• Tord Gustavsen Trio: Ruego Noruego

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    Jazz Bakery – Culver City (USA)
    Martes 6 de Noviembre – 21:30 hs.

    El Tord Gustavsen Trio, con sólo tres álbumes editados a la fecha, Changing Place de 2003, The Ground de 2005 y Being There de este año, ha logrado consolidar una propuesta musical que conjuga con sutil elegancia, reflexiva belleza y sinuosa melancolía, el jazz, el blues, el gospel, ciertos aspectos asociados al romanticismo y un innovador concepto sobre la libre improvisación.
    En poco tiempo, este trío integrado por el contrabajista Harald Johnsen, el baterista Jarle Vespestad y su líder, el joven pianista y compositor Tord Gustavsen, se insertó con naturalidad en el gusto del público de jazz estadounidense, pese a provenir de una escena poco tradicional como la noruega.
    Científicamente hablando, Tord Gustavsen no es ningún piscuí.

    Jazz BakerySe graduó en Musicología en la Universidad de Oslo y ha estado involucrado en una serie de tesis y proyectos académicos basados en la fenomenología y la psicología de la improvisación, además de desplegar una ardua tarea de investigación en campos no cubiertos por la teoría convencional del jazz y que abrevan en las fuentes de la psicología de relaciones desarrolladas por el psicoanalista alemán Helm Stierlin y la psicóloga noruega Anne-Lise Lovlie Schibbye.
    Los estudios realizados por Gustavsen abordan temas como la relación entre la paradoja de vivir y la dinámica del arte. El ejercicio creativo expresado con una dialéctica neo-hegeliana como síntesis posmodernista de los dilemas artísticos esenciales, es decir, cercanía versus distancia, momento versus duración, gratificación versus frustración.
    También ha profundizado en el enfoque de un plano de estimulante analogía entre la intimidad física, social y musical y el empirismo del jazz contemporáneo en relación con la teoría psicodinámica y el erotismo dialéctico de la improvisación. Clarito, ¿no?
    Con mucho gusto explicaré todo esto, una vez que sepa de qué se trata.

    Lo cierto es que este conglomerado teórico y la relajada forma en que se tradujo musicalmente, no parece guardar relación directa con la bravura vikinga asociada históricamente a la tradición noruega.
    Lo más aproximado a una tesis musicológica que aplicó aquel legendario grupo étnico originario de Escandinavia, fueron unos pegadizos ritmos que obtenían haciendo percusión con un garrote sobre el cráneo de sus enemigos. Si bien esa moda deleitaba a los victoriosos guerreros, provocó el inmediato rechazo de… los enemigos. Sin embargo, las mujeres de estos últimos, paulatinamente fueron aceptando la situación, tal vez encandiladas por los enormes garrotes que portaban los vikingos.
    Así fue cómo los valientes guerreros y las sufridas viudas se superpusieron entre sí, una y otra vez. Desconocemos las reales consecuencias de esta yuxtaposición étnica, pero según investigaciones históricas se ha podido comprobar que aquellas mujeres eran bastante fáciles de encandilar. Coincidentemente, fue durante esa etapa que los vikingos empezaron a usar cascos con cuernos.
    Algunos adjudican el origen de la palabra vikingo al termino wik que significa “hombres del norte” u “hombres del mar”. También hay quienes sostienen que deriva de la frase vik in que significaba “bahía adentro”. Otros, en cambio, sugieren que procede de la región geográfica de Vik, Noruega. Incluso hay quienes dicen que el termino está inspirado en un joven de finos modales y larga cabellera ensortijada al que los recios guerreros llamaban cariñosamente Vicky.
    Las crónicas vikingas están repletas de relatos aterradores pero no creo que los elegantes mozalbetes noruegos que se encuentran sobre el escenario del Jazz Bakery formen parte de esas historias.

