQ. Esas iniciales trasladadas del francés al español significan “ella tiene fuego en el culo”.
En cambio, la propuesta de Cline… bueno… tal cual.

Un pintor es un hombre que pinta lo que vende. Un artista, en cambio, es un hombre que vende lo que pinta (Picasso)

Sergio Piccirilli

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