• Burning Ghosts en concierto: La rebelión de los fantasmas

     

    BurningTwoJueves 5 de octubre de 2017 – 20:00 hs.

    Zebulon Café (Los Angeles, USA)

     

    El panóptico fue un diseño de arquitectura carcelaria ideado a finales del siglo XVIII por el filósofo británico Jeremy Bentham. El objetivo de la estructura panóptica –con una torre central rodeada por celdas individuales– fue generar una asimetría visual entre el guardián y los reclusos, cuyo efecto más importante era inducir en el prisionero un estado de observación permanente que asegurara su sumisión a la autoridad y garantizara el funcionamiento automático del poder, sin importar que esté siendo vigilado o no.

    El filósofo e historiador francés Michel Foucault, en su libro Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión -en donde examinó los cambios producidos en los sistemas penales occidentales durante la era moderna–, advierte que el dispositivo panóptico carcelario se ha ido extendiendo a otras instituciones hasta transformase en una forma de perfeccionamiento en el ejercicio del poder, ya que permite reducir el número de quienes lo ostentan al mismo tiempo que multiplica la cantidad de aquellos sobre los que se ejerce.

    Del mismo modo en el que Giles Deleuze afirma que la forma abstracta del panóptico no es “ver sin ser visto”, sino “imponer una conducta cualquiera a una multiplicidad humana cualquiera”, Foucault nos dirá que esos sistemas disciplinarios de encarcelamiento terminaron convirtiéndose en las formas canónicas que dominan al conjunto de la sociedad.

    De hecho, podemos colegir que ese eficaz sistema de domesticación –no hay cárcel más eficiente que aquélla que no se ve– fue generando un voluntario, masivo y dócil acatamiento a la autoridad en donde se naturaliza la idea de pensar lo que otros necesitan que pensemos y ser lo que otros necesitan que seamos.

    Por eso, aquellos que no son domesticados por el sistema pueden ser reprimidos o bien –parafraseando a Karl Marx– dejan de existir para convertirse en “fantasmas”; es decir, en algo invisible para el poder.

    En todo caso, la transformación de dicha realidad no provendrá de quienes ostentan el poder dominante ni de aquellos que permanecen callados e indiferentes sino que nacerá en el mismo momento en que los olvidados, los “fantasmas” o los que son invisibles para el sistema, alcen la voz y ejerzan su propio poder.

    El ideario estético del cuarteto Burning Ghosts (en inglés, Fantasmas ardientes) manifiesta un grito de rebeldía, la voluntad para transformar la realidad y el intransigente ejercicio de sus propias convicciones mediante una singular amalgama de activismo político y compromiso social con la vocación exploratoria del jazz de vanguardia y la provocativa fortaleza sonora del heavy-metal.

    Este cuarteto angelino liderado por el notable compositor y trompetista Daniel Rosenboom (Dr. Mint, Plotz!, Daniel Rosenboom Quintet) y que completan los sobresalientes Jake Vossler (Whale, Thornlord, Plotz!) en guitarra, Richard Giddens (Lost and Found Orchestra, STOMP, The Richard Giddens Quintet) en contrabajo y Aaron McLendon (Postmodern Jukebox, The West Coast Get Down, Taylor Eigsti Trio) en batería, debutó discográficamente en 2016 con el álbum Burning Ghosts, trabajo en donde ofrecieron un valiente e incendiario alegato sobre la injusticia, el racismo, la brutalidad policial y la pérdida de la identidad nacional. En 2017 regresan con la edición del arrollador Reclamation para entregar “otro álbum de protesta” en el que abogaron –siempre desde una perspectiva musical vanguardista- por la recuperación del sentido de la justicia social, la fraternidad y la ética gubernamental en Estados Unidos y el resto del mundo.

    BurningOneEsos radicales postulados que definen a Burning Ghosts tuvieron su representación escénica en el prestigioso Angel City Jazz Festival con la actuación ofrecida por el cuarteto en Zebulon Café de la ciudad Los Angeles.

    La apertura del concierto se materializa mediante una descomunal y abrasiva lectura de Defiance, tema extractado del álbum Burning Ghosts de 2016. El curso evolutivo de la pieza –tras una prólogo que difiere con la versión original– girará en derredor de un vigoroso motivo musical que confronta las luminosas frases en trompeta y la indómita sonoridad de la guitarra con los implacables patrones rítmicos que edifican el contrabajo de Richard Giddens y la batería de Aaron McLendon. Luego, la pieza adopta robustas dinámicas en swing desde donde afloran las impiadosas intervenciones solistas de Daniel Rosenboom en trompeta y Jake Vossler en guitarra y una recapitulación del motivo central que irá descendiendo hasta disiparse por completo.

    Un sólido e imaginativo solo en contrabajo a cargo de Richard Giddens –al que luego se acoplará la batería de Aaron McLendon– marca el inicio de Harbinger. Esta composición (proveniente de Reclamation) ofrece una exploración vertiginosa y sin concesiones que parece orbitar el punto imaginario de encuentro entre el heavy metal y la avanzada del jazz. En un contexto de superlativa labor de conjunto sobresaldrá aquí, muy especialmente, la turbulenta y excitante intervención de Jake Vossler en guitarra.

    Acto seguido empalman tres temas de Reclamation a modo de suite: The War Machine, FTOF y Radicals.
    En el primero de ellos, el cuarteto construye una sólida narrativa musical en la que se van sucediendo sus espaciosos trazos introductorios, una encantadora línea melódica dictaminada por el lirismo de la trompeta de Daniel Rosenboom y el épico crescendo en cuyo clímax asoma el protagónico aporte de Jake Vossler en guitarra.
    FTOF, en tanto, configura un vibrante relato colectivo de fragmentada sincronía en donde sobresalen sus logrados contrastes y matices, los impiadosos arrestos percusivos que imparte Aaron McLendon desde la batería y el imponente vuelo de la trompeta de Daniel Rosenboom.
    La “suite” tendrá como colofón una de las gemas del último álbum de Burning Ghosts: el asombroso y alucinante Radicals. La versión de esta composición –en la que se yuxtaponen la vanguardia del jazz, el metal extremo y el heavy funk– ofrenda una lectura furibunda y decididamente estremecedora. Todo subrayado por una gran entrega colectiva en la que ocupa un lugar de privilegio la aparición solista del contrabajo de Richard Giddens.

    BurningThreeLa parte final del concierto enlazará –también a la manera de una suite– cuatro temas de Reclamation: Betrayal, Catalyst, Zero Hour y Revolution.
    Los melancólicos trazos iniciales de Betrayal confluyen, paulatinamente, en un sugestivo patrón rítmico desde donde surge el cristalino discurso enunciado por Daniel Rosenboom en trompeta. A renglón seguido, sobrevienen el poderoso alegato vanguardista de Catalyst –con notables aportes de Jake Vossler en guitarra, Richard Giddens en contrabajo y Aaron Mclendon en batería– y el temperamento exploratorio desplegado en Zero Hour.
    La conclusión de la suite, y también del concierto, se materializa con una épica y avasallante versión de Revolution. Final.
    Los músicos saludan abrazados y con la convicción de haber cumplido su misión. El público se lo retribuye mediante una cerrada ovación.

    No existe el panóptico ni el sistema de dominio que pueda vigilar y castigar la voluntad colectiva, la solidaridad y el pensamiento crítico.
    Y el comprometido alegato de Burning Ghosts, además de confirmarlo, parece querer decirnos que ya está en marcha… La rebelión de los fantasmas.

     

    Sergio Piccirilli

     

    Nota: Agradecemos el aporte fotográfico de Eron Rauch y Dean Westerfield

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