• Ricardo Cavalli: Un 3 Necesario

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    Thelonious Club – Buenos Aires
    Jueves 18 de diciembre de 2008 – 21:30 hs.

    "Es imposible combinar bien el conjunto de dos cosas sin una tercera, se necesita un lazo que las una" (Platón)

    La Trinidad bien puede ser la distinción de tres personas divinas en una sola y única esencia (misterios de la religión cristiana); o bien la unión de tres personas en algún "negocio". De aquí a la Santísima Trinidad, menos que un viaje en subte. Sí, no me apure, está bien, ya va…
    La Santísima Trinidad consiste en que Dios es uno solo y que en él conviven tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Su misterio, dicen testigos presenciales del hecho, fue revelado por un tal Jesús, que si andaba de buen talante era todo dulzura, pero que si se paspaba un poco te destrozaba los negocios a palazo limpio. También hay una historia no oficial con una tal Magdalena… pero aquí sí que todos se han plegado a un silenzio stampa.

    Tenemos entonces que la Trinidad contiene, sí o sí, tres partes, todas con el 33,33% de participación en las acciones. El tres es un instrumento de cuerdas, el primer número impar (hasta aquí yo pensaba que era el uno, pero parece que no, ya que en la Enciclopedia Libre Universal, por ejemplo, se afirma que un número impar es todo múltiplo de 2 más 1), pero los datos más interesantes surgen desde la numerología.

    El número tres simboliza la expansión, el símbolo de la generación a partir de la unión entre dos complementarios, la espiritualidad como complemento entre cuerpo y alma; es el signo de la expresión artística, sociabilidad, simpatía, superficialidad y espíritu derrochador. Símbolo de la comunicación, la interacción y la neutralidad. Incansable optimismo, felicidad y del disfrute de la vida.
    A lo largo de la historia, el 3 tuvo su importancia. Podríamos afirmar que lo tenemos siempre presente, que aunque no lo veamos, como el sol, siempre está (¡?).
    Veamos algunos ejemplos de su (casi) omnipresencia: en la mitología griega y romana, se ha considerado que el rayo de Jove era tridente, que el "Astro Rey" tenía tres nombres: Sol, Apolo y Liber, que al "sol de noche" se lo denominaba Luna, Diana y Hecate, que había 3 Furias y se conocían 3 Parcas.

    En la Masonería, el Ternario es el más usual de los símbolos. Entre los druidas, los esenios, los asirios, los caldeos, los egipcios, los griegos, los romanos, los judíos y más tarde en la India, la China y en todos los países civilizados conocidos, el número 3 fue muy venerado, circunstancia por la que en la Edad Media, siempre se lo consideró como un "signo favorito", atribuido al "Ser Supremo".

    Platón, Pitágoras, Aristóteles y Virgilio, entre otros, se hicieron verdaderos fans del número en cuestión. Y al margen de cuestiones menores como un tercero en discordia, tres son multitud, la tercera es la vencida y no hay dos sin tres, al entrometido lo tenemos en toda disciplina toda cumpliendo una función tanto didáctica como fundamental.
    La Metafísica reconoce tres mundos: elemental, celeste e intelectual. En el Universo existen la materia, el movimiento y el espacio, todo tiene principio, medio y fin; el tiempo puede ser pasado, presente o futuro; el hombre posee tres potencias intelectuales: memoria, entendimiento y voluntad; y además…
    La Física considera al agua como aire condensado (dos de hidrógeno y una de oxígeno); el aire se compone de oxígeno, hidrógeno y azoe. Determina además tres estados naturales: sólido, líquido y gaseoso. La fecundidad de la tierra se manifiesta por medio del agua, el aire y el calor. Y los reinos terrestres son conocidos como animal, vegetal y mineral.

