• The Bad Plus: Hombres De Hierro

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    La Trastienda, Buenos Aires – Argentina
    Viernes 27 de octubre de 2006 – 23:30 hs.

    The Bad PlusAunque a priori sepa que será difícil, trataré de no ser redundante.
    La redundancia, dicen, sirve para protegerse de fallos que pudieren aparecer en diversos sistemas. Usted, por ejemplo, está leyendo en este momento una nota alojada en un sitio de internet. Si quisiéramos que usted lea esto sí o sí (en caso de querer hacerlo, que quede claro), tenemos la chance de alojar este site en dos servidores simultáneos, de manera tal que si uno se “cae” por alguna razón, habría otro sustituto (que trabajaría en paralelo) para que usted tenga acceso sin notar la diferencia e ignorando completamente la falla ocurrida.
    Pero no es el caso que nos ocupa.
    Hay que decir que la redundancia “constituye una forma de asegurar la transmisión y de establecer concordancias entre los elementos lingüísticos en los niveles morfosintácticos, léxico-semánticos y fónicos”. Ajá. Pero no… tampoco
    La redundancia tiene por definición más conocida o mundana “la repetición de una información ya dada en el mensaje, sin intención literaria”.
    Nos vamos acercando. Pero no hay que confundirse. Cuando uno dice “lo presencié en persona” o “lo vi con mis ojos”, estamos en presencia de un pleonasmo, que es una figura de construcción donde existe la redundancia.
    El que la tiene más clara que nosotros es el consultor Jesús Carreras, quien afirma que “El concepto redundancia viene a ser sinónimo de repetición innecesaria de información en cualquier comunicado o mensaje”. Y sigue: “Existe una manera de reducir las perturbaciones comunicacionales en el proceso de comunicación. Ésta no es otra que la de recurrir a la 'redundancia'. Black dice que: . Mientras que en otros ámbitos la redundancia es algo a evitar, en el proceso de comunicación es uno de los elementos más utilizados y útiles para cumplir la función de comunicar de manera efectiva un mensaje.”
    Dicho esto, nos retiramos.

    IversonEsteee… perdón… claro… me acotan que habría que explicar el por qué de esta sanata que, entonces, pasa a ser introductoria.
    El viernes 27 de octubre de 2006, el trío The Bad Plus realizó la primera de sus dos actuaciones en Buenos Aires. La iniciativa ha sido recibida desde este espacio con vueltas carnero y cabriolas de tipo indefinido. No es muy habitual que a la Argentina vengan grupos o solistas de jazz en su momento “top”. Ha ocurrido algunas veces, sí… pero eran otros tiempos. No mejores, que quede claro, simplemente otros.
    Adoramos a este trío desde los discos. Y también desde las tres coberturas que el indomable Sergio Piccirilli ha realizado de los shows que el trío ha realizado en el Monterey Jazz Festival, en el Knitting Factory de Los Angeles y en el Catalina’s Bar & Grill, también de Los Angeles.
    Y esta vez me tocó (iba a poner, bah… en realidad lo puse y lo corregí “me tocó a mí”, pero no quise ser redundante).
    Como las tres reseñas han sido ya publicadas y pueden acceder ustedes a ellas en el momento que lo decidan, casi no viene al caso reiterar las bondades de esta banda notable.

    David kingCon bastante demora, a las 0:25 hs. del ya sábado se apersonan los sujetos: el pianista Ethan Iverson, el contrabajista Reid Anderson y el baterista David King.
    Sin decir “agua va” ni frase alguna, King toma una escobilla con la mano derecha. La izquierda está libre de todo elemento y es utilizada para golpeteos casi imperceptibles sobre el parche del tambor. La mano escobillera realiza una perfecta imitación de una multiprocesadora. Todo en un volumen bajísimo. La balada (Everywhere You Turn, tema del bajista incluido en These Are the Vistas) parece una intro perenne, que cuenta con la ubicuidad de Anderson y toques minimalísticos de Iverson.

    Reid AndersonPero la calma se hace trizas con Mint, que empieza con una intro de piano tremenda, con cortes abruptos y con King desatado y gesticulando de manera poco seria. Sus movimientos corporales y sus gestos no se condicen con lo que toca. Reid Anderson toma el micrófono y en un perfectamente entendible castellano cuenta una historia: “En una plaza de toros, el torero mata al toro; la gente está muy contenta, pero él está furioso. De pronto se abre una puerta… y llega un rinoceronte”. El maestro de ceremonias hace gala de gran histrionismo y, por supuesto, lo que sigue es Rhinoceros Is My Profession, de Suspicious Activity?
    David King realiza una base heavy-mental; Iverson vuelve a tomar el liderazgo pero con espacios y silencios que permiten disfrutar de los otros guerrilleros. La cosa va in crescendo; estoy excitado, energizado, empilado, intercambian los roles y todo con asombrosa naturalidad.

    King - AndersonEl tema siguiente sorprende desde el inicio. Suena una melodía que conozco pero que parece una canción infantil. A ver… ¿María Elena Walsh, Los Musiqueros, Festilindo, Michael Jackson, Pablito Ruiz, Marcelo Marcote? No… mientras tanto, King parece calmarse por primera vez en la noche; no obstante, Iverson acelera y el baterista hace lo propio. Pero las cosas se suceden de manera inversamente proporcional: mientras la batería bombardea, el piano va casi desapareciendo. Todos se contagian, el volumen baja, los asistentes cogotean hacia delante, como para ver si escuchan mejor (¡?) y resuelven terminar la canción en fade.
    Ah… era un cover… Everybody Wants to Rule the World, de Tears For Fears.
    Estoy knock out y “quizás no sea el vino”. Anderson vuelve a hablar para presentar y explicar el siguiente tema; se trata de First All Jury o algo así. Lo explica: “trata de un sentimiento especial cuando encontrás algo en una tienda de segunda mano”. Anoto: “aire pseudo flamenco, queda King solito y solo. Notables los tres”.
    Luego de que el bajista confesara que han comido muy bien en Buenos Aires, presenta Giant, tema propio y que el mismo Anderson comienza delineando una bellísima melodía que se cruza con otra igualmente bella que parte de los garfios de Iverson. King apela a sus huevos; mejor dicho, a unos huevitos percusivos. La noticia, finalizando el tema, es que el baterista no se enajenó.

    David KingLuego de la calma… furia.
    La elección en este caso es Song X, de Ornette Coleman. Perfecta sincronización entre las (tres) partes. La independencia de manos de Iverson es asombrosa. Se pone de pie, yo espío para adivinar adónde esconden al cuarto integrante (que debería ser otro pianista). La multiprocesadora de King está a pleno; Anderson tiene su momento y no sólo no lo desaprovecha sino que habría que ir urgente a buscar otro instrumento. Iverson se sienta y deja de tocar. Sus compañeritos se miran y acuerdan hacer lo mismo. Gran momento.
    Una balada de Iverson (anunciada como Casa particular) que el pianista parece tocarla con displicencia y te descerebra. Anderson explica el argumento: “hay árboles que se mueven durante la noche y nadie sabe por qué. Es una casa que está en Buenos Aires” (¿?).
    El batallón se prepara y nos bombardean con Dirty Blonde, del disco Give. A pesar de la contundencia no prescinden de un gran sentido de la melodía. En 1972 Bronze Medalist, a caballo de una base de pop berreta pero muy efectiva y contundente, Iverson cita a Monk una y otra vez. El maestro de ceremonias aclara que los discos de la banda están en venta en el hall y que ellos mismos compraron unos lentes oscuros a muy bajo precio, lo que los ha puesto muy contentos.


    Olvidé un detalle: durante todo el concierto, un par de muchachos con vozarrón perfora tímpanos, no pararon de pedir, solicitar, gritar, exigir la interpretación del Iron Man de Black Sabbath. Y tuvieron su premio. Nosotros también. La intro de Iverson incluyó giros piazzollianos y The Bad Plus fue, en este cover, más power trio que nunca. Y mirá si King se la iba a perder…
    Se van a las duchas pero no los dejan entrar. Falta algún bis. Aclaran que será un tema de Aphex Twin (Flim, también de These Are the Vistas) pegado con un tema propio que andá a saber.

    IversonFueron 15 minutos inolvidables donde hubo melodías naif, duetos de piano y batería demenciales, pasajes que ponen sobre el tapete que, en su momento, algo del buen rock sinfónico pasó por sus Winco y un final apoteósico con los tres a pleno.
    Exacta hora y media de concierto.
    Obviamente que varios puristas y quienes fueron a ver a un trío de jazz convencional de piano, contrabajo y batería, se fueron refunfuñando. Otros quedaron decepcionados. Y también algunos decidieron retirarse promediando el show.
    Afortunadamente, la mayoría nos quedamos a disfrutar de un concierto extraordinario.
    Y ya sé que en los reviews anteriores Piccirilli tuvo sentimientos concordantes con los de este escriba.
    Pero es que, valga la redundancia, lo hicieron de nuevo.

    Marcelo Morales

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