Trío Fattoruso: Orientales Bien Orientados

Martes 25 de Septiembre de 2007 – 21:30 hs.
Notorious – Buenos Aires

La a esta altura célebre casa de jazz y otras músicas (este último término odiado por el que suscribe y de dudosa sintaxis), en el contexto de la celebración de sus 10 años de interesante existencia, decidió armar durante el mes de septiembre un ciclo especial en una suerte de “tiremos la casa por la ventana”.
En este caso, un show semi-acústico; y que los vecinos se la banquen.

El turno fue en este caso para un favorito de esta casa, el trío de familiares orientales formado por, en orden cronológico, Hugo Fattoruso en piano de ¿media cola?, su hermano Osvaldo, a.k.a. George, en los parches y el hijo del primero, Francisco, en bajo.

Durante el transcurso de este review, el lector podrá observar la reiterada utilización de los signos de pregunta en sitios poco usuales; esto es debido al hecho que, a pesar de lo reducido del lugar, algunos desafortunados vimos y escuchamos el concierto casi como quien mira un show en River desde un balcón en los aledaños. La caja registradora, la máquina de café y otros implementos de cocina, brindaron a mi percepción del espectáculo un toque especial, casi como si hubieran samples brindándole colores inesperados a la música, entre electrónico, surrealista y lamentable. Un par de mesas menos, no estaría de más.

El comienzo lo tiene a Hugo eligiendo una canción de Eduardo Mateo a la que destrozó con su voz. No se trata de una crítica despiadada sobre sus pocas cualidades de cantante, las cuales en reiteradas ocasiones ha llevado adelante dignamente; sólo que esta vez fue… feo. De todas maneras, el sufrimiento fue muy corto para dar lugar a todo el despliegue de sus excelentes cualidades de pianista: no se trata de un tipo que toca teclados, se trata de un señor pianista.

La calidad musical y humana del grupo queda reflejada en una audiencia fanática, con muchos invitados y en la que se encontraba un gran número de referentes locales; cabe sólo nombrar a Lito Vitale, Liliana Herrero y Javier Malosseti para interpretar de qué estamos hablando.

Acto seguido, entra en juego Osvaldo en dúo con su hermano. Un pequeño desajuste de sonido ocurre y es arreglado rápidamente. La fuerza y el conocimiento de los hermanos hacen que la improvisación se vuelva muy interesante  por la interacción entre ambos.
Finalmente se suma Francisco y el trío está conformado.

Durante el show no habrá sorpresas, salvo la confirmación de las cualidades musicales de los músicos y el gran talento en el piano de Hugo quien, en todo momento, tuvo control de la intensidad de volumen de su instrumento con una base que rockeaba a un alto volumen. La tradicional mezcla de candombe, ritmos brasileños y latinoamericanos y jazz, fue la clave, con algo de funk, virtuosismo y ciertos lugares comunes aportados por Francisco, quien es un impresionante instrumentista pero que todavía (y recalco el todavía), no está a la altura de sus mayores en lo que a musicalidad y recursos de refiere. Hugo piensa mucho más de lo que toca, está todo el tiempo arreglando, armonizando y buscándole una vuelta nueva a todo lo que pasa a su alrededor, se nota el enorme bagaje musical que tiene. Osvaldo siempre cae parado, sostiene el trío, es el cable a tierra y quien ancla el grupo y, al igual que Hugo, se le nota enseguida la experiencia y musicalidad. Francisco también tiene un bagaje enorme, domina los estilos y el instrumento como si tuviera el doble de edad; pero le falta lograr transmitirlo con la habilidad de sus mayores y sin caer en lugares comunes. Toca lo imposible cuando el tema lo pide y acompaña impecablemente cuando la composición así lo requiere.

En definitiva, una hora cuarenta de placer sin sorpresas, pero mucha música.

Federico Larroca

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