Joan As Police Woman: Con Autoridad De Mujer

Spaceland – Silver Lake (USA)
Domingo 9 de septiembre – 21:00 hs.

Joan As Police Woman es una banda de New York integrada por Joan Wasser en voz líder, guitarra y piano, Rainy Orteca en bajo eléctrico y coros y Ben Perowsky en batería y voz. Desde su constitución en el 2002 fueron, paulatinamente, ocupando un lugar de privilegio en el mundo del indie rock, aun cuando tienen una mayor audiencia en Europa que en su país de origen. Prueba de ello es que su álbum debut, el exquisito Real Life, se editó en el 2006 en Inglaterra y recién un año después fue relanzado en los Estados Unidos. Si bien Joan As Police Woman se presenta como banda, resulta indiscutible que este proyecto cooperativo sirve como vehículo expresivo para las composiciones de Joan Wasser, de ahí el “Joan como mujer policía”. Seguramente usted se preguntará: ¿por qué “mujer policía”? Analicemos la frase…
En esencia, la policía es una fuerza de seguridad encargada de velar por el mantenimiento del orden público y la seguridad de los ciudadanos.

Una mujer es el ser humano de sexo femenino. El término mujer se usa para indicar diferencias sexuales biológicas. Sin embargo, nuestra sociedad no considera a una persona únicamente por esos factores. En términos biológicos, los órganos sexuales femeninos forman el aparato reproductor, mientras que las características sexuales secundarias tienen como función la atracción del hombre o la alimentación del bebé… o viceversa; y en ciertas ocasiones, ambas al mismo tiempo.
Las mujeres viven un promedio de cinco años más que los hombres debido a una combinación de factores genéticos, sociológicos y de salud. Estos factores que caracterizan a la mujer, explican cabalmente por qué los hombres vivimos cinco años menos.
Según estudios realizados, la mujer es menos pragmática y más emocional y por ello habla un promedio de 20 mil palabras por día contra las 7 mil de los hombres. También observamos que en las 20 mil palabras usadas por la mujer hay una gran amplitud de vocabulario, ya que no sólo son diferentes sino que la mayoría de ellas no tienen conexión entre sí. En cambio, en las palabras utilizadas por el hombre, es común hallar repetida la frase “sí, querida” acompañada de un sinnúmero de epítetos irreproducibles en un tono de voz casi inaudible.

La intuición femenina y su refinada memoria perceptiva les permite darse cuenta que no hemos estado haciendo horas extras en la oficina con sólo ver algunas manchas de rouge en el cuello de nuestra camisa y una diminuta tanguita atada en nuestra cabeza a manera de vincha.
El cerebro femenino es más pequeño, lo cual no implica menor inteligencia (¿lo confirma?). Finalmente… Qué sería de los hombres sin las mujeres, ¿no? Por lo pronto digamos que, ante la ausencia de mujeres, nos veríamos obligados a ser engendrados y amamantados por otro hombre y la verdad es que eso no suena muy maternal que digamos.
Y entonces… ¿por qué la banda se llama Joan As Police Woman?
No tengo la menor idea… ¿será por la serie televisiva de la década del ’70 protagonizada por Angie Dickinson, Mujer Policía? Vaya a saber…

A modo de aperitivo tenemos en el escenario a la cantante y multiinstrumentista Emily Wells y su banda integrada por el baterista Sam Halterman y Joey Reina en contrabajo y bajo eléctrico.
Habían llegado a nuestros oídos elogiosos comentarios sobre esta muchacha y su labor en escena lo confirmaría. Su set incluyó temas del álbum Beautiful Sleepy Head and the Laughing Yaks, como Mt. Washington y View From a Blind y varias canciones que integrarán su próximo disco, todas con la denominación Symphony seguida de un número que las identifica. El estilo vocal de Wells reúne un timbre de voz que recuerda a Billie Holiday, giros estilísticos provenientes de Bjork y la expresividad característica de PJ Harvey. Su música conjuga rock, country y una ingenua aproximación a la música clásica, letras emotivas que reconocen influencias de Truman Capote y una inquietante debilidad por la experimentación electrónica con reminiscencias de Aphex Twin y Matmos.

Merecidos aplausos rubrican una performance inteligente y apropiada como prólogo a la presentación de Joan As Police Woman pero… ¡no! Como si nos clavaran astillas de bambú debajo de las uñas, llegará el insufrible folk-pop de Princeton. En lo que sería un presagio de su actuación, mi lapicera ha dejado de funcionar. Bueno, mucho para escribir, decir o pensar, no hay. Cinco instrumentos (batería, teclados, violín y dos guitarras) y cinco personas sosteniendo esos cinco instrumentos. Las dos guitarras son ejecutadas (nunca más apropiado el término) por los hermanitos Matt y Jesse Kivel quienes a su vez comparten el liderazgo vocal. Los mellizos Kivel, cuando tenían cinco años, se acercaron por primera vez a una guitarra y tocaron torpemente una melodía; eso marcaría su indeleble estilo. Son tan troncos que en lugar de brazos, manos y pies tienen ramas, hojas y raíces. A medida que su actuación avanza, la gente, de manera espontánea, forma fila para agredirlos. Los músicos, visiblemente emocionados por la reacción del publico, abandonan el escenario casi como si estuvieran huyendo.

Mi lapicera ha vuelto a funcionar. Ya está en escena Joan As Police Woman. El trío no parece estar muy conforme. Los acoples abundan y el retorno está ausente. La banda abandona el escenario mientras el ingeniero de sonido acciona las perillas de su consola con dos guantes de boxeo de ocho onzas. Ahora sí, los músicos regresan y no muy convencidos atacan con Flushed Crest. Las etéreas armonías vocales contrastan con la intensidad de una letra que parece explorar en la intimidad de un amor trasnochado, mientras Wasser canta en tono confesional: “Te vi, temprano en la oscuridad del whisky”. El aporte de Perowsky en batería es irreprochable, lo cual no sorprende; y su aporte en coros es sorprendente, lo cual es irreprochable.
Siguen con The Ride, también del álbum Real Life. La voz de Wasser sugiere en lugar de explicar, susurra sin vestigios de fragilidad y seduce más por convicción que por una banal y deliberada pretensión.

Save Me deja ver las cicatrices de un pasado punk en el que Wasser supo abrevar, mientras eleva una súplica desesperada: “No quiero vivir sólo para tener la chance de morir… Si estás listo, sé bueno y llévame”.
Ahora Wasser deja el piano y pasa a la guitarra eléctrica para hacer Feed the Light en hipnótica versión que incluye una cátedra de Perowsky en escobillas y la habitual solidez de Orteca en bajo eléctrico.
La intensidad rockera de Christobel parece un poema de Coleridge cantado por PJ Harvey. Wasser afirma:“Cuando llegue el momento, sabés que estaré esperando”, como si quisiera afirmar que aferrarse a la vida no implica la negación de la muerte.

Wasser regresa al piano y ataca en solitario con los primeros acordes de Real Life. De pronto interrumpe su ejecución para increpar a un grupo de personas ubicadas en la barra que, ajenos a todo, disfrutan de una apasionada charla. Wasser les habla dulcemente y los convence para que hagan silencio. Sin embargo, uno tiene la sensación de que si la diplomacia fallaba, los revoltosos hubieran terminado con un micrófono ubicado en el lugar donde solían tener la nariz. Real Life es la historia de un amor de la que sólo queda una carta: “Pienso en tus manos escribiendo e imagino al hombre deseado en el peso de cada letra”. A diferencia de la versión original, sobre el final Wasser grita desaforada “furia” y, como si fuese un mantra, Perowsky desata una catarsis percusiva que provoca una de las mayores ovaciones de la noche. En el álbum Real Life, el tema I Defy es cantado a dúo por Wasser y Antony Hagerty. En esta versión, Perowsky reemplaza a este último con innegable autoridad. Las turbias armonías en 6/8 de Eternal Flame sirven para establecer un diálogo encubierto con el tema Everybody Here Wants You del trágicamente desaparecido Jeff Buckley. La letra del tema de Buckley (quien fuera pareja de Wasser) dice: “Encendí la llama de toda nuestra culpa y vergüenza”, a lo que Joan responde aquí: “Ya no puedo ser el encendedor de tu llama eterna.”
Final.
La gente pide, quiere y necesita más. Wasser regresa con su guitarra y ofrece en soledad una agridulce y exquisita versión de We Don’t Own It.
Sonido inapropiado, lugar incómodo y público complicado.
Una noche difícil en la que finalmente se impuso un Policía… con autoridad de Mujer.

Sergio Piccirilli

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