    En Geometría los cuerpos se distinguen por su forma, densidad y color. Los colores primarios son amarillo, azul y rojo; la extensión se mide por medio del pu
    Los trinósofos poseen tres cualidades esenciales: pensar, hablar y obrar. Los matemáticos han subdividido su ciencia en aritmética, álgebra y mecánica; hay tres clases de números: enteros, quebrados y mixtos y la mencionada (casi) omniprescencia lo lleva (al 3) a la oratoria, la lógica, la oración, la gramática, las Bellas Artes…
    También son tres las Trinidades egipcias, las indúes, escandinavas, aztecas y unas cuantas más. Los católicos cristianos tienen su limbo, purgatorio e infierno y, para ir resumiendo, en la música tenemos tres sonidos: agudo, medio y grave y tres claves: sol, do y fa.
    Les puedo asegurar que hay muchísimas otras referencias al bendito (o maldito) 3. El mexicano Isidro Fernando Estrada Cárdenas parece un experto en la materia, no sin antes recordar que aquel Jesús murió a los 33 años, a las 3 de la tarde y resucitó al tercer día (y venía de que un tal Pedro lo negara 3 veces).

    Pero veamos a nuestro alrededor: Melchor, Gaspar y Baltasar; salud, dinero y amor; azúcar, pimienta y sal; tres tristes tigres, cuarzo, feldespato y mica;; tradición, familia y propiedad (¡ay!); El Padrino (1, 2 y 3); Back to the Future (1, 2 y 3); Tiburón, Delfín y Mojarrita; vino tinto, blanco y rosado; Emerson, Lake and Palmer, regla de tres simple y compuesta; tercero en discordia; tres son multitud; la tercera es la vencida; no hay dos sin tres y, la que más importa: Racing Club, primer Tricampeón (1949 a 1951).


    Usted se preguntará a qué viene todo esto…
    Buena pregunta.
    El saxofonista argentino Ricardo Cavalli editó, recientemente, un nuevo álbum.
    Es su tercer CD.
    Su título es Trinidad.
    Está dividido en tres partes, con tres temas cada una.
    Está interpretado por tres tríos diferentes.
    Cada trío se aboca a tres temas.
    Y fue presentado en tres actuaciones en Thelonious.
    O sea.

    El jueves 18 de diciembre, Cavalli estuvo acompañado por Carto Brandán en batería, Jerónimo Carmona en contrabajo y los guitarristas Miguel Tarzia y Marcelo Gutfraind.
    El Tata no solamente es el primer tema del CD sino también el elegido para iniciar el concierto. Carmona se hace cargo de la base, apoyado por imperceptibles destellos de los guitarristas. La balada, sentida y ante la ausencia de batería, invita a la atención. Y atentos estamos, todos. La sólida base del contrabajista contrasta con las sutilezas de Tarzia y Gutfraind. Cavalli ataca con mucha autoridad (y cuando se pone en puntas de pie o flexiona las rodillas, agarrate). En poco menos de dos minutos han silenciado a los asistentes. No es poca cosa. Tampoco lo es el dueto que el líder lleva a cabo con Tarzia. Empezamos (muy) bien.
    Si bien las composiciones de Trinidad son originales, Cavalli decide recurrir en este caso a Sonny Rollins. Ya con Brandán tras los parches, el inicio en trío (contrabajo, batería y saxo) brinda una sensación parecida a la de estar sentado en el Marc 5 (Meteoro). Y eso que el saxofonista aún no despegó los talones del suelo. Gran digitación en Carmona, tremenda potencia en Cavalli y una singular contundencia no exenta de sutileza en Brandán. Guerrilla. El trío brinda 8 minutos tremendos que incluyó filosas intervenciones solistas a cargo de Carmona primero y Brandán después.

