Gustavo Bergalli

BergalliTal vez se deba al azar (esa causa o fuerza que supuestamente determina que los hechos y circunstancias imprevisibles o no intencionados se desarrollen de una u otra manera).
O se trate de una simple coincidencia (encuentro o conjunción; la circunstancia de coincidir dos o más personas, cosas, sucesos o fenómenos).
O probablemente se haya dado así nomás y para qué andar buscándole la tercera pata al avestruz.
Lo cierto es que cada vez que nos encontramos con el trompetista Gustavo Bergalli, en cualquier condición, es una invitación al disfrute.

Facundo BergalliEl hecho de que su hijo, el guitarrista Facundo Bergalli, haya vivido durante muchos años en el Partido de General San Martín (una zona de la Provincia de Buenos Aires que… digamos… no es todo lo fácil que uno hubiese querido y de donde un servidor es oriundo) siempre fue motivo de chanzas, de códigos, de guiños. Hay un detalle: Gustavo no vivió en tal glorioso barrio; pero ha hecho los méritos suficientes como para ser aceptado; casi podríamos decir… adoptado.
Gustavo Bergalli nació en 1940 en Palermo, Capital Federal. Y desde muy joven fue convirtiéndose, paso a paso, en uno de los referentes ineludibles de la historia del jazz argentino.

De más está decir que ha tocado con prácticamente todos. O más bien habría decir que todos han tocado con él. Y el listado de músicos no se circunscribe solamente a nuestro país. Ha grabado o tocado, por ejemplo, con Joe Lovano, Kenny Werner, Lee Konitz, Jack DeJohnette, Adam Nussbaum, John Scofield, Palle Danielsson, Michael Brecker, Kenny Dorham, Bobo Stenson, Maria Schneider, Bob Brookmeyer, Jim McNeely, Bob Mintzer, Phil Woods, Jimmy Heath, Klaus Ignatzek… son tantos que, mejor, avancemos.
Porque la vida musical de Bergalli no se remite sólo al jazz. Sus proyectos también han virado hacia el tango, el folclore… y hasta el rock y la música electrónica.

Mapa de SueciaEn 1975 se radicó en Estocolmo, Suecia, por unos 30 años. Ha sido (y sigue siéndolo, tal vez con mayor presencia que nunca) un verdadero embajador de la música argentina. Y cuando hemos tenido la posibilidad de hablar con algunos de los músicos internacionales que han tocado con él, todos coinciden en su talento, su apertura, su afabilidad y su humor, por momentos filoso y corrosivo.

Gustavo Bergalli es muy respetuoso con sus colegas; y con quienes no lo son, también. Pero exige (no solicita, exige) el mismo respeto. Al hablar, es minucioso y claro en sus conceptos sin dudar en solicitar la reiteración de una pregunta, simplemente para ser certero con su respuesta. Un verdadero profesional, un lujo para cualquier periodista que a la hora de convocarlo para una nota la primera pregunta del trompetista sea “¿cuántas horas necesitamos, alcanza con tres o cuatro?”

Están avisados: Bergalli habla mucho y bien. Y de todo. Tiene anécdotas para varios tomos y una memoria prodigiosa. Y es de risa fácil; y contagiosa.
Independientemente de coincidir o no con sus apreciaciones; al margen de que sus discos nos gusten más o menos, e insistimos: tal vez sea por azar o coincidencia… la verdad es que nuevamente hemos pasado un momento inolvidable
Un lujo que ojalá hayamos podido trasladar en letritas como el protagonista merece.
Y hemos hablado tanto (y no quieran saber todo lo que no incluimos), que en esta introducción sólo me queda agregar una cosita:
Muchas gracias, Master

¿En qué anda?

Atareado y no atareado. Tengo mucho enfrente mío para hacer. Algo muy importante es que en abril voy al Lincoln Center a dirigir y a tocar como solista. Son dos conciertos, el 13 y 14 de abril. Ojo, que no es la orquesta que dirige Wynton Marsalis, es la otra, la Afro Latin Jazz Orchestra que habitualmente dirige Arturo O’Farrill. Y lo que vamos a hacer es un proyecto que yo tengo en Suecia… ¿querés ir grabando?

Está grabando ya…

Qué sinvergüenza… (risas) sin habérmelo dicho… (retomando el hilo de la conversación). Yo ando por el mundo con un proyecto que originalmente lo realicé con la Stockholm Jazz Orchestra, que es tango con big band, arreglado por Carlos Franzetti. El concierto era una primera parte con la orquesta, instrumental; y la segunda parte, la misma orquesta con Susana Rinaldi en voz y yo como solista. Hicimos tres conciertos así en Suecia. Después, grabamos para DMP Records, en New York, un disco que se llama Tango. El disco salió, pero como estábamos en conflicto con el tipo, no lo presentó a los Premios Grammy. Y Franzetti me dijo que, de haber formado parte, ganaba seguro. Bueno… pero volviendo al proyecto de la big band, eso lo hago yo ahora por Europa con distintas orquestas, bandoneón y yo, que dirijo y vendría a ser el solista principal.

¿Los bandoneonistas son argentinos?

Sí, claro. El que grabó fue Juan José Mossalini. Después estuvo Walter Ríos, hicimos una presentación en la Sala de Conciertos de Estocolmo, donde la primera parte la hicimos en quinteto y la segunda con la orquesta. El repertorio es más bien clásico: Troilo, Manzi, Piazzzolla… arreglados para big band. Suena bárbaro… entonces ahora lo hago solo, con un bandoneonista muy bueno que vive en París y que se llama Víctor Villena; entonces vamos por Europa, ensayamos unos días con las orquestas y damos una serie de tres o cuatro conciertos. Éste es el proyecto que llevo al Lincoln Center; pero la primera parte la vamos a hacer en quinteto con (el contrabajista) Pablo Aslán, que es quien consiguió esto. Con el quinteto ya grabamos, el disco acaba de salir en New York, se llama Buenos Aires Tango Standards. En el Lincoln Center va a estar el Pipi Piazzolla en batería, Arturo O’Farrill en piano, Daniel Binelli en bandoneón, Pablo Aslán en contrabajo y yo.
Después de ahí, tocamos en quinteto para la presentación del disco. Luego viajo a Suecia a dar unos conciertos con una banda muy buena allá que es la High Coast Jazz Orchestra; daremos unos 7 u 8 conciertos y ahí sí me vuelvo a Buenos Aires.

Está a pleno…

Victor VillenaY sí… hay muchas cosas que arreglar. Pero estoy muy entusiasmado. Probablemente pueda venir Lovano a tocar con nosotros en New York. La verdad que esto me alimenta el ego (risas). En julio vuelvo a viajar a Suecia a dar unos cursos de jazz. Después, del 22 de agosto hasta el primero de septiembre, traigo a Buenos Aires a la Stockholm Jazz Orchestra con la que vamos a dar unos conciertos en Buenos Aires, probablemente en el Teatro ND/Ateneo, hay que confirmar eso aún. Y vamos a Uruguay también, seguramente. Después, tengo un proyecto con Bob Mintzer, para traerlo a la Argentina y para principios noviembre otro proyecto con Adam Nussbaum, Sigurd Ulveseth, Dag Arnesen y John Abercrombie.

¿Ya tocó con Abercrombie?

No.

Bueno… Nussbaum toca habitualmente con él…

Claro, además ahora tienen un trío con Steve Swallow. Con el que estuve tocando hace poco fue con John Scofield. Fue con el grupo de jazz de la radio sueca, con arreglos de Mike Gibbs, un gran arreglador sudafricano. Hicimos una gira con Palle Danielsson, Bobo Stenson, Jukkis Uottila, un baterista finlandés con el que toco siempre… ah… a comienzos de septiembre me vuelvo a Suecia con la Stockholm Jazz Orchestra a grabar un disco con arreglos de Jim McNeely o Bob Mintzer.

Está como loco… (risas)

Sí.. está lindo… afortunadamente con mucho esfuerzo me abrí fuentes de trabajo en varios lugares y no dependo exclusivamente de lo que haga acá. Porque si tocás muy seguido en un mismo lugar… termina no funcionando.

¿Estas puertas se abren a partir de su estadía en Suecia?

Claro, a mí Suecia me dio la oportunidad de tocar con muchísimos músicos. Y además he viajado mucho, fundamentalmente por Europa. He estado también en Asia, Sudáfrica… eso me permite tener un radio de acción mucho más grande y la posibilidad de tocar con músicos extraordinarios; porque acá hay muy buenos músicos, pero en el exterior también. Y eso te da experiencia, aprendizaje, te enriquece en varios aspectos, musicales y humanos.

One thought on “Gustavo Bergalli

  • 1 de febrero de 2023 at 3:16 am
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