• Vino Horvitz: Wayne Horvitz and Sweeter Than the Day

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    Café MetropolitanoCafé Metropol – Los Angeles (USA)
    Viernes 02 de Marzo de 2007 – 20:30 hs.

    En el corazón del denominado distrito artístico de Los Angeles se encuentra el Café Metropol. En este acogedor lugar uno puede disfrutar de un show a la luz de las velas, tomar buenos vinos y degustar deliciosos platos. Incluso algunos de ellos vienen con comida, lo cual los hace más sabrosos todavía. El 2 de marzo, el Café Metropol albergó a Wayne Horvitz y su banda Sweeter Than the Day. Más las velas, los platos y los vinos. Cita ideal para vivir una noche embriagante.

    Sweeter Than The DayDicho esto, en sentido estético y… etílico. La banda se presentó con su formación original: Wayne Horvitz en piano, Timothy Young en guitarra eléctrica, Andy Roth en batería y Keith Lowe en contrabajo. Sweeter Than the Day, aún con la misma integración, difiere del proyecto eléctrico Zony Mash, tanto por su orientación acústica como por el contexto creativo en el que se desarrolla y también por la ejecución de un repertorio enteramente diferente. Este experimento grupal dio inicio en el 2000 con el álbum American Bandstand, continuó con Sweeter Than the Day en el 2002 y el doble en vivo Live at the Rendezvous en el 2004. Esta gira por la costa oeste estadounidense sirve como preámbulo a la grabación de un nuevo disco en estudio a editarse en el 2008.

    Sweeter Than The DayHacer una crónica de lo acontecido no es una tarea sencilla. La crítica es saber interpretar lo que el artista hace para entonces crear un nuevo mensaje ya interpretado y producido. La representación crítica abarca lo superficial y lo profundo. Eso se traduce en una manifiesta colisión entre el factor expresivo y el comprensivo, a lo que debe sumarse el riesgo natural de empobrecer la transmisión del mensaje mediante el lenguaje. Las palabras o imágenes, por sí solas, no dicen nada; la clave es darles una relación, aunque sea incestuosa. El mundo es una infinidad de posibles impresiones sensibles y sólo somos capaces de percibir una pequeña parte de él. Esa parte que percibimos la entendemos según nuestra experiencia, cultura, valores, intereses y convicciones. Es más, a veces no entendemos nada por las mismas razones. Representar nuestra experiencia es un proceso privado, mientras que representar nuestra representación de nuestra experiencia, además de parecer un trabalenguas, es un proceso social. Puede ser que en el ejercicio de esa acción, nuestro subconciente diga “soy bueno en esto”. Eso alimentará el ego y hará que la parte conciente, al escuchar tal aseveración, se tire al piso para descostillarse de la risa. Esa noche en el Café Metropol era especial por una serie de condicionantes emotivos de índole personal que omitiré mencionar. Por razones de… ¿para qué pregunta? ¿Qué se mete en lo que no le importa? Razones de índole. Punto. ¡Habrase visto, semejante intromisión! Pero además, porque conservo vívidos y maravillosos recuerdos de las cinco oportunidades en que vi a Horvitz en escena (tres de ellas con esta banda) y no es cuestión de andar por la vida despilfarrando buenos recuerdos ni de Horvitz ni de nadie.

    GombrichEl término arte deriva del latín ars, que significa habilidad y hace referencia a la realización de acciones que requieren una especialización. El arte procura a la persona que lo practica y a quienes lo observan, una experiencia que puede ser de orden estético, emocional, intelectual o bien combinar todas esas cualidades. No hay nada ilícito en asociar el objeto artístico con nuestra historia personal. Y no digo esto con ánimo de excusarme ante la posible falta de objetividad. Por el contrario, digo esto para excusarme ante la falta de objetividad. Para arrojar claridad citemos a E.H. Gombrich: “Numerosas prácticas no se han limitado a las especulaciones tautológicas o filosóficas sobre el arte, sino que han desbordado en inmanentismo y solipsismo neopositivista…” (¡?).

    Sweeter Than The DayMi primera reflexión es… ¿Pido cabernet, pinot noir, malbec o merlot?
    Y hablando de vinos… Vino Horvitz, vino Young, vino Lowe y vino Roth. 8:30 PM, descorchan el show con Prepaid Funeral, en versión de similar apariencia a la incluida en el álbum American Bandstand. Sin embargo, el solo de Horvitz representa una innovación formal, ya que en lugar de improvisar mantiene la secuencia de acordes del original variando continuamente cada parte de la melodía. Mientras, Lowe sostiene la secuencia rítmica ejecutando el contrabajo con arco y Young desliza un sutil fraseo, adornado por un suave aporte de Roth en escobillas.

