Theo Bleckmann / Fumio Yasuda: Berlin – Songs of Love & War, Peace & Exile

Den Kleinen Radioapparat, An Das Deutsche Miserere, Ostersonntag, Das lied Surabaya-Johnny, Davon Geht Die Welt Nicht Unter, Maskulinum-Femininum, Ich Hab Dich Ausgetragen, Bitten Der Kinder, Ich Bin Von Kopf Bis Fuss Auf Liebe Eingestellt, Die Alten Weisen, Als Ich Dich In Meinem Leib Trug, Moon Of Alabama, Hotelzimmer 1942, Die Welt Verandern Wir, Friedenslied, Als Ich Dich Gebar, Hollywood-Elegie Nr.7, Der Bilbao-Song, Mein Sohn, Was Immer Auch Aus Dir Werde, Uber Den Selbstmord, I Build y Time, Lili Marleen, Schmidt-Lied

Músicos:
Theo Bleckman: voz, electrónicos
Fumio Yasuda: piano
Todd Reynolds, Courtney Orlando: violín
Caleb Burhans: viola
Wendy Sutter: cello
Winter & Winter, 2008

Calificación: A la Marosca

Cuando la verdad sea demasiado débil para defenderse tendrá que pasar al ataque. (Bertolt Brecht) 

En 1919, poco después de la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial, se constituyó la República de Weimar. Aquel período estuvo signado por la inestabilidad económica, política y social debido a la atomización de los partidos en el Parlamento y al rechazo de los militares por aceptar la derrota y los acuerdos impuestos a Alemania por los vencedores. La grave crisis económica provocada por la Gran Depresión de 1929, propició el auge de las fuerzas nacionalistas y de extrema derecha, situación que terminaría llevando al poder en 1933 al Partido Nacionalista Socialista Alemán de los Trabajadores o Partido Nazi.
El término lebensraum (en alemán “espacio vital”) fue una expresión acuñada por el geógrafo alemán Friedrich Ratzel para describir una teoría influida por el biologismo y el naturalismo del siglo XIX que establecía la relación entre espacio y población, en la que se aseguraba que la existencia de un Estado sólo quedaba garantizada cuando se disponía del suficiente espacio para atender a las necesidades de la misma. Adolf Hitler se apropió de esta teoría para describir la necesidad del Tercer Reich en encontrar nuevos territorios para expandirse. La idea no se basaba sólo en restaurar las fronteras anteriores al estallido de la primera guerra mundial, sino en anexar nuevas tierras.
Hitler tuvo la habilidad para transmitir ese concepto mediante el uso de avanzadas técnicas en el dominio de masas. Sin ir más lejos, días atrás releí su obra Mein Kampf y, como resultado, decidí que el próximo período vacacional con mi familia tendrá como destino invadir Polonia. Eso sí, la ocupación durará sólo dos semanas.
Desde la asunción del poder por parte de los nazis, la ciudad de Berlín asumió un papel preponderante en la política alemana. Desde el imponente edificio de la cancillería, que Hitler ordenó construir, se tomaron algunas de las decisiones más trascendentales y catastróficas de la historia del siglo XX.
Su ambicioso plan pretendía convertir a Berlín en la capital más imponente del mundo. Así fue que Hitler y su arquitecto en jefe Albert Speer proyectaron edificios y planearon un cambio urbanístico de carácter megalomaníaco. (¡Y pensar que mi adorable esposa cree que soy hincha de Racing porque sufro delirios de grandeza!). Berlín fue el centro de poder de la Alemania nazi. Desde ese lugar, se observó el ascenso del régimen y finalmente allí, en la Batalla de Berlín, se desarrolló el enfrentamiento final que desembocó en su ocaso definitivo. Ese mesiánico y omnipotente sueño nazi, al finalizar la contienda, había dejado el macabro saldo de millones de muertos, más de 15 millones de alemanes expulsados de su territorio y un país dividido y devastado.
Y todo lo sucedido tuvo como testigo emblemático a la ciudad de Berlín.

En Berlín: Songs of Love & War, Peace & Exile, el cantante Theo Bleckmann prolonga la sociedad musical con el pianista Fumio Yasuda, iniciada en el 2006 con el álbum Las Vegas Rhapsody, para describir el periodo histórico citado rescatando de la memoria canciones incorporadas al inconsciente colectivo de la sociedad alemana.
En Mi Último Suspiro, el gran cineasta Luis Buñuel decía que nuestra memoria es nuestra coherencia, nuestra razón, nuestra acción, nuestro sentimiento y que sin ella no somos nada. Pero la memoria es también invadida de manera constante por la imaginación y el ensueño y, puesto que existe la tentación de creer en la realidad de lo imaginario, acabamos por hacer una verdad de una mentira. Y aunque suene contradictorio, esto no tiene sino una importancia relativa, ya que una es tan vital y personal como la otra. Gabriel García Márquez señaló alguna vez que uno no es lo que ha vivido sino lo que quiere reconstruir de lo que vivió, así como Valle-Inclán decía que las cosas no son como son sino como se recuerdan. En La Ignorancia de Milán Kundera podemos leer: “Nuestra memoria, la pobre, ¿qué puede hacer? Sólo es capaz de retener del pasado una miserable pequeña parcela sin que nadie sepa por qué precisamente ésa y no otra”. Así es como a veces descubrimos que el pasado se ha borrado y que la memoria cubre ese bache reinventando el mundo.
El pasado es tan inconstante, maleable y dócil que puede ser que los recuerdos no provengan de nuestro pasado sino de un presente que ignoramos.

Bleckmann y Yasuda, en Berlin: Songs of Love & War, Peace & Exile, mediante sutiles claves juegan con la complicada interrelación entre pasado y presente, haciendo que la representación de la realidad parezca un sueño. Y si bien logran que esa realidad transcurra en un mundo onírico y con la calidad de un cuento de hadas, también dejan traslucir que detrás de ese paisaje de ensueños yace al acecho una amenaza oculta.
¿Cómo no sospechar entonces que las maravillosas canciones recreadas en este álbum presagiaban la catastrofe? ¿Cómo no intuir que esas obras concebidas en teatros, estudios de cine y cabarets no simbolizaban elípticamente el macabro destino que arrastró a Alemania y al mundo entero al horror?
Y es aquí en donde hallamos el principal acierto de este álbum, ya que Bleckmann y Yasuda envuelven con sedas y algodones un trágico recuerdo y dejan en evidencia lo endeble que es la línea que separa a la guerra de la paz, al exilio de la pertenencia y al odio del amor. Con ese fin inventan un Berlín utópico, sin brillo, sin glamour, sin amargura, sin sueños de grandeza, sin ademanes ostentosos. En su lugar ofrecen una recreación ascética de canciones y textos provenientes de la Alemania creativa e inspirada que representaron figuras como Bertolt Brecht, Hanns Eysler, Kurt Weill, Friedrich Hollaender, Marcellus Schiffer, Michael Jary, Norbert Schultze, etc.
Y para ese ejercicio de reconstrucción artística sólo les hizo falta un cuarteto de cuerdas conducido por Todd Reynolds, el piano de Yasuda y la cálida expresividad de la voz de Bleckmann, alcanzando aquí una performance decididamente consagratoria.
Así es como podemos hallar canciones que acompañaron a la catástrofe como Lili Marleen o Surabaya-Johnny, otras que le precedieron, provenientes de la época de la República de Weimar y cuatro canciones de Hanns Eysler sobre textos de Brecht compuestas durante el exilio de ambos en Hollywood tales como Über den Selbstmord, Mein Sohn, Was immer auch aus dir werde o Hollywood-Elegie No 7.

No hay vestigio alguno en estas versiones que recuerden los lugares donde se originaron las composiciones. Así ocurre en Ich bin von Kopf bis Fuß auf Liebe eingestellt, más conocida por su título en inglés Falling in Love Again (Can't Help It) canción que inmortalizara en 1930 Marlene Dietricht en el film El Ángel Azul. Otro tanto ocurre en la reinterpretación que hacen del perdurable éxito Davon Geht Die Welt Nicht Unter (Esto no es el fin del mundo) que Zara Leander cantara en 1942 en la película más exitosa de la Alemania nazi: Die große Liebe (Un gran amor)
Pero al mismo tiempo que millones de alemanes cantaban con Leander, Hanns Eisler en el exilio musicalizaba en Hollywood Songbook maravillosos textos de Bertolt Brecht y, aunque su esencia estuviese orientada en otra dirección, eso también era parte de la sociedad alemana. Yasuda y Bleckmann exponen esa realidad con idéntica desnudez, ausencia de ornamentación y similar encuadre creativo. Como si ambas expresiones surgieran de un concepto fundamentado en la dualidad de todo lo existente en el universo. Como dos fuerzas opuestas pero complementarias. Como un yin y un yang.

Sería ocioso inventariar todas las gemas que incluye este álbum, pero podría resultar injusto dejar de mencionar las bellísimas versiones de dos composiciones de Kurt Weill y Bertolt Brecht como Moon of Alabama perteneciente a la ópera Rise and Fall of the City of Mahogonny o el nostálgico relato sobre un imaginario cabaret en Der Bilbao-Song. Y muy especialmente la relajada y candorosa relectura de Lili Marleen, canción de Norbert Schultze sobre el poema de Hans Leip Das Lied eines jungen Soldaten auf der Wacht  que en un principio fuera adoptada como himno por las tropas alemanas pero que más tarde sería entonada a ambos lados del frente de batalla.
En síntesis: un álbum delicioso, mágico y con la capacidad suficiente para ofrecer una mirada diferente sobre una realidad que jamás debió haber ocurrido.

Ningún gran artista ve las cosas como son en realidad; si lo hiciera, dejaría de ser artista. (Oscar Wilde)

Sergio Piccirilli

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