Roxana Amed
¿Pero sentiste placer con Limbo?
Absoluto, cuando llegó “el” momento me morí. Para mí fue un evento muy intenso. Limbo estuvo teñido de muchas cosas y fue mi primer espejo y será siempre mi mejor momento musical, desde ese lugar. Pero también abrió la puerta a otros mundos que tengo que inspeccionar.
¿Por qué no te producís vos artísticamente?
En Limbo tenía todo hecho, pero quería tener una mirada de afuera, alguien que entendiera más que yo de las cuestiones técnicas y Pedro (Aznar) fue muy generoso y relajado, mucho más de lo que yo pensaba. Concilió todo el tiempo. Necesitaba tener un diálogo con alguien. Para Entremundos me lo cuestioné mucho. Andaba con ganas de hacerlo yo pero me tildé un poco con los sucesos comentados y entonces lo co-produje con Pedro. La verdad es que recién ahora me siento cómoda como para poder hacerlo yo. Tiene que ver más que nada con hábitos; tampoco quise que me pasara lo que siento yo con algunos discos de gente que hace todo y terminan siendo un bodrio. No quería padecer el efecto Calamaro donde todo es igual; y el oficio de escribir canciones por un lado te reclama estructuras y lugares comunes para que esas canciones produzcan un efecto. Pero sabía que si no salía de eso, hasta yo me iba a embolar. A mí siempre me preocupó mucho la calidad de ingeniería de los discos. Lo espontáneo me seduce, pero también me gusta que mis discos suenen bien y eso pasa por carriles que hasta ahora no manejaba. Y me daba un poco de pánico. Ahora me siento mucho más segura.
Ser mujer y liderar, ¿es complicado, te lo hacen notar?
Mucho. Yo fui y soy ardua. Fijate que empecé a liderar mi proyecto inmersa en un estrés galopante. Me tocó ir a tocar a Notorious el mismo día que murió mi viejo. Pero no podía estancarme. Tuve que hacer un esfuerzo muy grande para no ser una persona difícil. Sé que pude haber sido muy exigente con las personas que trabajé. Lo necesitaba porque no me estaba fumando un porro en mi casa y todo me costaba mucho. Por otro lado estoy convencida de que todos los músicos con los que toqué han sido bien tratados y ninguno se fue a su casa, después de tocar, sin su dinero aunque tuviera que salir de mi bolsillo. Siempre traté de que todos se sintieran parte del proyecto y nunca me quedé con algo que no me correspondía.
Me contestaste lo que quisiste, porque yo te pregunté si a la hora de liderar se te complica…
Y… un poquito… porque ser mujer, ser cantante y ser autora también es complicado. Y ser la que garpa… también.
Y ya que mencionaste la palabra “cantante”, ¿por qué creés que la mayoría de los músicos de jazz no se banca a los cantantes?
Porque en general, los cantantes no son músicos. No me siento incluida en ese paquete. No tiene que ver con información ni con destreza, sino con cómo te subís encima de la música. La mayoría de los cantantes están ahí como si fuera una naranja pegada en un cuadro. Afuera del cuadro, nunca adentro. Y a mí esas cosas me desesperan.
¿Vos te considerás cantante de jazz?
Me consideraba. Y creo que, como tal, me subo al escenario. Lo que sí sé (que lo aprendí del jazz), es que el sonido es muy importante y tiene que estar en función del repertorio. Y yo lo hice permanentemente, cosa que en otros géneros no ocurre. Vos vas al pop, un Luis Miguel, por ejemplo… y cantan siempre igual, los cantantes van delante de la música. No en algunas cosas del rock o del pop alternativo; no pasa con Tori (Amos) o con otros seres así, donde el instrumento (refiriéndose a la voz) está en función de lo que la música necesita. Eso lo aprendí del jazz, de hacer un cóctel cerebral entre Sarah Vaughan y Dianne Schuur. En ese sentido sí me siento una cantante de jazz…
Hace poco, Ernesto Jodos me dijo algo que me hizo pensar… y es que él necesita que un cantante haga lo que un músico no puede hacer con su instrumento.
Tal cual… totalmente… ése es el sonido… si yo me siento a cantar y canto (canta) “My heart is so lonely for you…” lo puede tocar cualquier; ahora… si lo canto de una manera en la que, corazón mediante y trabajándolo, tengan que decir “sólo un ser humano puede hacer eso”, estamos hablando de otra cosa. Y hacia ese lugar intento llegar. Yo también digo que si el tipo que toca el piano no va a poner algo que pueda poner yo… que se vaya.
Hasta ahora estuviste dura, hablaste mucho, le pegaste a alguna gente…
Y… soy así…
¿Se complica sostener eso?
Lo he dicho en otras notas pero es evidente que no les interesó publicarlo. Siempre respeté al tipo que estaba laburando. Si yo hubiese sentido que a esos pibes les importaba lo que estaban haciendo, yo les daba lo mejor de mí. Con respecto a sostener… ellos lo saben…
Hay dos clases de personas; por un lado, gente con la que trabajé como proveedora de temas, como coach… esa gente ya sabe lo que hago y lo que pienso. Hay otra gente con la que trabajo, muy pesada, a quienes nunca les dije lo que pensaba pero ellos lo saben bien. Me refiero a tipos que pueden meter mis canciones en discos de otros. Con esa gente de la industria yo tomé distancia y no trabajo más. Como siempre fui muy respetuosa y, la verdad, poco canchera; como además a esos tipos lo que yo hago les importa tres carajos, nunca llegamos a una situación insostenible. La verdad es que no me preocupa mucho y lo cierto es que no podría volver a tratar con ellos, lo que es una macana porque a veces te los cruzás en algún laburo; aunque calculo en que ya llegará el momento en que a alguno lo mande a la mierda.
¿Eso no te genera…
¿Esquizofrenia?
No… una mayor ansiedad para concretar tu carrera…
Sí, puede ser… me pasó más que nada en Limbo… tenés razón…
¿Y por qué se eligieron colores tan oscuros para la tapa de tu disco nuevo?
Lo mismo me dijeron hace poco. Yo sentí que no había mucha más luz. Aunque no era la oscuridad que tenía en Limbo.
Pero Limbo tiene una tapa cristalina, en cambio Entremundos…
Y… se ve que…