    Un solo de piano oficia como prólogo del melancólico At Home del álbum Being There. La fina narrativa de Gustavsen se expande en una serie de envolventes círculos concéntricos. Con mágica intensidad seduce, acaricia y mima las teclas, ubicándose mucho más lejos del glorioso pasado guerrero de Erik, el rojo que de los finos modales de Vicky.
    Se incorporan a la estructura sonora el contrabajo de Johnsen y la batería de Vestpestad. Sus etéreos y casi intangibles aportes son como fantasmas que giran en derredor del piano.
    Gustavsen
    , al igual que muchos postmodernos, explora con intensidad el rango medio del teclado. Toma elementos de Keith Jarrett, Glenn Gould y Bill Evans e intenta profundizar en el vocabulario, la dinámica y el fraseo que distinguen a uno de los pianistas más influyentes del siglo XX, Sergey Rachmaninoff, pero a su vez manifestando un contrastante y deliberado desapego al swing y a los orígenes africanos del jazz.

    Siguen con Blessed Feet, también del álbum Being There. Gustavsen, partiendo del impresionismo de Debussy y Ravel, acerca al jazz una influencia de corte clásico europeo llena de lirismo, relajación e introversión. Mientras el contrabajo ofrece una segunda línea melódica detrás del piano, Vestpestad parece respirar sobre los parches.
    La suma de estos elementos confluyen en un clima de reposado misticismo que invoca a la reflexión. ¿Y qué es la reflexión?
    Eso dependerá de la óptica que se adopte, pero bien puede decirse que es un fenómeno por el cual un rayo de luz que incide sobre una superficie es reflejado. Al menos ésa es la óptica de la óptica.
    Mientras reflexionamos sobre la reflexión, Gustavsen despliega un solo que, por la extraordinaria delicadeza de su pulsación, profundidad emocional y perfección técnica, remite a Chopin. Esa similitud incluye un recurrente uso del rubato que le permite a la mano derecha desviarse del compás a la vez que la mano acompañante toca con apego a él y…
    ¡Ya está! La reflexión se refiere al proceso de meditar…
    Es que si no lo digo ahora, seguro que me olvido.

    Cocoon abre con un extenso solo de piano de delicada sonoridad que impresiona no por su fuerza sino por los matices y contrastes y la extraordinaria delicadeza de su pulsación. Ingresan los fantasmas.
    El contrabajo actúa como un eco lejano de la melodía y la batería aporta una sutil coloración rítmica a lo Paul Motian.
    En el Tord Gustavsen Trio los silencios son parte del vocabulario expresivo y, en su diseño estético, el espacio entre las notas tiene tanta importancia como las notas mismas. Esa austeridad emocional otorga una profunda sensación de paz. Pero… ¿qué es la paz?
    En sentido positivo es un estado de tranquilidad o quietud y en sentido negativo es ausencia de violencia. Para el derecho internacional, la paz es un convenio o tratado que pone fin a la guerra. En cambio en lo individual, es un estado interior, exento de cólera, odio y de sentimientos negativos. Sin embargo, no todas las culturas consideraron a la paz de forma positiva, lo que indica diversidad de criterios.
    Martin Luther King opinaba que la verdadera paz no es simplemente la ausencia de tensión, es la presencia de justicia.
    En cambio, Evo Morales, dice que La Paz es la sede de gobierno de Bolivia y el núcleo urbano más grande y poblado de su país.
    Todo tienen razón, pero si no se ponen de acuerdo nunca vamos a lograr alcanzar la paz, ni siquiera en La Paz.

    En The Ground se aproximan al gospel mediante un lenguaje musical susurrado y envolvente que provoca cierto déjà vu melódico. Su accesible narrativa desoculta una rítmica de sofisticada energía; pero como suele ocurrir con el trío, el virtuosismo se ubica en el asiento de atrás para privilegiar el desarrollo melódico. A continuación estrenan The Other Side of Tango. En un juego de extroversión poco habitual en la música de Gustavsen, el solo de piano incorpora frases de La Cumparsita pero conservando su estilo sensual, conciso y de un lirismo no agresivo, que elude la demostración superflua. El cierre será con el suave pero intenso Being There. La pureza y simplicidad de sus trazos melódicos resultan suficientes para expresar una fascinante profundidad emocional.
    Regresa Gustavsen y, en soledad, ofrece la intima elegancia de Interlude.

    La palabra vikingo comenzó a tener una connotación romántica a partir del poema de Erik Geijer, The Viking. Eso idealizó a los bravos guerreros.
    Poesía, romanticismo y una idealizada visión del jazz forman parte de la súplica de Gustavsen.
    Casi, como si fuera… un ruego noruego.

    Sergio Piccirilli

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