• Victor Wooten: Palmystery

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    2 Timers, Cambo, I Saw God, The Lesson, Left Right & Center, Sifu, Mis U, Flex, The Gospel, Song for my Father, Happy Song, Us 2.

    Músicos:
    Victor Wooten: bajos, cora, palmas, batería programada
    Joseph Wooten: voces, piano, órgano, teclados
    Regi Wooten: guitarra, bajo
    Rudy Wooten, Shawn "Thunder" Wallace: saxo alto
    Richard Bona: voces, percusión
    Alvin Lee, Keb' Mo', Mike Stern, Roosevelt "The Doctor" Collier: guitarras
    Anthony Wellington, Alvin "Lil' Al" Cordy, Anthony "Flex" Wellington, John Billings, Steve Bailey: bajos
    JD Blair, Earl "Big E" Walker, Dennis Chambers, Raymond Massey, Will Kennedy, Derico Watson: batería
    James Jackson, Roy Wooten, Darrell Tibbs: percusión
    Neal Evans, Dane Bryant: teclados
    Jeff Coffin, Karl Denson: saxos
    Rod McGaha: trompeta
    Barry Green: trombón
    Eric Silver: mandolina, violín
    Amir Ali: voces, lute, violín, darabukka
    Howard Levy: armónica
    Chuck Rainey, Sifu Brian Edwards, Dorothy Wooten, Doug Woodard, The Woodard Family, Daniel Hunt, Derrick Lee, Alvin Chea, Saundra Williams, Adam Wooten, Holly Wooten, Kaila Wooten, Keith Lee: voces

    Heads Up, 2008

    Calificación: Apoya vasos

    Trataré de no entrar en cuestiones ajenas al disco que nos ocupa.
    Se trata de Palmystery, el sexto álbum del bajista Victor Wooten, primero para el sello Heads Up. Los cinco anteriores fueron editados por Compass Records.
    El primero de ellos, Show of Hands (1996), en solo bajo, tenía lo suyo. Y lo que tenía no era poco. Le sucedió, un año después, What Did He Say? ya con compañía y con varios de sus familiares. En 1999 apareció el primer CD doble, Yin Yang. Ciento dieciocho minutos es la duración de Live in America (2001), también doble. Pasaron cuatro años hasta la edición de Soul Circus. Y así llegamos al Palmystery de 2008.

    Victor Wooten nació el 11 de septiembre de 1964 en Virginia, U.S.A.; comenzó su carrera musical casi al mismo tiempo que su primera carrera pedrestre, a los 3 años, gracias a los buenos oficios de su hermano Regi. A los cinco, debutó sobre un escenario con sus cuatro hermanos mayores haciendo covers de James Brown, Sly Stone y Curtis Mayfield. Los hermanos grabaron un álbum en 1985 que pasó más bien desapercibido. En el '88 se unió, en Nashville, a una banda de rock. Y un año después, se le cruzó un tal Béla Fleck, quien lo reclutaría para Béla Fleck & the Flecktones, proyecto que aún integra.
    Por supuesto que, paralelamente a su principal fuente de ingresos (los Flecktones son una de las bandas que más actuaciones brinda por año), no sólo editó sus propios álbumes, sino que anduvo de tropelías con Bass Extremes, VitalTechTones (con Scot Henderson y Steve Smith), Buckshot Lefonque (o Branford Marsalis, como prefieran), Prasanna, Extraction (trío con Greg Howe y Dennis Chambers)… y tocó… con casi todos. O, al menos, unos cuantos.

    Wooten es, probablemente, uno de los músicos más virtuosos de la escena jazística internacional. Saquemos el probablemente: Wooten es uno de los músicos más virtuosos de la actualidad. Y de la ante-actualidad, también. Ojo… hemos escrito "uno de los más virtuosos", que no necesariamente implica que sea "uno de los mejores", ¿se entiende?
    A mí, el morocho -que en lugar de dedos parece tener un racimo de morcillas en cada mano- me cae más que bien. Desde que lo escuché con los Flecktones, algo en él me atrapó. Luego vi un video donde explicaba su particular técnica (algo así como pegarle a las cuerdas del bajo en una suerte de "autoreverse", técnica que asimiló porque "no era lo suficientemente rápido con los dedos"). Y más allá de la banda liderada por el querido Béla, también le seguí la campaña tanto en sus registros solistas como en los proyectos paralelos que supo conseguir.

    No siempre hubo correspondencia ni concordancia. Es más: la mayoría de las veces, apenas hubo conexión. Desde este lado, digo. El bajista (con quien cruzáramos algunas frases en ocasión de su visita a Buenos Aires dejando la impresión necesaria como para quedarnos con las ganas de más), ni debe haberse enterado. Allá él. Acá… este escriba.

    Junto con la edición de Palmystery, el mismo día se publicó una novela escrita por Wooten titulada The Music Lesson, que narra la historia de un joven músico que le pone una garra desmedida y que, un buen día, recibe la visita de un místico y extraño profesor de música (al menos eso es lo que parece) que lo guía de manera un tanto espiritual, intentando que el mozalbete no solamente progrese en sus estudios musicales, sino también en la vida misma.

    Pero no estamos aquí para hablar de un libro, sino de un disco.
    De Palmystery, el sexto registro de un bajista virtuoso que se llama Victor Wooten.
    Debo confesar que, desde hace un tiempo bastante largo para nuestra existencia e insignificante para la historia de la humanidad, Wooten viene apuntándole a un blanco que está bastante lejos de un servidor. Pero hay apego, ya se ha dicho. Y atracción. Victor Wooten toca fenómeno y esto no es un misterio para nadie del ambiente. Y del no ambiente… tampoco.
    Por lo antedicho, y como suele sucederme con otros músicos que últimamente también vienen patinando (léase Mike Stern, Dennis Chambers, Scott Henderson, Marcus Miller y muchísimos otros), he decidido no pasar por alto Palmystery. Casi por amor a la camiseta.
    Y aquí estamos, con la misma garra del joven músico de la novela (e incluso más), con nuestro respeto y cariño a cuestas y casi con la necesidad de sorprendernos para bien.
    Por la canidad de músicos (casi toda la parentela, propia y ajena), se veía venir un álbum de fusión. OK, no tiene por qué ser un mal augurio. No hay que prejuzgar. Y además, si la mano viene de palo y palo, no viene mal para cuando, cual Michael Douglas en un día de furia, necesitamos exorcizar-nos.
    A trabajar entonces.

    Doce temas; once originales y el restante de Horace Silver. El comienzo es con 2 Timers; hay dos bateristas, uno toca en 3/4 y el otro en 4/4. Contundencia pura y sobrecargada en la que sobresale la armónica de Howard Levy. Promediando el tema, se produce un abupto corte. Wooten, solo, da paso a un pseudo reggae que luego desemboca en la misma contundencia sobrecargada del comienzo. La tónica (con algún toque ¿árabe?) es la misma. La voz de Saundra Williams asoma potente; pero distorsionada digitalmente parece perder parte de su encanto. Teclados y más teclados. Pirotecnia percusiva y bajística.
    I Saw God, con el propio Wooten relatando imaginen qué, teniendo en cuenta el título. Acá los coros, más que pagar, quedan en deuda. La interpretación, ídem anterior. La composición… este… ¿me hablaba usted?
    The Lesson; están solamente los hermanos Victor y Roy Wooten. Bajo, percusión y palmas. Cierto aire flamenco. Un lujo el Wooten en su instrumento. Alcanza… hasta "ahí", más aún cuando el tema se alarga hasta lo indecible. Left, Right & Center no parece ir en la misma dirección. No solamente porque hay ¡tres! bateristas (y uno de ellos es Dennis Chambers), sino también porque aporta lo suyo Mike Stern, que últimamente anda de capa caída. A ver… usemos la imaginación: tres bateristas (uno de ellos, Chambers), Wooten, Stern y Neal Evans en órgano. Potencia, precisión, velocidad, zafarrancho. ¿Ideas? Esteee… ¿de verdad no me hablaba usted?

    Sifu, que significa "Maestro" en chino. Wooten estudió artes marciales y tuvo su propio "sifu", un tal Brian Edwards, que aportó aquí su voz narrando una de sus enseñanzas. Hay voces, mucha percusión, dos bajistas, saxo, teclados, batería y Mike Stern; que aqui impone su sonido característico en un solo que no llega a tener las notas de Jean Pierre por un poquito "así".
    En Miss U aportan lo suyo The Lee Boys. No tengo la menor intención de profundizar en estos muchachos. Flex; ¿por qué tanto apuro? The Gospel o "de cómo, intentando un mix entre el jazz-fusion y el gospel, se termina derivando en un espanto digno del smooth jazz más recalcitrante".
    Song for my Father es banalizada si más ni más. El intento de modernización de este clasicazo es para que los poco avezados no quieran tener la menor idea de quién fue un tal Horace Silver.
    Happy Song no me ha hcho feliz.
    Y el final, con Us 2, es la mejor manera de desear que un disco termine de una buena vez.

    Me encanta cómo toca Victor Wooten.
    Y Béla Fleck & the Fleckones (especialmente en vivo), ni hablar.
    Pero Palmystery es un álbum previsible, desabrido, sobrecargado, heterogéneo, no sólido, sin dirección, de escaso vuelo creativo, que da la sensación de haber sido realizado varias veces (y mejor… y hace mucho tiempo) y que brinda la imperiosa necesidad de que llegue a su fin.
    Nuevamente… un gran instrumentista no asegura nada.
    Pero, desde ya, aviso: volveré a intentarlo.
    Con Wooten y con los que forman parte de mi propia espalda.
    Pero algo no voy a permitirme: ser ciego.
    O sordo.

    Marcelo Morales

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