• Uri Caine: The Othello Syndrome

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    Músicos:
    Uri Caine: piano, teclados
    Ralph Alessi: trompeta
    Stefano Bassanese: electrónicos
    Sadiq Bey, Josefine Lindstrand, Marco Paolini, Julie Patton, Bunny Sigler: voces
    Jim Black, Zach Danziger: batería
    Joyce Hammann: violín
    John Hebert: contrabajo
    Nguyên Lê: guitarra
    Tim Lefebvre: bajo
    Chris Speed, Achille Succi: clarinete

    Winter & Winter, 2008

    Calificación: Dame dos

    Una cosa es continuar la historia y otra repetirla (Jacinto Benavente)

    Una de las múltiples facetas que ha desarrollado el notable pianista Uri Caine en los últimos tiempos es su particular aproximación a la música clásica. Ajeno a toda solemnidad y aun con resultados dispares ha ofrecido una deliciosa relectura, cargada de ironías e innegable voracidad creativa, de obras inconmensurables de algunos de los más grandes compositores de la historia tales como Bach, Mahler, Wagner, Schumann, Mozart y Beethoven. En su más reciente proyecto, The Othello Syndrome, reúne en un mismo plano conceptual la inmortal ópera Otelo, de Giuseppe Verdi, basada en la obra homónima de William Shakespeare y el delirio cenotípico descripto en el campo de la psicología como Síndrome de Otelo. Esta conducta patológica (nos referimos al síndrome mencionado y no a Shakespeare o Verdi) consiste en el convencimiento del individuo de que su pareja lo engaña con otra persona sin que existan razonamientos lógicos que sustenten esa creencia.
    Tener celos es algo natural, común y, hasta cierto punto, normal. Sin embargo, esa apasionada reacción de la conducta humana ofrece un lado oscuro que se manifiesta de manera obsesiva y peligrosa en los denominados celos patológicos.
    Los celos patológicos distorsionan la realidad y pueden transformar el amor en odio, o sea algo similar a lo que ocurre con el matrimonio. Por supuesto estoy generalizando y no refiriéndome específicamente a su feliz matrimonio, el cual está lleno de comprensión, alegría, comunión de ideas, nobles sentimientos y pleno de seguridades, aun cuando usted no pueda precisar con exactitud en dónde y con quién está su esposa en este momento. No tiene mayor importancia aunque… yo, en su lugar…
    ¡Y hablando de yo! Por suerte no soy celoso. Para nada. Bueno… un poquito, lo normal. Casi. En verdad controlo bastante bien los celos y eso que hay una conspiración mundial para engañarme. Una pregunta: usted no estará leyendo otro comentario, ¿no?

    Los psicólogos describen a los celos patológicos como un trastorno que suele presentarse en personas suspicaces, escépticas y desconfiadas que tienden a controlar excesivamente a su pareja. Esa conducta corresponde a personalidades inestables y puede acarrear trágicas consecuencias, tanto para quien lo o la sufre, como para el sujeto o la sujeta de la obcecación.
    Algunos profesionales y expertos en la materia opinan que el epicentro de este trastorno de la conducta está anclado en la infancia; en cambio otros aseguran que empieza en la niñez. La falta de amor en un niño puede generar problemas de ansiedad que derivan en un adulto histérico o neurótico propiciando de manera inconsciente el hábitat de los celos patológicos. El celoso patológico desea ser amado incondicionalmente, reclama sacrificio pero no es capaz de sacrificarse y, en todo momento, se comporta como si fuese el dueño de su pareja. No siempre es sencillo identificar a un celoso cenotípico, pero si a usted le proponen matrimonio y en lugar de querer concretarlo ante un juez en el Registro Civil pretenden hacerlo ante un escribano en el Registro de la Propiedad Inmobiliaria es, por lo menos, para sospechar. Uno de los trastornos mentales más comunes relacionados con los celos patológicos es el delirio paranoide que corresponde, según los neurocientíficos, a un estado de elevación de la conciencia del Ego con gran tendencia a la auto-referencia y a la proyección de las propias ideas en los demás. El tema central de esta psicosis paranoide lo constituyen los celos sexuales delirantes, incluyendo la compleja psicopatología de la paranoia conyugal o Síndrome de Otelo en la que el delirio de celos se circunscribe a la pareja.