    Siguen con Love, Love, Love. Una melodía sutil y con extrañas curvas armónicas que dejan entrever las influencias de corte clásico asimiladas por Horvitz del impresionismo de Debussy y Ravel. Esto se traduce en lirismo, relajación e introversión. Los deliciosos solos de guitarra y piano le arrancarían lágrimas a una momia o incluso a un periodista (¡?).

    Sweeter Than The DayLuego, en Diggin’ Bones dejan aflorar aspectos lúdicos con una melodía infantil con reminiscencia a go go. Young activa su rack de efectos y, sin abrumar, hace gala de su amplia variedad de recursos. Horvitz sorprende con una intervención en la que no hay ningún acorde y la polifonía parece surgir directamente de la línea melódica.
    Una intro bluseada le pone marco a Capricious Midnight. Lowe recurre al arco para construir una obsesiva estructura rítmica sobre la que se superpone un encendido solo de Young. La brillante intervención de Horvitz permite palpar sus conocimientos sobre música country, blues y folk estadounidense pero sin que ninguno de esos factores esté representado en una forma obvia. Una auténtica apología del discurso pianístico ascético expresado con trazos subliminales.
    La vaporosa melodía de Julian’s Ballad y sus espaciosos silencios ofrece una de los picos emotivos de la noche. El económico lirismo del vocabulario musical utilizado mantiene un vívido misterio pero sin alejarse de su componente melódico central. Un chiche, bah…
    En Desingenuous Firefight hallamos una estructura con aires de vals sobre la que Horvitz despliega poderosas líneas melódicas que parecen remitir a Herbie Nichols y Monk. Esto deriva en un medido solo de batería a cargo de Andy Roth primero y en un cohesionado contrapunto entre la guitarra de Young y el contrabajo de Lowe, después.

    SchoenbeckLTMBBQ abreva en las fuentes del jazz tradicional y el swing. Esto permite que Horvitz recorra incesantemente las teclas de su piano como si quisiera asegurarse que está completo. ¡Y lo está!
    Ben’s Music, con su angular progresión de acordes, es una de las más bellas composiciones aportadas por Horvitz a este proyecto. Una excursión a un territorio de ensueño e imaginativa introspección que parece representar la interrelación entre la tradición clásica europea y la vitalidad de las expresiones regionales y étnicas estadounidenses. En este caso, esa yuxtaposición concluye en un orgasmo simultáneo, como suele ocurrir en la mayoría de las yuxtaposiciones exitosas.
    En Ironbound se suma la bassonista Sara Schoenbeck, quien integra otro proyecto grupal liderado por Wayne Horvitz, el New Gravitas Quartet. Un bassoon es un instrumento al que en cristiano básico denominamos fagot. Un tubo largo vertical con la boquilla en forma de S. Forma que indica con claridad a su ejecutante que el instrumento debe soplarse (de allí la “s”). El fagot debe su existencia a la necesidad musical de ampliar la región grave del sonido, pero también permite desarrollar trinos, vibratos, armónicos y multifónicos. Y Schoenbeck aprovecha su participación para dar ejemplo de todo eso. La banda, ahora convertida en quinteto, se aproxima sigilosamente a la música de cámara. Pegadito hacen una versión de Waltz From the Oven. El nivel de ejecución e interrelación protagónica entre el fagot, el piano y la guitarra es telepático. Y cuando digo telepatía me refiero a la supuesta capacidad mental de los humanos en comunicar información de una mente a otra sin el uso de herramientas adicionales como el habla o el lenguaje corporal (tele=distante, patheia=sentimiento) y no a un aparato de TV para la hermana de mi mamá (tele-pa’-tía).

    Sweeter Than The DayEl cierre, ya sin Schoenbeck será con In the Ballroom, con vibrantes intervenciones de Lowe y Young. Sin necesidad que rogásemos demasiado, la banda retorna para hacer Forever, un elegante, sutil y delicioso himno que propicia un exquisito solo de Horvitz que merece ser escuchado de pie (como todo himno).
    Final.
    El arte instaura procesos comunicativos de valor polifuncional. Cuando uno en lugar de aceptar pasivamente protagoniza operaciones activas, es como beber hasta la última gota de la copa del conocimiento.

    ¡Qué suerte tuvimos esta noche!
    Vinimos.
    Vino Horvitz.
    Bebimos.

    Sergio Piccirilli

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