• Guillermo Romero

    Guillermo RomeroGuillermo Romero es un pianista, compositor y arreglador argentino nacido en Buenos Aires el 31 de enero de 1966; no obstante, sus inicios musicales no se remitieron a las teclas (blancas o negras), sino a las cuerdas de una guitarra. Sus primeras lecciones las tomó con Eduardo Barletta; luego, ingresó al Conservatorio Nacional Carlos López Buchardo donde a la carrera de guitarra y armonía clásicas, hay que adosarle la aparición, ahora sí, del piano.

    Así fue entonces que cambió al instrumento que le permitió hacer sus primeras presentaciones en los actos escolares, por el que le ha permitido lograr un lugar de relevancia en el movimiento jazzístico argentino contemporáneo.

    Siguió estudiando: interpretación pianística con Aldo Antognazzi y composición y arreglos con el impardable Horacio Salgán, a quien descubrió por televisión tocando una milonga y lo comparó, automáticamente, con Chick Corea.

    Guillermo Romero, gracias a su formación clásica, ha sabido cómo combinar las influencias de la música europea de los siglos XIX y XX con la estética jazzística. Con la guitarra ya a un lado y el piano al frente, debutó profesionalmente sobre un escenario en 1987, integrando un quinteto junto al saxofonista Oscar Feldman y el trompetista Diego Urcola. En los dos años siguientes fue pianista y arreglador de Sandra Mihanovich y Celeste Carballo, con quienes realizó giras por Argentina, Uruguay, Chile y Paraguay.

    Dos años después, conformó dos tríos: uno, con Lucio Mazzaira en batería y Alejandro Herrera en bajo; el otro, acompañado por Eduardo Casalla y Javier Malosetti. Junto a varios de los más destacados pianistas de jazz de Buenos Aires como Jorge Navarro, Horacio Larumbe y Baby López Furst, participó en Stella by Starlight, álbum en el que realizara una de las diferentes versiones del tema mencionado. Esto fue en 1990. En 1993 integró el grupo dirigido por el baterista y percusionista Alex Acuña para una serie de clínicas ofrecidas en Buenos Aires y el interior del país. No fue Acuña el único en convocarlo al visitar la Argentina. Lo mismo ocurriría con el trombonista Conrad Herwig, el saxofonista Andrés Boiarsky, el trompetista Diego Urcola y el contrabajista Horacio Fumero, entre otros.

    En los cinco años siguientes integró un potente trío junto a Javier Malosetti en bajo eléctrico y Sebastián Peyceré en batería. En el año 2000 colabora nuevamente con el bajista al unirse a su quinteto.

    Desde 2001 conforma una sociedad (que amenaza con ser indestructible) con el saxofonista Ricardo Cavalli, realizando numerosas presentaciones tanto en Buenos Aires como en el interior de la Argentina. El repertorio combina originales de ambos músicos más la relectura de algunos standards, lo que en breve quedará reflejado en un álbum a editarse durante el 2008.

    Debutó discográficamente como líder con Guillermo Romero Trío, de 2002, donde lo acompañaron Oscar Giunta en batería y Hernán Merlo en contrabajo. El CD incluye seis clásicos o standards (John Coltrane, Miles Davis, Sonny Rollins, Duke Ellington) y cuatro originales del pianista.

    A partir de 2003 conforma otro dúo, en esta ocasión con el también pianista Jorge Navarro, con quien registrara el álbum Pianistas en el año 2005, brindando tributo a varios compositores de jazz.
    Además de presentarse también en piano solo, actualmente lidera su propio trío conformado por Jerónimo Carmona en contrabajo y Oscar Giunta en batería, con el que acaba de editar 2007, realizado con el apoyo del Fondo Metropolitano de las Artes y las Ciencias del Ministerio de Cultura del GCBA; en el mismo, vuelve a combinar composiciones originales con relecturas de clásicos de, en este caso, Gershwin, Bud Powell, Gross & Lawrence y Billy Strayhorn.

    En el año 2005 recibió el Premio Osvaldo Pugliese por su arreglo de El encopao, otorgado por el Fondo Nacional de las Artes.
    Recibió el Primer Premio del Concurso de Improvisación de Jazz organizado por Metrovías, en abril de 2006.
    En el año 2003, Romero recibe la nominación al Premio Clarín como Revelación de Jazz; y tres años después lo fue en el rubro Figura de Jazz.
    Desde 2007, forma parte del jurado en el rubro Jazz para los Premios Clarín Espectáculos.
    Guillermo Romero, además y también, ha tocado con músicos de la talla de Alex Acuña, Antonio Sánchez, Luis Salinas, Gustavo Bergalli, Juan Cruz de Urquiza, entre otros; y compartió escenario con Joe Zawinul, Wynton Marsalis, Egberto Gismonti y John Scofield.

    Nos recibió una noche no tan fresca de invierno con una calidez (y calidad) poco habituales. En algún momento de la entrevista (charla) le comentamos acerca de cierto carácter introspectivo sobre un escenario. Y nos reconoció que, en ese lugar, no es de hablar mucho; más bien, lo mínimo indispensable.
    Pues bien… la historia es (muy) diferente, aparentemente, en el mano a mano, en el cara a cara. Porque Guillermo Romero ha sido harto generoso con nosotros, buscando (si es necesario recurriendo -aquí también atinadamente- al silencio) las palabras que expresen cabalmente su(s) idea(s) para hacernos pasar un momento de los buenos. Pero de los buenos de verdad.

    Como nos llamó mucho la atención que en su último álbum figurara la inscripción "Fondo Metropolitano de las Artes y las Ciencias del Ministerio de Cultura del GCBA", antes de olvidarnos y, además, con una sagacidad infrecuente en el periodismo intergaláctico, sutilmente y como para no despertar sospechas, decidimos comenzar preguntándole:

    ¿Cómo fue lo del subsidio?

    Mirá… el material del disco lo veníamos tocando coin el trío desde hacía unos tres o cuatro años; después se fueron agregando cosas, pero el material ya estaba. El Fondo Metropolitano de las Artes empezó con el gobierno de Ibarra y siguió con el de Telerman (ambos, intendentes de la Ciudad de Buenos Aires); es un organismo que se encarga de subsidiar distintas actividades artísticas. No se trató de una competencia, sino que había que presentar un proyecto y ellos después decidían. Me presenté, les interesó y me dieron casi lo necesario para poder hacer el disco.

    No es muy habitual esto, ¿no?

    No…

    Y tampoco creo que Macri (actual Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires) lo sostenga…

    No… creo que no… (risas)

    Vamos con una pregunta filosa, al hueso, sin anestesia, ¿cómo empezó tu historia con la música? (risas)

    A los 12 años yo ya sabía que quería ser músico. Empecé tocando guitarra, a los seis o siete años, era el que tocaba las zambas en los actos del colegio; todavía me acuerdo de estar en segundo grado… tenía menos miedo escénico que ahora (risas). Cuando uno es chico no mide tanto esas cosas. Me fui dando cuenta de que tenía facilidad… me compraron una guitarra en Casa Núñez y con el instrumento te daban unas clases gratuitas con un profesor. Yo en ese entonces vivía en Villa Lugano (Provincia de Buenos Aires) y me tocó un tipo, que era grosso de verdad, con el que aprendí toda la cuestión teórica básica. Se llama Eduardo Barletta… un pan de Dios, y además, un gran intérprete de guitarra clásica. Nos inculcaba que tocáramos en distintas formaciones, como grupos de cámara. Me empezó a interesar la cuestión compositiva y de los arreglos. A los 12 ya iba a ver conciertos; me acuerdo que el primer show de jazz que presencié era el de un guitarrista que tenía a Casalla en batería. Me encantó. Y eso que en ese entonces yo estaba más con el folclore y el rock…. Ahí fue cuando descubrí a Corea, a McLaughlin y a tocar eso en la guitarra. En cuanto pude, a los 14, entré en el Conservatorio y, como materia complementaria, estaba el piano.

    Casi por obligación…

    No… le tenía ganas de hacía mucho… Con la guitarra clásica llegué casi hasta el final de la carrera. Pero el piano me interesaba desde chico también. El primer día que toqué el piano intenté algo de Corea; como lo hacía en guitarra, no me costó. Estaba apurado por tocar, como que se me vinieron todas las necesidades juntas. Tenía los conocimientos teóricos y entonces se me facilitó mucho.

    Vos tenías una formación clásica, después viraste al jazz, pero terminaste estudiando con Horacio Salgán… ¡que es del tango! ¿Por qué?

    Romero - SalganY… porque para mí era un prócer viviente. Siempre me pareció un músico terrible que, para mí, es uno de los grandes pianistas del mundo, en el estilo que sea… Yo admiraba a Corea y, cuando lo vi a Salgán por televisión (que encima estaba tocando una milonga), me dije "¡éste toca como Corea!" (risas). El swing, el refinamiento pianístico, el sonido… y además siempre me interesó curiosear; no como para dedicame al tango, aunque hice algunos laburos, pero sí para conocerlo más de cerca. No obstante, más allá de que desde el jazz uno puede tomar una melodía y arreglarla… siempre le tuve mucho respeto al tango. Es más, no hace mucho participé en un concurso arreglando una obra de Pugliese y parece que les gustó lo que hice, porque me premiaron.

    Esto que decís de que el jazz permite que vayas hacia otros lados, ¿es lo que te impulsó a decidirte por el estilo, a pesar de tu formación clásica y de Salgán?

    Sí… siempre tuve la idea de que es la música de ahora, así como en la época de Bach era la música clásica. Yo siento que la música, del siglo XX para acá, es el jazz, porque es la que está más viva y no es tan sectárea como, por ejemplo, la clásica contemporánea.

    Art Tatum¿Más viva que el rock o el pop?

    Sí, en el sentido de que es música instrumental con una mayor posibilidad de expresión para un compositor o improvisador; no hay límites para la creación. Vos escuchás un disco (del pianista) Art Tatum y el tipo puede hacer lo que quiera; por supuesto que tocando un tema determinado y dentro de un estilo, pero… ¡el tipo hacía lo que quería! Y eso no es tan fácil de encontrar en la música más pop donde hay otros límites.

    Vos te referiste al jazz como una música instrumental; ¿no incluís a los cantantes en el estilo?

    Sí… claro… partiendo de la base de que el canto es la base de todo. Lo mejor, siempre va a ser un cantante. Es la expresión musical en sí misma. Uno está todo el tiempo tratando de imitar, con el piano, a un cantante. Y creo que ocurre con todos los instrumentistas, tratando de descubrir cuál es la voz de cada instrumento. El mayor refinamiento de la expresión musical está en la voz. Lo que pasa es que un instrumentista piensa mucho más en su instrumento que en un cantante.

    Vos además has acompañado a cantantes y no sólo de jazz…

    Sí.. y es interesante porque es como escuchar la música en el estado más puro; es una actitud mucho más intuitiva, sin un procesamiento intelectual. Es simplemente escuchar y hacer sonar algo.

    Uno puede cantar bajo la ducha pero no todo el mundo puede tocar el piano… (risas)

    Romero - CarmonaNo… es cierto… salvo que tengas muchos pianos (risas) Yo creo que en cada tecla tiene que haber una voz; la expresión también está ahí. Es uno de los instrumentos más mecánicos que hay pero, a la vez, es de los más expresivos. Como si cada tecla fuera un fotograma, porque no hay una continuidad. En el piano tocás una nota y ya está; y la cuestión es la conexión que te lleva a la siguiente para así construir una "línea", como en el cine, donde no hay movimiento sino fotos que pasan. En el piano no hay canto, hay martillos que les pegan a las cuerdas; pero tan bien unidos por los grandes pianistas que… cuando escuché a Jarrett la primera vez que vino a la Argentina no lo podía creer. Fui al primer concierto, quedé enloquecido y volví al día siguiente. Cuando llegué a mi casa, miraba al piano y pensaba en todo lo que le había sacado el tipo al instrumento…

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