Rodrigo Domínguez

Ornette ColemanTodavía estás ahí colgado…

Sí… me acuerdo que me volví caminando hasta mi casa y fue la caminata más mística que hice en mi vida. Nunca salí de esa nube increíble y ahí fue que me copé con el saxo. Después me enganché con Ornette (Coleman). Pero el saxo como instrumento me parece uno de los más fáciles para hacer "grasadas"; tal vez esto se deba a una deformación profesional, pero se presta mucho para eso y no sé por qué. Escucho un saxo en una canción y lo más probable es que me queme mal la cabeza. La veta del saxo pop me parece deleznable.

¿Y ahí empezaste a estudiar saxo?

No… pasaron unos tres años… empecé cuando tenía 19. Yo quería tocar el soprano pero finalmente arranqué con el tenor. Y tomé unas clases con un tal Luciano pura y exclusivamente porque prestaba el instrumento. Y como yo no tenía… La cuestión es que fui, le dije que quería tocar soprano, él me explicó que no era lo más conveniente pero igualmente me prestó su instrumento. Me indicó un par de cosas y me dejó solo tocando. A partir de ahí pasó un tiempo hasta que conseguí un saxo tenor barato porque, además, en ese momento no existían. Estaban los muy caros o una batata impresentable. Y para ese entonces ya tenía en claro que quería ser… Wayne Shorter (risas). Algo que empecé a hacer por ese tiempo fue cantar lo que quería tocar, cantar los solos, esas cosas. Y hacía la mímica como si estuviera tocando el caño. Y yo sentía que si podía llegar a tocar lo que se me ocurría cantando, iba a ser un grosso. Pensaba que era mejor lo que yo me cantaba que lo que le escuchaba tocar a otro. Y ese "juego" echó a rodar un cierto intento de "cosa propia", no sé cómo llamarlo. Siento que ése fue el comienzo real de mi carrera.

Caño en la mano y a laburar. ¿Cómo fue la inserción en el "movimiento"?

Cuando yo empecé a tocar no había movimiento. No había nada. Sí algunas cosas aisladas. De los saxofonistas modernos, que me gustaran, estaba Carlos Lastra. Los de las generaciones anteriores se tocaban todo pero no era lo que a mí me interesaba. Es que la mayoría de los músicos de mi generación entramos por el lado eléctrico. Y era como otro concepto. Recién después descubrí a Charlie Parker. También estaba Gustavo Cámara que ya estaba tocando y eran los únicos, de los que conocía, que hacían algo que me interesara. En ese momento también había un grupo de músicos de Ramos Mejía, estaban el Pollo Raffo, Guille Arrom, Pablo Rodríguez… y ya antes de comprarme el saxo me había conectado con otros músicos como Diego Schissi, Guillermo Vadalá, que ya había despegado un poco, Gustavo Sadofschi que estudiaba con Lito Epumer… como la segunda línea de (el grupo) Madre Atómica. Y a todos los iba a escuchar. Después entré en la Escuela de Avellaneda; ahí me relacioné con un montón de músicos y la cosa se fue armando. El primer grupo con el que toqué (incluso lo tengo grabado, je…) fue una tocada en la zona sur de Buenos Aires, creo que en Lomas de Zamora con un pianista que se llama Kalinovsky tocando standards. Me acuerdo que me hizo tocar Yardbird Suite y prácticamente me obligó a hacerlo… bueno… los deadlines de los que hablábamos antes…

¿Y previo al Quinteto Urbano cuál fue un momento "fundante"?

Mono FontanaYo en una época estudié con el Mono Fontana. Que me abrió la cabeza de una manera importante. Me hizo escuchar al quinteto de (Miles) Davis de los 60's que, en esa época, fue mi principal influencia. Yo pienso que en ese estilo fue lo máximo a lo que se ha llegado. Por lo menos para mí. Y otras cosas musicales viendo que, en mi caso, la técnica me iba a venir por medio del deseo de llegar a un objetivo musical. Yo tenía en ese entonces una avidez total. Y después me invitó a tocar en unos conciertos que estaba haciendo en Oliverio; para mí fue increíble. En el primer concierto yo estaba muy nervioso hasta cerca de la hora del show. Y de pronto me relajé y fui a dar una vuelta por ahí. Cuando llegué, ya estaban tocando. Ahí me di cuenta de que me había subido al caballo en una falta de humildad que me sobrepasó. Como que me habían convocado por lo que yo tocaba y no por una cuestión más educativa. Eso me marcó y hoy día vivo tratando de evitar caer en esa actitud que, lamentablemente, es bastante habitual en el ambiente.

