Por Los Codos

Enrique Norris

No dañar, pero a veces sí es necesario incomodar…

Bueno… sí, claro…

Y a vos te encanta incomodar…

¿Ah, sí?

No sé… pregunto…

No sé si me encanta incomodar

Convengamos que no vas por los carriles por los que va la mayoría.

No sé si alguien dijo que hay que ir por determinado carril. O si alguno es más válido que otro.

Pero te gusta hurgar.

Por supuesto. Soy curioso. Ahora… si mi curiosidad molesta, no es mi problema.

¿Vos sentís que hay un respeto generalizado con respecto a vos o no lo palpás?

Siento que hay un respeto… pero habría que definir (risas) qué es el respeto. Sí… encuentro mucho afecto y, para mí, eso es respeto. Pero afecto en serio, no actitudes caretas. Te gustó esa palabra, ¿eh?

Sos bravo…

Pero te gustó…

Antes en la charla dijiste algo así como “si uno se permite sensibilizarse”. ¿Vos te lo permitís?

Creo que sí, aunque externamente no se note. No me pasan las cosas por arriba.

¿Y te pasa cuando estás tocando?

Sí, claro… si no… no podría hacer nada. En mi caso, al menos. No puedo estar tocando y estar pendiente de otras cosas. Probablemente otra gente lo haga, pero yo no puedo. Más cuando uno al tocar tiene que estar imaginando todo el tiempo aunque en los temas haya (hay) límites concretos; me parece que no existe la libertad máxima. Siempre algún límite hay. Un límite importante es el aire para respirar, que nos permite seguir tocando. El aire para que se transmita el sonido; y el sistema auditivo; nuestros instrumentos, nuestra sabiduría e ignorancia, cuántos pagaron la entrada para que podamos seguir tocando (risas). Ahí tenemos unos cuantos límites. En mi caso, el asunto de tocar es trabajar intuitivamente o darle permiso a la parte intuitiva; tratar de no controlar tanto, para que fluya. Por lo menos desde mi óptica. Yo no tengo la verdad; sólo una partecita. Que puede cambiar (risas).

Groucho MarxComo decía Groucho Marx: “Aquí están mis convicciones, pero si no le gustan… tengo otras”.

Claro… Yo trato de permitirme esa manera de trabajar y cada vez más; en cualquier ámbito, ya sea un proyecto propio o no. Disfruto cuando me sorprendo buenamente, porque así puedo transmitir esa sorpresa a quienes tocan conmigo y a quienes escuchan. Que haya una conversación tácita en el grupo.

Vos estás trabajando con cantantes; ¿cuál es la diferencia principal entre trabajar con cantantes y la música instrumental?

(Piensa) Todo depende del material con que se trabaje. Pero… para mí la voz es un instrumento. Eso de separar los instrumentistas de los cantantes me parece un error de concepto. Y como todo instrumentista, hay distintas maneras de pensar y sentir la música. Hay gente que se da más permisos para trabajar cierto material. Y hay otros que se limitan a cierto repertorio, al menos temporalmente. Entonces, en algunos casos se trabaja de manera más previsible, si se quiere. Y en otros, se juega más. Es un poquito paradójico que, con los instrumentos, el ser humano tiene siempre como patrón o referente a la voz humana. Así que me parece que la voz es muy importante.

En un disco tuyo, ¿incluirías cantantes?

Sí.

Pero hasta ahora no ha ocurrido.

Hasta ahora… canté yo (sonríe).

Y mirá si se calla el cantor, como diría Guarany…

Mario SanchezNos morimos de hambre, diría (el humorista) Mario Sánchez

Pobre… murió hace poco…

Otro referente, Mario Sánchez…
(Sorprendido) ¿Sí?
Sí… mucha alegría de vivir con ese hombre… hay algunas cositas que por ahí puedan recordar aquellos que escucharon mucha radio. Por eso que hablábamos de la improvisación. Eso se daba mucho en el programa de Héctor Larrea (Rapidísimo, por Radio Rivadavia).

Bueno… tocaste un punto… porque yo de chico no me perdía un programa de Larrea, en la época en que estaban Mario Sánchez y su personaje Bartolito, Landriscina con Don Verídico y Mario Sapag con el Pollo Ricardo…

Después he escuchado muchos programas donde Mario improvisaba y era tremendo…

En esa época, en otra radio, también estaba Minguito Altavista que leía guiones de películas que había escrito él mismo y que siempre finalizaban de la misma manera: con un beso final y el ballet acuático. Y de lo que no me puedo olvidar (ni quiero) es el título de una de esas películas (Norris observa concentrado): “La historia de una Lumbrí que murió achicharrada en un plato de fideo’ pensando que era una órgia” (risas). Y dicho así: “órgia”, acentuando la “o”.

No… a Minguito en radio nunca lo escuché…

¿Vos creés que perdimos el humor?

No… pienso que no… hay mucho cascarrabia pero creo que siempre hay un cablecito a tierra. Hay humor y humor, por supuesto. El corrosivo, agresivo, no me va. Pero el humor pícaro, que tal vez surge de una pavada, me encanta. Yo creo que son gente que tienen un punto de partida pero que después se largan a improvisar…

Como Olmedo…

Claro… por supuesto…

Hay algo de todo esto en tu música, también.

Sí… me gusta jugar con mis compañeros y siempre hay una risotada en los ensayos o en los conciertos. Creo que estimula y sienta bien (risas). Favorece a la hora de trabajar en equipo. Tiene que haber una conexión con tus compañeros que, cuando acompañan, también improvisan. 

¿Por alguna razón en especial dejaste la orquesta de Mariano Otero?

No… simplemente le dije a Mariano que había cumplido un ciclo. No me siento como un músico de orquesta…

Algunos, intuyendo o conociendo tu espíritu inquieto, incluso piensan que estuviste mucho tiempo…

No… lo cierto es que disfruto escuchando y por supuesto que también tocando. Si me gustan Mingus, Ellington y Sun Ra, es obvio que no me pasan de largo las orquestas. Lo conversé con Mariano, que tiene además una veta humorística que para todo grupo, y más si es una orquesta numerosa, es fundamental. Durante el tiempo que estuve se trabajó muy bien en equipo, donde hay que poner una gran fuerza de espíritu para manejar tanta gente, cada uno con sus maneras de ser y lograr un equilibrio y que además la cosa funcione. Fue simplemente un sentir, una opción, como quiera llamársele y necesitaba centrarme más en lo mío.

No sos de interpretar covers, ¿no’

Bueno… tendrías que venir más seguido a escucharnos porque siempre algo meto. Con el trío actual y con M.E.S. también. Tal vez no está reflejado en lo que está grabado, pero me gusta escuchar y tocar. Es un aprendizaje.

¿Estás al tanto de lo que ocurre “afuera”?

¿Afuera?

Sí… en la vereda (risas)

Esperá que me fijo y vuelvo (más risas). De algunas cosas me entero. La información, como hablábamos antes, está muy expuesta y por algún lado te llega. Siempre alguien te presta un disco, te comenta algo… hay un intercambio permanente y sé que hay una movida muy grande en la música en general y en el jazz o la música improvisada en particular. Algunos con más prensa que otros, pero el movimiento está. Aunque acá por ejemplo se da la paradoja de que hay muchos músicos, muchas propuestas, pero pocos lugares para tocar. Este año conocí a una guitarrista con la que me conectó un amigo en común. Y un día se vino acá a casa y empezamos a improvisar algunas cosas… estuvo bueno. Fue interesante. También es cierto que hay músicos que, incluso afuera, tienen que pelear mucho para hacerse un espacio y que se los pueda escuchar. A veces uno idealiza cuestiones del exterior pero hay gente muy grossa que la tiene que remar.

¿Vas a estar tocando en diciembre?

Sí… tengo una fecha con el trío, varias con Pepi (Taveira) un dueto con el Mono Fontana y con Bárbara Togander estaremos en Virasoro.

Está bravo el disco de la Togander, eh…

¿Bravo?

Sí… está bueno…

¿Bravo porque está bueno?

O bueno porque está bravo.

Eso está bien…

Marcelo Morales

Nota Relacionada: Uno Por Cinco (+1) – Enrique Norris

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *