• Return to Forever: El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen

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    Gibson Amphitheater – Los Angeles (USA)
    Viernes 13 de Junio de 2008 – 20:00 hs.

    En 1971 el pianista Chick Corea constituyó una banda llamada Return to Forever. Su formación inicial estaba compuesta por Joe Farrell en saxo y flauta, Airto Moreira en percusión y batería, Flora Purim en voces y Stanley Clarke en bajo. En su primer álbum, Light as a Feather de 1972, confluían el jazz y la música latina. Poco después el proyecto tomaría un rumbo diferente al orientarse a la fusión de jazz y rock. En esa dirección lanzan en 1973 el álbum Hymn of the Seventh Galaxy con una nueva integración que comprendía además de Corea y Clarke, al baterista Lenny White y el guitarrista Bill Connors. Un año después, este último dejaría la banda siendo reemplazado por Al DiMeola. Con esa formación, Return to Forever alcanzaría su etapa de mayor creatividad y reconocimiento. Durante ese período graban Where Have I Known You Before en 1974, No Mistery en 1975 y Romantic Warrior en 1976, álbumes que los elevarían a la categoría de paradigma del movimiento de jazz rock, junto a bandas como Mahavishnu Orchestra y Weather Report. El grupo se reencarnaría más tarde, conservando a Clarke y Corea, en una versión extendida que incluía entre otros a Gayle Moran, Joe Farrell y Gerry Brown. Con esa integración, y antes de su disolución definitiva, aparecerían en 1977 los álbumes Musicmagic y RTF Live.

    Tres décadas después, Return to Forever regresa con su formación "clásica" (Corea, Clarke, DiMeola y White) para una extensa gira. Si bien esa formación había vuelto a los escenarios en 1983 para realizar unos pocos conciertos, en esta ocasión la expectativa del público y de la crítica especializada y el montaje publicitario detrás del tour eran mucho mayores.
    Sería prejuicioso de nuestra parte sospechar que el mencionado aumento de las expectativas guarda cierta relación con las dimensiones de la publicidad; pero la verdad es que vivimos en una época llena de paradojas que invitan al escepticismo y la incredulidad. Detrás de toda duda se esconde un prejuicio; y aun cuando los prejuicios son evaluaciones preconcebidas generalmente de carácter hostil y desfavorable que se tienen sobre otras personas, estos son tiempos en los que nos vemos obligados a dudar en defensa propia. Y mucho más en un país como Estados Unidos en donde, por citar un ejemplo, un tipo llamado Gates (que en inglés significa puertas) se hace rico inventando algo llamado Windows, que significa ventanas.
    La experiencia nos va haciendo cada día más cautos y precavidos. Sin ir más lejos, últimamente estoy poniéndole estampillas a los e-mails; y aun así… me equivoco.

    En fin… no sé usted, pero yo trato de aprender de mis errores todo lo que puedo. Tanto aprendí que mis errores cada vez son más descomunales y están más cercanos a la perfección. Tal vez Return to Forever no tenga nada que ver en todo esto y resulte probable que mi tía tuviera razón cuando sabiamente decía: "Sobrino (nunca supe por qué me decía sobrino… mi tía), a veces pagan justos por pecadores".
    Aunque, pensándolo bien… a ti, "pequeño saltamontes", ¿no te llama la atención y despierta sospechas que uno de los íconos del jazz de Estados Unidos sea Corea? ¿O que un baterista negro se llame White? ¿O que un tipo tan alto como Clarke toque bajo? ¡Dime algo por favor! No te quedes en silencio… aunque más no sea, Dime-ola.
    En todo caso, dejemos claro que no es bueno prejuzgar; pero, parafraseando a Woody Allen, mucho peor es que nos pidan perdón antes de pisarnos.
    Lo cierto es que Return to Forever, haciendo honor a su nombre, retornó.
    Pese a que la banda conserva su denominación y formato y los músicos que la integran son los mismos, cabe preguntarse si aún sigue siendo el original.

    Gibson AmphitheatreEste interrogante nos remite a la paradoja de reemplazo conocida como El Barco de Teseo. Según una leyenda griega recogida por Plutarco, Teseo regresó a Atenas desde Creta en un barco que tenía treinta remos. Los atenienses conservaban esa embarcación desde viejas épocas así que, a través del tiempo, habían ido reemplazando las partes dañadas por otras más nuevas y resistentes.
    Los filósofos utilizaron esa historia para estudiar el concepto de identidad. Unos decían que el barco continuaba siendo el mismo, mientras que otros aseguraban que no lo era. Ya con algunas copas encima, plantearon qué sucedería si todas las partes del barco hubiesen sido reemplazadas. "¿Estaríamos en presencia del mismo barco?", preguntaron, botella en mano. Poco después, y ya casi al borde de perder el conocimiento, evaluaron qué pasaría si las partes reemplazadas fueran almacenadas y con ellas se reconstruyera otro barco…"¿Cuál sería (hip) el original (hip) de Teseo (hip)?", se escuchó decir poco antes de que la policía se los llevara a todos por filosofar desnudos y en estado de ebriedad en la vía publica.

    Abdul-JabbarSin embargo, el principio metafísico de identidad que mejor se ajusta a la situación de Return to Forever es el elaborado por Heráclito* (*filósofo griego de jazz rock); aquel precepto se fundó en la frase:"Ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos."
    A lo que humildemente acotaría, y si el hombre no sabe nadar no lo cruza ni una vez. Bueno, ahora son otros tiempos… después de todo, aquélla era la era de Heráclito, ¿no?

    Ya estamos cómodamente sentados en el magnífico Gibson Amphitheater ubicado en el corazón de los Estudios Universal de Los Angeles. Lleno total. Clima festivo.
    En lo que parece ser una especie de misa aniversario, las pantallas muestran imágenes de Joe Zawinul y Miles Davis mientras se escucha de fondo In a Silent Way. Tras los aplausos de rigor (¡?), ingresa el maestro de ceremonias: Kareem Abdul-Jabbar, una de las máximas estrellas que dio el básquetbol en toda la historia de la NBA quien, como presentador, es una de las máximas estrellas que dio el… lo que acabo de decir.

    CoreaEl inicio es con Hymn of the Seventh Galaxy. Una exposición sumaria de ostentación y abuso de virtuosismo. Una exégesis antediluviana, desproporcionada, rara, gélida, recién sacada del freezer. Luego Stanley Clarke toma el micrófono e invita al público a cantarle el feliz cumpleaños a Chick Corea. "No es hoy pero cantémoslo igual"-acota.
    Hmmm… un basquetbolista a cargo del ceremonial, un primer tema en versión glacial y el festejo de un "no" cumpleaños no parece ser la mejor manera de empezar. Afortunadamente, todo cambiará a partir de la vibrante exposición en Vulcan Worlds, del álbum Where I Have I Known You Before, de 1974. Los músicos recuperan la temperatura corporal y nosotros las esperanzas. Una laudable reestructuración armónica del original, sustentado en la implacable precisión de White, los encendidos fraseos de DiMeola, un solo de Corea en un arcaico mini-Moog que arranca lágrimas entre los más nostálgicos y una efusiva intervención de Clarke que incluye algunas líneas de Silly Putty de su disco solista Journey to Love y Captain Senor Mouse del álbum de RTF, Hymn of the Seventh Galaxy. Mejor todavía será la magnífica relectura de Sorceress del álbum Romantic Warrior de 1976, con amplios espacios de improvisación en torno a un eje dinámico que acepta vecindad con el heavy-funk.

    Di MeolaEl cierre del primer segmento del show será con una versión de Song to the Pharaoh Kings de Where I Have I Known You Before. Un atinado interludio en sintetizadores desemboca en un entramado melódico y rítmico en el que confluyen el rock, el jazz latino y lejanas sonoridades de medio oriente. La exposición de texturas musicales en contrapunto, girando en torno a un predominante piano Fender Rodhes, construyen un mapa sonoro asociado a los orígenes del jazz rock en los albores de los setenta.
    Tras un breve intermedio regresan para desplegar un extenso set acústico. Fragmento que se inicia con DiMeola en solitario ejecutando un pasaje con aires de flamenco anunciado como DiMeola’s Fantasy que empalma con una brillante interpretación grupal de No Mistery, tema que diera título al álbum del mismo nombre de 1975.

    Lenny WhiteA continuación es el turno del solo de Corea en piano acústico. Una demoledora manifestación de buen gusto, técnica, recursos y relajadas emociones que, tras una merecida ovación, enlaza con una larguísima versión de The Romantic Warrior que, incluyendo los solos de Clarke y White, superaría los 30 minutos de duración. El primero con una festejada performance en contrabajo que osciló entre la sutileza extrema y la pirotecnia innecesaria y White… bueno… los solos de batería en este tipo de conciertos suelen ser como un orgasmo: uno los ve venir y no puede hacer nada para evitarlos. Sin embargo, en este caso White dictaría una elaborada cátedra de técnica, concentración y dominio del tempo, evitando en todo momento el desborde "tribunero". El final será con una bombástica versión de un clásico de la banda perteneciente al álbum Romantic Warrior, Duel of the Jester and The Tyrant.

    ClarkeUna prolongada ovación convoca de regreso al cuarteto para los bises. Sucesivamente llegan una efervescente visión de Dayride proveniente de No Mistery, seguida por Spain del álbum Light as a Feather de 1972 que incluye el reiterado, repetido y a estas alturas aburrido recurso de hacer cantar al público.
    Ahora sí, final.
    Según Aristóteles, hay cuatro causas o razones que deben tenerse en cuenta para hallar una solución a la paradoja de reemplazo: causa formal, causa material, causa final y causa eficiente. Trasladando el concepto, podríamos decir que el río de Heráclito o el barco de Teseo conservan su causa formal aun cuando cambie la causa material; y que los elementos de concepción o causa eficiente y su causa final (cruzar el río o trasladar a Teseo) conservan su propósito. Ergo, Return to Forever sigue siendo el original; así que la valoración de su regreso dependerá de los cambios manifestados en los propósitos estéticos de cada individuo durante los últimos treinta años.
    Al fin y al cabo volvieron.
    Y el que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen.

    Sergio Piccirilli

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