    Cavalli toma el micrófono para presentar a sus músicos pero se entusiasma y realiza algo cercano a un monólogo. Se lo nota contento. Y con gracia. Brandán da inicio a Inmersión atemporal golpeando los parches con sus mazas. Gutfraind realiza un solo ubicuo y sutil, propiciando el despiadado ataque de Cavalli desde el fondo. Hay una cierta aproximación al free, con MG tirando escalas ayudado por efectos y el saxofonista, encendido, asomando sobre el caos. Increíble desaceleración con Cavalli arrastrando las notas, Carmona utilizando (muy bien) el arco y el baterista recurriendo a las escobillas.
    ¿Atemporal? Puede ser.
    ¿Genial? Sin dudas.
    La primera entrada se cierra con Palo Brasao. Una bossa en quinteto. Brandán, en pandeiro, hace lo suyo de manera sencilla y sin atosigar. El comienzo parece una de las tantas incursiones de Stan Getz por la música del Brasil, pero hay un tufillo funky desde las guitarras que… ¿saldrá a flote? Por ahora proponen, pero Cavalli dispone ir por la Avenida de la Bossa, aunque decide sentarse al borde del escenario/tarima cuando Tarzia realiza una prístina intervención con Gutfraind haciendo la segunda. Aparece una suerte de "funky bossa". El saxofonista disfruta el momento. Yo lo imito. Retorna el saxofonista para su solo pero Tarzia no se rinde y sigue incitando al descontrol. Brandán se olvidó del pandeiro y los tambores sufren. El final viene acompañado de un despiadado combate entre los guitarristas… ¡y los demás también!

    Luego de un breve paréntesis, reinician el concierto con Trinidad, donde Cavalli es acompañado en el inicio por Carmona y Brandán, encendidos los dos cual Cricket eterno. Por momentos coqueteantes con el blues, a la feroz intervención del trío se suman los guitarristas y no justamente para poner coto a la cuestión. Lideran alternadamente, se preguntan, se contestan, se atacan, se defienden, gran momento.
    Vuelve a tomar la palabra el líder para realizar un (otro) monólogo desopilante que incluyó un reto: "hagan ruido que varios discos de mis ídolos tienen de fondo un lindo quilombo".
    La luz en el balcón lo trae a Cavalli solito y solo con una intro rayana en la demencia que nos hace pensar "que no se sume nadie… que no se sume nadie…" Pero Gutfraind no hace caso a nuestros ruegos mentales y empieza a hacernos cambiar de opinión a fuerza de sutilezas varias. Tarzia lo empuja, lo incomoda un poquito para beneplácito de todos. Los roles se invierten. Carmona está ausente con aviso. Saxo y dos guitarras brindan un pasaje intimista y envolvente. Brandán se suma para un final cuasi épico.

    El último tema "oficial" es Tonos y formas, dedicado a Jerry Bergonzi; antes de ello, RC se manda con una perorata dislocada en castellano, inglés y alemán. Y parece que lo ha hecho bien. En alemán y en inglés. Castellano entiendo poco y nada.
    Nuevamente la intro está a cargo del líder que cede el protagonismo a Gutfraind quien ofrece una sólida y atrayente intervención, sostenido por el furioso tandem Brandán – Carmona. Reaparece Cavalli a pura potencia y luego Carmona, apoyado en los infinitos recursos de Brandán, realiza un solo inmejorable. El quinteto toma velocidad y, sin estrellarse, llega a la meta.

    En el bis se respira un aire coltraniano (o coltraniense). Los guitarristas brindan un momento de raro y bello ascetismo. Los compañeros se suman. Gran intensidad sobre el escenario. Y debajo también. Reflexivos, intensos. Mucha libertad, espacio y comunión. Carto Brandán quema las naves en un final que lo tiene a Cavalli exprimiéndose hasta lo indecible. Gran final para un gran concierto.

    A la palabra Trinidad, en numerología, le corresponde el 7.
    Un número espiritual, conectado con lo místico y que confía más en su voz interior.
    Ah… y de acuerdo a su fecha de nacimiento, al saxofonista Ricardo Cavalli le corresponde el número… 3.
    Y hablar de casualidad a esta altura sería tentar al destino, a los dioses… y a los números.

    Marcelo Morales

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