• Samuel Blaser Quartet: Boundless

    Boundless Suite part 1, Boundless Suite part 2, Boundless Suite part 3, Boundless Suite part 4

    Músicos:

    Samuel Blaser: trombón

    Marc Ducret: guitarra

    Bänz Oester: contrabajo

    Gerald Cleaver: batería

     

    Sello y Año: Hatology, 2011

    Calificación: A la marosca

     

    Nadie puede saber el límite de sus fuerzas hasta que las pone a prueba (Johann Wolfgang von Goethe)

     

    El vocablo límite se utiliza para describir la línea imaginaria o real que separa dos territorios o países. Su raíz etimológica deriva del latín limes, palabra que fuera utilizada originalmente en épocas de la Antigua Roma para designar los límites fronterizos de su imperio. En el devenir de los años, el término límite comenzó a aplicarse para definir los extremos a que llegan un determinado tiempo o que pueden alcanzarse en lo físico y anímico. Incluso –genéricamente- la idea de límite suele representar hoy a cualquier tipo de restricción que se nos presenta, sin importar su naturaleza, condición o característica. En la actualidad -ya sea por convenciones adoptadas, usos y costumbres o fundamentos legales- hay límites que se sostienen desde lo individual, familiar, social y cultural, que están orientados y destinados a facilitar nuestra convivencia. Sin embargo, muchos de esos límites, impuestos o auto-impuestos, no sólo parecen innecesarios sino que además, en algunos tópicos, resultan improcedentes, caprichosos o un mero producto del temor a recibir una sanción en caso de que no sean respetados. Está claro que infringir un límite también representa el riesgo -mucho más difuso, por cierto- de no ser aceptado por los otros y eso nos expone, elípticamente, al miedo de tener que enfrentar los padecimientos del aislamiento, la soledad y el ostracismo.

     

    En todo límite existe un factor objetivo y otro subjetivo en donde se intercepta un basamento de la realidad misma, con otra perspectiva, que incluye nuestra propia lectura de esa realidad. Tal vez en esa subjetividad subyace la energía que, a lo largo de la historia, ha motorizado al ser humano a moverse hacia lo desconocido o a dirigirse hacia aquello que se encuentra más allá de límites reales o imaginarios, sociales o individuales, propios o ajenos. Si no hubiese sido así, aun pernoctaríamos en cavernas o viviríamos de la caza y de la pesca e, inclusive, seguiríamos comportándonos como animales, nos comunicaríamos a través de sonidos guturales en lugar de usar el lenguaje hablado o escrito y todavía someteríamos a los más débiles mediante el uso de la fuerza… En verdad no puedo asegurar que el hombre moderno haya abandonado completamente estas últimas conductas pero, por ahora, no entraré en detalles ni daré ejemplos con nombres y apellidos que puedan poner en peligro mi integridad física.

     

    Lo cierto es que esa sempiterna vocación del ser humano por rebasar los límites, expandir sus fronteras, ampliar los horizontes cognitivos y manifestar su libre albedrio sin restricciones, se ha expresado en todo tiempo y lugar -y quizás como en ningún otro campo- a través de las múltiples formas de la creatividad artística en general y del arte musical en particular. En la esencia más profunda de la creación musical hay una intención natural e innata de originalidad, una búsqueda de subvertir el orden establecido y una necesidad implícita de romper moldes y desmantelar las fronteras que nos limitan. En definitiva, la música -en su manifestación más elevada- puede permitir que la institucionalización de los límites deje su lugar a la utopía de lo ilimitado para, finalmente, hacer que esa utopía –en ocasiones- se convierta en realidad a través de la obra del artista.

     

    Todo esto guarda relación –en más de un sentido- con el álbum Boundless del Samuel Blaser Quartet y no sólo por su titulo (boundless en inglés significa “ilimitado” o refiere a algo “que no tiene límites”) sino también debido a las características de la obra y a las virtudes que distinguen al líder de este cuarteto.

     

    En el actual ideario estético del joven compositor y trombonista suizo Samuel Blaser confluyen –además del disco que nos ocupa- un notable acercamiento desde la perspectiva del jazz de vanguardia a la música barroca materializado en Consort In Motion de 2011 (proyecto que en compañía del pianista Russ Lossing, el contrabajista Thomas Morgan y el baterista recientemente desaparecido Paul Motian, recrea composiciones de Claudio Monteverdi, Giacomo Frecobaldi y Biagio Marini), sus habituales programas para solo de trombón y una consolidada sociedad musical que lo une al legendario baterista y percusionista suizo Pierre Favre, cabalmente expresada en Vol à Voile de 2010. De todos modos, si hay una cualidad que distingue la trayectoria de Samuel Blaser es que, tomando el legado de algunos popes del trombón como Albert Mangelsdorff, ha llevado el vocabulario de su instrumento más allá de los límites establecidos, tanto por un acabado uso de multifónicos y técnicas extendidas como por su consecuente aplicación en contextos musicales signados por un riguroso compromiso estético.

