Marcelo Moguilevsky
Vos tocabas con tu abuelo también, ¿no?
Yo me reunía con mi abuelo; el tenía 80 y yo 8 y hacíamos unas mezclas de valsecitos criollos con Hava Na Gila y Desde el Alma…
O sea… World Music…
(Riéndose) Exacto… World Music de Buenos Aires de hace treinta y pico de años.
Moguilevsky reconoce que la música klezmer le apareció después del grupo Comedia, un trío señero conformado además por César Lerner en teclados y Horacio Wainhaus en cello y con el que grabara dos discos: Trío Comedia (1980) y Nubes (1988). Ya con su agrupación Los Acústicos (un disco, El Viaje, año 1997) comenzó a vislumbrarse más claramente un camino que brindaría sus frutos en su alianza con César Lerner a la hora de realizar Klezmer en Buenos Aires. Como dato, el primer tema de El Viaje es Los días antes a Melina, parte integrante del repertorio de Comedia.
En la época de Los Acústicos hice Nevechastek que era un tema completamente judaico aunque compuesto por mí; yo tengo una frase que define esto: durante muchos años yo oculté, en la música, mi judeidad y cuando me hice más grande pude disfrutar demostrar mi judeidad en la música. Para mí fue muy importante poder asumir en los 90’s que soy judío, con todas las diferencias de las que ya hablamos, ¿no? Pero hoy decir que soy judío es como asumir todas las partes, o sea… yo tuve ganas de clavarle un cuchillo al colectivero y en eso… soy el colectivero. Es una forma de crecer, saber que uno es todo el bien y todo el mal y que hay una gran lucha adentro de uno y algunos tenemos más bien que mal y otros más mal que bien, pero no puedo dejar de reconocer que yo también tengo esas porquerías; sería desconocer la esencia humana.
Vos tocaste en templos judíos…
Durante dos años.
¿Y cómo es eso de participar de algo que a vos…?
Cuando yo trabajé en el templo… a ver… como yo huyo hacia delante, cuando me contratan me pongo a estudiar la Torah, que es algo que no figuraba en el contrato, pero pensé: ya que el destino me lleva a tener mi primer sueldo de doce meses del año como músico –algo que yo no conocí nunca porque siempre fui free lance- y una fantástica cosa para alguien que tiene familia y tres hijos, metámosle. Tenía entonces un sueldo asegurado lo que ya de por sí me daba gran alegría poder trabajar como músico, pero además me puse a estudiar con un rabino y la verdad que las clases estaban buenas; había como es normal en el judaísmo una permanente exégesis o pregunta acerca de lo que significa hoy día lo que dice la Torah. Pero a la vez me apareció el vacío; la gente y el contexto que encontraba ahí me resultaban de una vacuidad asombrosa. Esto fue desgastándose hasta que me las tomé y no sólo porque ahora estoy mejor económicamente, sino porque llegué a una saturación, sintiendo nuevamente que no estaba en la Tierra Prometida, que la Tierra Prometida está dentro mío porque se ve que afuera… no hay.
Este trabajo lo hiciste con César (Lerner)
Sí, él estaba de antes y todavía sigue haciéndolo. Bueno, yo siempre digo que él es el más judío de los dos. Él cree en Dios, sigue las tradiciones, él circuncida a sus hijos, celebra las distintas fiestas… y yo no; hay una ruptura voluntaria mía con esas tradiciones pero no con el ser judío, porque yo acabo de cumplir 44 años y me siento muy judío, pero de esos judíos preguntones, de esos que en lugar de comerse el dogma, lo cuestionan.