Subirte al caballo sin equino…

Totalmente… también ha pasado en los Estados Unidos en la época de los "Young Lions", que pusieron a unos pibes en un lugar que… De verdad, no ayuda.

Un buen instrumentista, ¿es buen músico?

Ni en pedo…

Y un buen músico, ¿tiene que ser buen instrumentista?

Y… depende a lo que se dedique… Yo creo que un buen músico, lo que hace, es que lo que tiene que salir a través del instrumento, salga… a pesar (remarca) del instrumento. Por eso muchas veces te das cuenta cuándo hay pasta en alguien, incluso cuando no tenga aún los elementos como para expresarlo, así sepa tocar dos notas. Hay una energía detrás de eso. Pero hay algo más que diferencia al músico del instrumentista y del estudiante, que es lo que te decía de tomar al toro por los cuernos. Se nota la actitud de alguien que viene a tomar una clase al que le das algo y el tipo se la toma de una manera tal, que importa poco si vos estás o no, en contrapartida con el que espera que se la des masticada. Volviendo a lo del buen instrumentista… para mí… depende mucho de hacia dónde vas, porque se me ocurre una cosa y se me viene otra que la puede contradecir. Yo creo que el instrumento hay que tocarlo bien pero desde un punto de vista estilístico; porque hay muchos que tocan bien el saxo pero estilísticamente hacen agua. Y es muy común. El estilo es una escuela a la que uno puede adherir como un trencito que te puede llevar a algún lugar. No es importante en sí mismo el estilo como objetivo, sino como vehículo. Borges decía algo parecido con respecto a las escuelas y la energía que se generaba para ir hacia algún lugar.

O sea que alguien con limitaciones técnicas con su instrumento puede ser un buen director de un grupo… si tiene ideas claras…

Sí… teóricamente sí…

Por ejemplo, componer algo que no pueda tocar

Guillermo KleinLa cuestión es que tenga la música clara en la cabeza. Guillermo Klein, por ejemplo, no es un virtuoso del piano. Pero cuando toca, lo que toca está buenísimo. Porque tiene unas ideas muy claras y muy fuertes que, cuando las va a tocar, las expresa incluso a través o usando sus limitaciones. Y cuando escribe… te aniquila. De lo que escribe para saxo él no podría tocar ni media nota, seguramente. Pero lo que escribe es tremendo. Lo que pasa es que la manera que tengo yo de acercarme a la música es a través del instrumento; no hice la carrera de compositor. En el jazz el énfasis está en la improvisación y en la repentización del momento. Y para eso, tenés que manejar bien tu instrumento.
(No contento con lo antedicho, reflexiona unos instantes)
A ver… yo creo que el problema del  estudio del instrumento (¡y por ende del lenguaje!) es algo que acá, en la Argentina, está subvaluado respecto de la creatividad; o sea… ¡somos unos hippies! (risas); y creo que muchos de los más talentosos pibes que andan tocando ahora tienen un problema no resuelto en ese sentido, que en un ambiente más competitivo los dejaría afuera al toque… o los mandaría a casita a estudiar sus escalas, por lo menos. Y no hablo sólo del free, donde, puede ser (o no) que esto se evidencie. No creo que sea porque "no pueden tocar bebop" que se dedican a la improvisación libre quienes lo hacen… o no debería ser así. A mí me gusta cómo tocan free los que conocen la tradición y tocan bien el instrumento; por otro lado, hago mías las palabras de (el saxofonista) Tony Malaby: "Me gusta que la técnica no se note". Pero que somos unos vagos, lo somos. Repito, son vicios de pueblo chico: si tenés 20 nenes al lado que lo pueden hacer bien, vos te ponés las pilas y lo resolvés, no es tan difícil. Pero hay que hacerlo en la etapa formativa, antes de que te agarre la de "desarrollar mi propio estilo" y eso. Porque ahí sonaste, la armás con lo que tenés que, generalmente, no es mucho.

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