     

    El álbum Boundless, además de ser una acabada prueba de las cualidades mencionadas, honra a su título mediante una indeleble disposición a trascender limites, no sólo físicos y reales sino también otros de apariencia abstracta, imaginaria e incluso de orden metafísico que terminan recordándonos vagamente a Imannuel Kant cuando mencionaba en Critica de la Razón Pura que “trascender es traspasar los límites de la experiencia posible”. En Boundless, estos conceptos se traducen musicalmente a través de una amalgama permanente entre el material escrito y la composición instantánea, una conciliación explícita entre las nociones de improvisación libre y el intento por vincular melodías y estructuras mediante la inserción de interludios o transiciones -a la manera de una gran suite en la música académica- y en una natural ilación entre el dominio del vocabulario y la técnica improvisadora de los miembros del cuarteto, con el desarrollo de ciertos aspectos lúdicos y exploratorios propios de un registro que, como ocurre en el caso de Boundless, ha sido grabado en sucesivos conciertos llevados a cabo en octubre de 2010 en las ciudades de Lausana, Zurich y Basel.

     

    Desde el inicio, con Boundless Suite part 1, el cuarteto expone un modelo estético en donde se materializa una invocación al pasado que parece recalar, especialmente, en los albores del jazz eléctrico. Sin embargo, en ese designio no se vislumbra un mero intento de rendir pleitesía a la tradición, sino –por el contrario- una permanente búsqueda de nutrirse con las infinitas posibilidades y variantes que impulsan la creatividad de la música improvisada del nuevo milenio. Este primer segmento, a pesar de su intrincado juego de tensiones, se muestra espléndidamente trazado y con un envidiable tratamiento sonoro, que en ningún momento pierde su carácter sombrío o busca limar asperezas que faciliten la experiencia auditiva. Por cierto, en el soberbio resultado final, influye de manera cardinal el superlativo nivel de interpretación de un cuarteto que aquí incluye rutilantes intervenciones –en los solos o mediante resoluciones en contrapunto- de Marc Ducret y Samuel Blaser; la sutileza y precisión que emerge del contrabajo de Bänz Oester y los inmejorables aportes percusivos del siempre deslumbrante Gerald Cleaver.

    El introspectivo prefacio de Boundless Suite part 2 evoluciona con naturalidad en un ascenso dinámico que alcanza su apogeo climático en las imponentes cadencias arábigas que sostiene el tándem rítmico integrado por la batería de Gerald Cleaver y el contrabajo de Bänz Oester, sobre las que se van deslizando los prominentes –pero nunca hedonistas, competitivos o innecesarios- arrestos solistas encarnados por la guitarra de Marc Ducret y el trombón de Samuel Blaser.

     

    En la estructura armónica de Boundless Suite part 3 se suceden un primer tramo de carácter deliberadamente abstruso y espacioso comandado por Bänz Oester y Gerald Cleaver, un intermedio más vehemente y dinámico representado en el intenso soliloquio de la guitarra de Marc Ducret y el posterior remate mediante una coda en la que el imaginativo trombón de Samuel Blaser -a modo de ornamento- emula mediante el uso de técnicas ampliadas el scratch característico de un dj.

    En los lejanos ecos antillanos iniciales de Boundless Suite part 4, parece asomar una visión vanguardista de la música dub de los sesenta en comunión con los principios rectores del jazz eléctrico. La intensidad de este segmento se funde con naturalidad en un etéreo interludio del que van emergiendo, sucesivamente; una frenética, crispada e inmejorable exposición de la guitarra de Marc Ducret; un innovador acercamiento al funk sustentado en el sólido pizzicato del bajo de Bänz Oester y en la descomunal tarea percusiva de Gerald Cleaver; otra intervención para el aplauso a cargo de Samuel Blaser y un remate que alude de manera elíptica al motivo que dio inicio a la suite.

     

    Samuel Blaser, en Boundless, además de presentar una obra memorable – que profundiza virtudes y cualidades expuestas en su obra previa- nos ayuda a recordar que no existen límites para la creatividad cuando se tienen convicciones e imaginación.

     

    La imaginación es el ojo del alma. Si lo puedes imaginar, lo puedes lograr (Albert Einstein)

     

    Sergio Piccirilli

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