Mariana Pereiro / Guillermo Capocci: Lucero

Blackbird / La vida mía, Y me debes creer, Menino das laranjas, Canción de lejos, Arrullito, Desvaríos Guille / La humilde  / Me he de ir, Imagina, Nada, Canto de ordeño, Valentín, Floreadita, Desandando (fragmento), Ámbar violeta, Eu preciso aprender a só ser

Músicos:
Mariana Pereiro: voz, kalimba en Floreadita
Guillermo Capocci: guitarras, voz

Independiente, 2010

Calificación: Está muy bien

A diferencia de lo que usted puede suponer, la astronomía no es uno de mis fuertes. Ni siquiera uno de mis débiles. Raro… porque es un tema que me interesa de verdad… Me hago fuerte en esta afirmación por el hecho de no haberme perdido uno solo de los capítulos de Cosmos, aquel programa televisivo realizado y conducido por Carl Sagan. Es más… hasta el libro me compré. Pero no sé… no me queda, ¿vio? Aunque últimamente le puse un poco más de garra y algunas cosas aprendí. Decidí empezar por el planeta del monte, el de la diosa romana del amor, la belleza y la fertilidad (o algo así)… sí, acertó: Venus.
Entonces aprovecho y le cuento (disculpe, pero si no es a usted… ¿a quién?) que es el segundo planeta del sistema solar y el más parecido a la Tierra por su tamaño, densidad, masa y volumen. Además, ambos se formaron en la misma época, a partir de la misma nebulosa. Pero hay alguna que otra diferencia también: no tiene océanos, por ejemplo; y al ser su atmósfera tan densa, el verano es un poquito complicado, ya que se registran temperaturas cercanas a los 500 (quinientos) grados centígrados. O sea… no te salva ni el popular hombre de la barra de hielo (ni Karadagián, ni la viudita misteriosa, ni Peucelle, ni el Caballero Rojo y mucho menos la Momia –ni la blanca ni la negra-). Y menos mal que no llueve: las nubes están compuestas por dióxido de azufre y ácido sulfúrico. Ni un paraguas de amianto te salva…

Los entendidos (y ya voy en camino de serlo) aseguran que la superficie de Venus es relativamente joven: se calcula que anda entre los 300 y los 500… ¡millones! de años. O sea… el sueldo en velas en cada japiverdi… Y usted que se anda quejando porque “a su edad” le aparecieron un par de achaques… Así que deje el diclofenac de lado y atienda al que sabe: Venus posee algunas montañas y amplias llanuras atravesadas, como corresponde, por ríos. Pero en este caso estamos hablando de ríos de lava (olvídese de la pesca), ya que con la calorata existente no hay chances ni de espejismos. Eso sí… tira un churrasco al piso y antes de caer ya está a punto.

Venus tiene algunas otras cosas raras… al menos para los terrícolas; a contramano de lo que indican las buenas costumbres, el sol sale por el oeste y se pone por el este. Parece que con tal de diferenciarse en algo de los demás, metieron un decretazo (aunque Urano se copió). Pero además, un día en el planeta del monte equivale a 243 (doscientos cuarenta y tres) días terrestres. Parece que cuando alguien le dice a otro “te veo mañana” terminan a las piñas. Es el planeta que más puede acercarse a la Tierra; así que tenga cuidado… porque si en el año 2101 usted está todavía dando batalla por estos lares y aún no ve crecer las flores desde abajo, búsquese un buen refugio, ya que Venus se acercará a apenas 39.541.578 kilómetros. Y no es cuestión que habiendo llegado hasta el siglo 22, se me vaya a morir por falta de precauciones.

Otra característica saliente es que, al igual que al sol y la luna (que no son planetas pero para el caso es lo de menos), se lo puede divisar sin la necesidad de recurrir a telescopios, prismáticos, catalejos o lupas. Ni lentes de contacto hacen falta. Porque por ahí usted no lo sabe… o se le olvidó (o sencillamente prefiere hacerse el otario), pero ese reflejo que usted puede divisar en el cielo como una luciérnaga de luxe es nada más ni nada menos que el planeta Venus.
Al que también se denomina Lucero.
Y… ¡oh casualidad! Lucero es el título del álbum que grabaron en forma conjunta la cantante Mariana Pereiro y el guitarrista Guillermo Capocci.

Mariana Pereiro es integrante del cuarteto El Diablo en la Boca (junto a Maia Mónaco, Alejandro Oliva y Gabriel Spiller) y grabó en Burkina Faso Yeliba, la gran visión, un trabajo sobre músicas originarias y composiciones propias que espera editar próximamente. También ha participado en diversos proyectos junto a artistas como Juan Carlos “Mono” Fontana, Norberto Minichilo, Quique Sinesi, Alejandro Franov, Nora Sarmoria, Marcelo Katz, Fernando Kabusacki, Santiago Vázquez, Inés Bayala y un etcétera de interesantes dimensiones.
Guillermo Capocci, en tanto, ha dejado su impronta en agrupaciones como El Túnel, La Acústica Cuarteto y Mancebos, fue uno de los creadores de la Orquesta Nocturna de Bs. As., ha grabado o colaborado con “Mono” Fontana, Minichilo, Gastón Puy, Nacho Mascardi, Pablo Mainetti, Bernardo Berge, Pablo Agri, Hernán Ríos, Pablo Tozzi, etc. Y posee un disco solista, Milésimas, donde fue acompañado por Omar Caraffini, Néstor Lamónica y Flavio Romero.

Lucero ofrece un repertorio que transita por varios territorios, algo que queda claramente expuesto ya en el track inicial, un medley bien logrado entre Blackbird (de Lennon y McCartney) y La vida mía (una copla anónima del noroeste argentino). La exquisita me debes creer (de Leguizamón y Regen) es, desde los buenos oficios de Capocci en guitarra (y voz) y el riesgo asumido por Pereiro, justamente, una exquisitez. La vigorosa Menino das laranjas, de Theo de Barros, es sucedida por Canción de lejos, el clasicazo de Tejada Gómez y César Isella en una versión que opaca a la gran mayoría que uno ha escuchado (y fueron varias, créame). Arrullito, composición de la cantante, asoma como un atractivo hallazgo autoral. Continúa un medley con una notable y sentida intro de Capocci, Desvaríos Guille, seguida por La humilde (de Cachilo Díaz) y Me he de ir (otra copla anónima, en este caso del norte argentino). La trilogía funciona de perlas. Imagina, de Buarque y Jobim, no aporta demasiado a la causa. En cambio la relectura del tango Nada, de Dames y Sanguinetti, es una maravilla sin desperdicio alguno.

Canto de ordeño, de Antonio Estévez, marca un quiebre desde los sonidos y loops aportados por Capocci en guitarra eléctrica y una Pereiro en estado de gracia. Uno de los momentos cumbres del CD. Valentín, de Alejandro Oliva, no puede no despertar dos sonrisas: una facial y otra estomacal. En el segundo aporte compositivo de Mariana Pereiro, Floreadita, la cantante se acompaña sólo con una kalimba que ella ejecuta en sintonía con sus buenos oficios vocales. Desandando (fragmento), de Raúl Carnota, cuenta con la voz líder del guitarrista y no hay mucho más por decir. En tanto que Ámbar violeta, del rosarino Fito Páez, es otra de las gemas de Lucero a partir de un arreglo impecable coronado por el dúo que aquí brinda destellos lumínicos de relevancia. El final del álbum recae en la versión en castellano de Eu preciso aprender a só ser de Gilberto Gil. Con sonido de grillos de fondo, no desentona pero tampoco brinda algo que se pueda considerar de relevancia.

Lucero es un disco de canciones interpretadas exclusivamente en voz y guitarra (con la excepción de Floreadita, en voz y kalimba). Por ende, un aire intimista y cálido atraviesa a todas las composiciones logrando (y anote esta frase que nunca fue dicha ni escrita) “un resultado homogéneo a pesar del repertorio heterogéneo”.
Guillermo Capocci demuestra, entre otras cosas, su pericia habitual en su instrumento; y Mariana Pereiro asoma como una de las voces a tener muy en cuenta en el panorama musical argentino y, también, latinoamericano. Ambos han conformado una cómplice sociedad reflejada en un álbum que brilla con luz propia y cuyos destellos, bien visibles, iluminan sin enceguecer.
Como corresponde a un verdadero Lucero.

Marcelo Morales

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *