• Hypnofón: El Futuro

    Desviado social, Anahí, Aurora, Rubias de New York, Goodbye Pork Pie Hat, Dancers Paradise, Baladí porteño, Velorio de Fiore Godino, Pericón, Estepa rusa, Marcha para cangrejos, 39,9 (la fiebre), Tribunas del futuro pobre, La Chamamé, Marcianita

    Músicos:
    Alejandro Terán: idea, viola, dirección musical
    Héctor Sica: batería
    Nicolás Rainone: contrabajo y bajo eléctrico
    Pedro Onetto: piano y órganos
    Miguel Ángel Tallarita: trompeta y flugelhorn
    Christian Terán: saxo tenor
    Santiago Castellani: trombón y tuba
    Fabián Aguilar: flauta traversa
    María de los Ángeles Zanzi: oboe
    Leo Heras: clarinete y clarón
    Marta Roca Alonso: primer violín
    Guadalupe Tobarías: segundo violín
    Julián Gándara: cello, guitarra eléctrica
    Jackie Barra: percusión y ambientes freaks
    Alejandro Kreintzies: placas y percusión
    María González: voz
    Axel Krygier: flautas salvajes, pocket trumpet, norlead grooves, pianica
    Barbi Gurevich: zapateo

    Los Años Luz, 2007

    Calificación: Está muy bien

    Todos sabemos qué significa el futuro. Pero no sabemos lo que será. Salvo que recurramos a Tu Sam (hijo), Tony Kamo, Uri Geller, Nostradamus, Víctor Sueiro o a algún vidente de extrema confianza (¡?). Sabemos que algo vendrá. Pero jamás tendremos la certeza de qué.
    Lo que no tenemos muy en claro es el significado de Hypnofón.
    Y aquí debemos recurrir al booklet del CD. Allí, Alejandro Terán nos desasna: “en un diccionario de 1913 que tengo en mi biblioteca, se lee bajo el ítem hipnófono/na: dícese de aquél que canta o habla en sueños. Luego, en las ediciones posteriores del mismo diccionario, esta palabra desaparece misteriosamente”.
    Terán juega con la idea de que si un viajero del tiempo (supongamos… Michael Fox) desembarcara en Buenos Aires en los años ’30, tal vez se hubiera producido la existencia de Hypnofón. Y entonces hoy los diccionarios tendrían, probablemente, un vocablo más. Terán termina diciendo: “Éste es ese futuro”.
    Y de ahí el nombre del CD.

    Alejandro Terán tiene una vasta trayectoria como instrumentista, compositor, arreglador y varios etcéteras. Y en ese viaje (cuyo inicio podría situarse en los 80’s con Instrucción Cívica) encontramos prácticamente de todo: Cerati, Butch Morris, Charly García, Bandana, Serrat, Bajofondo Tango Club, Divididos, Elvis Costello, León Gieco, La Portuaria, Pedro Aznar, Nacha Guevara, Sexteto Irreal, la Orquesta Sinfónica de Londres e infinitudes variopintas.
    El álbum debut de Hypnofón lo tiene liderando una orquesta que, con un repertorio ecléctico, se acerca a la música popular desde ángulos poco convencionales… e inclasificables.
    Hay temas originales (seis del líder y dos de Pedro Onetto), pero también covers de distintos estilos; así es que desfilan un par de chamamés, composiciones de Charly García, Gardel y Mingus, una singular adaptación (castellanizada) de Marcianita (tema que interpretaran Gal Costa y Ornella Vanoni, entre otros/as) y una canción patria argentina.

    A priori, lindo cóctel.
    Y también peligroso.
    Viajemos.

    Un aire a policial negro es el punto de partida; una suerte de mix entre el Pink Panther’s Theme de Henry Mancini y el Friends of Mr Cairo de Jon & Vangelis (¿recuerdan?). La base es contundente y el órgano aporta cierto aire “a go go”. Buenas intervenciones de Tallarita en trompeta y Aguilar en flauta en un inicio desestructurado, fresco, festivo, atractivo.
    El clásico chamamecero Anahí, de Osvaldo Sosa Cordero tiene aquí una lectura relajada. Las cuerdas y los caños van intercambiándose en el liderazgo mientras sutiles juegos percusivos aportan colores varios desde el fondo, sin pasar al ataque.
    Ésta la sabemos todos. Todos los argentinos hemos entonado alguna vez “alta en el cielo, un águila guerrera”. Y de chicos (y no tanto), creímos que “azul un ala” era en realidad “azulunala”. Bueno… eso es al menos lo que recuerdo. El arreglo es interesante, una suerte de viaje que va de un aria de ópera al reggae. Pero son mejores las intenciones que el resultado final.
    Un par de carcajadas y un zapateo preanuncian Rubias de New York, de Gardel y Le Pera. Tallarita vuelve a aparecer en buena forma y de nuevo el clima festivo. Me da no sé qué escribir que me recuerda a la orquesta de Ellington, así que mejor no pongo nada. Gran versión.

    Casi inmediatamente avanzan con una breve y emotiva versión de Goodbye Pork Pie Hat, de Charles Mingus, con la trompeta nuevamente marcando el rumbo. Y nadie se pierde.
    Y sin decir “agua va”, se pega Dancers Paradise, original de Terán que invita a subir el volumen y a danzar (salvo para los torpes como uno, que baila solamente cuando juega al fútbol; o hace bailar, depende…). Si bien la melodía no sufre demasiadas transformaciones, el intercambio en el liderazgo brinda colores y matices en cantidad. Baladí porteño (ahora sí lo digo, menos mal que antes lo evité) tiene un fuerte aroma a Ellington, incluso desde el ruido a púa del inicio. La breve El velorio de Fiore Godino tiene aires mafiosos y de tango for export.
    Pericón, de Grassi (no… el padre Grassi no…) no sorprende pero está bien. Estepa rusa (de Pedro Onetto) es cosa seria. Gobernada por piano, cuerdas y vientos bien podría formar parte de una banda de sonido de Eisenstein. A pesar de la calidez interpretativa, se siente el frío siberiano, el dolor, la lucha, la angustia y hasta me pareció divisar a alguno de los Karamazov.
    Pero Onetto es también el compositor de Marcha para cangrejos (¡notable título, pardiez!), donde parece que en los Balcanes pueden divertirse de lo lindo. Aires klezmer, intensos pero no frenéticos. Y llega Terán con 39,9 (la fiebre) para poner calma; aunque se sabe que al atardecer la fiebre sube y entonces aparecen ciertos tormentos, el termómetro, el paño fresco que alivia y también (por qué no) alguna pesadilla. Hacia el final, una de dos: o plácido dormir o curación.

    Tribunas del futuro pobre, de Charly García, aparece originalmente en la banda de sonido (compuesta por el García Moreno) de Pubis angelical. Buen rescate. No mucho más.
    La Chamamé, otro original de Terán, es un chamamé… pero hay cierto aire a “lento corrido mexicano” que (me) envuelve. Luego… ¿malambo? Y está todo bien… como si a Kilómetro 11 lo interpretaran unos mariachis eufóricos y con ganas de malambear; ¿me explico?
    El final es con el único tema cantado del álbum: Marcianita, de Marcone y Aldreto. La historia de un terrícola deseoso de engayolarse con una marciana ha sufrido aquí algunas notables transformaciones. El año 5.000 pasó a ser el ’70 y la N.AS.A. se transformó en el C.E.A.M.S.E (Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado). María González interpreta bien y la banda aquí está a sus anchas en un cierre ideal para el CD.

    Alejandro Terán se ha dado un gusto grande con el álbum debut de Hypnofón
    Hay una respetuosa irreverencia en la propuesta que además refresca, desestructura y revitaliza. El eclecticismo no va aquí en detrimento de la homogeneidad. Y si bien hay momentos y momentos, El Futuro se disfruta escuchándolo en su totalidad y en el orden concebido.
    Y que la van a pasar bien… no lo duden.
    Porque El Futuro… ya llegó.
    Hace rato.
    Y está (muy) bien.

    Marcelo Morales

    Notas Relacionadas o de Interés: