Lucía Pulido
Debo reconocer que, en general, la primera asociación que me viene a la mente al pensar en el hermano país colombiano es el fútbol con el Pibe Valderrama a la cabeza (¿dónde iremos a parar si se apaga?).
Pero mucho más fuerte fue el lazo gracias a la noble tarea de otros dos futbolistas, los magnos, intocables, insuperables y justamente endiosados Viveros y Bedoya, dos de los artífices de la gloriosa gesta del Racing Club campeón en el 2001 (luego de 35 años de sequía y frustraciones varias, observen en la imagen el despilfarro de celulosa ante la salida del team) cuando en la Argentina se cayó absolutamente todo.



Actualmente, Pulido se encuentra inmersa en varios proyectos paralelos: “América Contemporánea – um Outro Centro” con el pianista brasilero Benjamin Taubkin y músicos de diferentes países de Latinoamérica; el proyecto "Colombiana" para voz y cello del cellista neoyorkino Erik Friedlander, basado en poemas de diferentes poetas colombianos; los temas clásicos del "despecho" presentados con músicos residentes en la ciudad de Nueva York y un proyecto basado en la música tradicional colombiana y en canciones compuestas para su voz -con arreglos contemporáneos- con su ensamble “Palenque”, con el que tiene un disco listo para su edición en el 2007.

Nos encontramos una calurosa tarde de diciembre, al aire libre, comprobando rápidamente que su arrolladora presencia arriba de un escenario resultaba un inmenso contraste con su hablar pausado, generoso, respetuoso y... cálido. Nos ha seducido del mismo modo que cuando lanza el aluvión de Tsunamis. Con otras armas. Las únicas pocas palabras que habíamos cruzado previamente fueron exclusivamente para combinar día, lugar y hora de la entrevista. A priori, era todo ganancia. Y... ¿saben qué? Lo fue.
Bueno... nuevamente en Buenos Aires...
Aquí me ves... muy ocupada, tratando de proyectar el trabajo de cantar...
¿Es un trabajo cantar?
Es un trabajo cantar.
A ver... ¿cómo es eso?
En realidad es más trabajo tratar de cantar... abrir espacios para que lo que uno hace tenga no necesariamente acogida, sino que exista. Eso implica un esfuerzo en muchos niveles y ésa es una de las partes del cantar, aunque no sea el canto mismo.
Es decir que sería un trabajo previo para que el canto llegue
Claro, algo así como una tares de pre-producción.
¿Y qué pasa cuando se llega al momento de cantar?
Ahí ya empieza el disfrute. Es tener la tranquilidad de que aquello por lo que has trabajado lo podés concretar y, más que eso, compartir. Lo que pase de ahí en adelante ya no depende de uno. La gente lo recibe o no.
¿Te considerás una cantante o una intérprete? Creo que soy las dos cosas; intérprete porque no soy compositora y me reinvento las canciones. Y cantante, en la medida en que hay una búsqueda en el sonido de la voz, pensada como un instrumento.¿Qué instrumento sería la voz tuya?
Bueno... la voz...
No me digas que la voz es el instrumento más perfecto... (risas)
No... para nada, para nada... Hay distintos instrumentos que tienen afinidad. Por ejemplo... para mí es importante sentir colores que no se peleen; hay timbres que me gustan más que otros. Una cosa es que me gusten y otra que funcionen... el color del violoncello, de las maderas, va bien con la voz... con mi voz, en este caso. La percusión, también.
Vos hablás del violoncello y trabajaste y vas a volver a trabajar con Erik Friedlander...
Es más un proyecto de él donde me invita a participar.
Pero son ustedes dos solitos.
Sí... él compone para violoncello y voz.
¿Y vos lo tomás como si fueran dos violoncellos o dos voces?
Para mí son dos voces, como dos colores. Cuando yo hablo de la voz como instrumento me estoy refiriendo al color. Es que la voz tiene algo que quizás no tiene ningún otro instrumento, que es la individualidad. Vos escuchás un trombón y probablemente reconozcas quién es el que lo toca por el estilo; pero en la voz hay algo único y particular que implica que no pueda ser la voz de otra persona. La voz tiene una personalidad especial y es diferente si la comparás con otras voces.