    Aunque excepcionalmente también el delirio puede ser musical como en el caso de Uri Caine en el álbum The Othello Syndrome.
    Un viaje salvaje, revelador, subyugante y divertido en el que confluyen la música clásica, el folk europeo, el jazz, la ópera, el rock, el rap, el funk, el R&B y el góspel.
    Para una cabal comprensión de este álbum, citaré textualmente la sinopsis realizada con referencia a Otelo por el célebre otelólogo Osvaldo Hamlet Battocletti:

    Otelo se casa con Desdémona pese a la oposición de su padre Brabancio quien considera que Otelo pertenece a una casta inferior por ser moro y cuando digo “su padre Brabancio” me refiero al padre de Desdémona y no al suyo de usted. El matrimonio también produce la desilusión del pretendiente de Desdémona, Rodrigo (famoso cantante cuartetero conocido como el Potro) quien bajo influencia de Yago decide reconquistar a su prometida. Más tarde, Otelo es enviado a Chipre como nuevo gobernador y todos los personajes, para darle cierta continuidad a la historia, van tras él… Es decir Desdémona,Yago, Rodrigo y cientos de extras. Una vez en Chipre, Otelo despide a Casio que, como todos sabemos, es una compañía japonesa de electrónicos. Hay que reconocer que después todo se complica un poquito… Yago, que es el esposo de Emilia (Emilia, aclaro, es la mujer de Yago), le dice a Otelo que su esposa lo engaña con Casio (la esposa de Otelo, no de Emilia). Otelo se pone medio loquito y le ordena a Yago que mate a Casio; pero Yago, que según dicen no era muy confiable, hace que Rodrigo intente matar a Casio pero falla… Y falla tanto que es Casio el que hiere a Rodrigo. Ya a estas alturas uno empieza a sospechar que no se trata de una comedia. Yago apuñala a Rodrigo (el Potro) al tiempo que, víctima de los celos, Otelo estrangula a Desdémona, quien muere trágicamente como todos los estrangulados. Luego Emilia le cuenta la verdad a Otelo. Yago mata o semi-mata a Emilia por delatarlo y Otelo conoce la verdad y se suicida. En ese orden. En síntesis: una racha de mala suerte. Incluso años más tarde también mueren Shakespeare y Verdi.

    La obertura Othello's Victory nos sumerge en un ambiente de modernidad exultante asociado al concepto de ópera rock que incluye una agotadora transformación armónica, que va del ragtime al swing, pasando por un fragmento al que en terminología lírica podríamos denominar contrapuntismo con fuocco e molto rabioso.
    Un breve interludio en piano desemboca en Fire Song, pieza que reúne sin prejuicios el free jazz, el clasicismo orquestal y la música electrónica. En Drinking Song conviven el soul, el funk y un enfoque camarístico pero tamizados por un tinte que oscila entre el espíritu que anida en la música hebrea y el típico comportamiento de la gente ebria.
    En Love Duet with Othello and Desdemona, Caine ofrece una encantadora relectura del dueto de amor del primer acto de la ópera de Verdi. La desenfrenada pasión de Desdémona y Otelo se manifiesta a través de la profunda espiritualidad del góspel. En un juego de ironías y complicidades Caine incluye un recititativo, recurso operístico que Verdi abandonara precisamente en Otelo, y un solo de guitarra que parece extractado del álbum de Queen A Night at the Opera. La zumbona orquestación de Introduction to Act II retoma el leit motiv inicial pero sumando un pasaje en swing.

    Iago's Credo rememora un pasaje sobresaliente de la ópera de Verdi, el Credo del segundo acto. El núcleo argumental confronta otro recitativo en el que Marco Paolini, en la piel de Yago, expresa los ocultos sueños nihilistas del personaje, confrontado con un delicioso rosario de vulgaridades en tono de rap a cargo de Sadiq Bey. She's the Only One I Love es un sólido manifiesto funk en el que la voz de Sigler adquiere protagonismo excluyente. Iago’s Web es una yuxtaposición contranatura de electrónicos, música de fusión y ópera que empalma sin anestesia con el romanticismo de Desdemona’s Lament. Sin fronteras musicales a la vista siguen el R&B de Am I a Fool?, la experimentación electrónica de The Lion of Venice y un fascinante collage de hip hop, rap y música de medio oriente en Othello's Confession.
    La perversa belleza de The Willow Song /Ave Maria contrasta con los electrónicos y las voces superpuestas de Murder. Todo termina con el climático The Death of Othello.

    Para disfrutar del fantástico viaje que propone Uri Caine no resulta imprescindible conocer en profundidad la ópera de Verdi.
    Para entender el juego de complicidades y sobrentendidos que propone The Othello Syndrome no es necesario haber analizado cabalmente la obra de Shakespeare.
    Tal vez sólo baste con apreciar la buena música y ser celoso de la creatividad ajena.

    Sergio Piccirilli

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