• Sofía Rei Koutsovitis – Mycale

    Sofía Rei Koutsovitis: Sube azul
    Coplera, Sube azul, Cardo o ceniza, Instante de vos, El lío, Las cáscaras, El mayoral, Segundo final, La chongoyapana, Imaginaria, Jardines de asfalto, Entre paredesMúsicos:
    Sofía Rei Koutsovitis: voz, caja vidalera
    Jorge Roeder: contrabajo, bajo eléctrico
    Samuel Torres: percusión
    Juancho Herrera: guitarras, cuatro venezolano
    Yayo Serka: batería, percusión
    Dana Leong: cello, trombón
    Invitados:
    Juan Medrano Cotito, Jorge Pérez Albela, Morris Cañate, Néstor Gómez, Ronald Polo: percusión
    Leo Genovese: piano, melódica
    Geoff Keezer: piano
    Eric Kurimski: guitarra
    Anat Cohen: clarinete
    Celso Duarte: arpa
    Dan Blake: saxo soprano
    Diego Obregón: tresWorld Village (Harmonia Mundi), 2009

    Calificación: Dame dos



    Mycale: Book of Angels – Volume 13
    Uzziel, Ahaha, El El, Tehom, Moloch, Balam, Melech, Tarshish, Asaph, Rumiel, Natiel

    Músicos:
    Sofía Rei Kousovitis, Ayelet Rose Gottlieb, Basya Schechter, Malika Zarra: voces

    Tzadik, 2010

    Calificación: Dame dos

    Como en tren de investigar me he complicado la vida solito, no voy a profundizar en el hecho de que en un estudio publicado por la revista científica Science, los expertos señalan que la habilidad para comunicarse a través de sonidos tuvo su origen en la temprana evolución de los vertebrados. Y le apuntaron al pez sapo. Tranquilo… no hace falta que me lo agradezca. Es más… creo que es mucho más sencillo (y aquí todos coincidiremos) que lo que denominamos “voz”, resulta del sonido producido por el ser humano o los animales (no se me olvide del pez sapo), cuando el aire es expulsado a través de la laringe y hace que vibren las cuerdas vocales.
    No… me niego rotundamente a explicarle el significado de vocablos como sonido, aire, laringe, cuerda y humano. Tarea para el hogar, siéntese, tiene un siete.
    Si usted con la voz produce sonidos melodiosos formando palabras o, incluso, sin formarlas, aunque no lo crea está usted cantando. Algunos sostienen que para que sea considerado un “canto”, dicha emisión debe ser realizada en forma consciente. Se dice que hay tres registros básicos: voz de pecho, voz de cabeza y voz de silbido. Musicalmente hablando, fue necesario realizar una clasificación de los diferentes tipos de voces. Simplificando, tenemos seis: soprano, mezzosoprano, contralto, tenor, barítono y bajo.

    Se considera a la voz como el único instrumento musical capaz de integrar palabras a la línea musical. Esto, antes de la existencia de los samplers, midis y porquerías que lo único que intentan es complicarnos la existencia. Pero decidimos en este acto informal intentar explicarle el porqué de esta introducción aparentemente arbitraria. No vaya a ser cosa que alguien levante la voz…
    Así que mejor vayamos al grano. Un grano es la semilla y… perdón… tiene razón. Intentaba decirle (y espero que no vuelva a interrumpirme) que el envío (y recepción de nuestra parte) de dos álbumes en los cuales la voz es protagonista indiscutida, nos ha inducido a intentar meternos en tema. Como para decir algunas sandeces menos y no pecar de temerarios.
    Sofía Rei Koutsovitis es una cantante, compositora, arregladora y productora argentina que debutó discográficamente en el año 2006 con Ojalá, editado en E.E.U.U. en forma independiente. Actualmente instalada en New York, debutó a los 9 años como integrante del Coro Estable del Teatro Colón. Algunos años más tarde (en 2001) se fue a Boston a estudiar canto, composición e improvisación para radicarse en New York en 2005. No ha perdido el tiempo, habida cuenta de las giras que ha realizado por Asia, Europa, Estados Unidos y Sudamérica y por sus trabajos, presentaciones o colaboraciones con artistas como John Zorn, John Scofield, Folklore Urbano, Avantango, Bob Moses, Monika Heidemann, Samuel Torres, Russell Ferrante, Geoffrey Keezer, Maria Schneider y un larguísimo etcétera.
    Koutsovitis ha editado, a finales de 2009, su segundo CD como solista titulado Sube azul. A diferencia de su antecesor, la cantante se ha hecho cargo de la mayoría de las composiciones del CD, así como también de los arreglos y de la producción (junto con Jorge Roeder). Todos los temas están interpretados en castellano, partiendo desde diversos ritmos latinoamericanos pero incorporando elementos de, entre otros, jazz, música de cámara y ritmos africanos; el acompañamiento instrumental difiere en cada una de las composiciones, aunque el núcleo está conformado por su propio grupo, integrado por Jorge Roeder(contrabajo y bajo eléctrico), Samuel Torres (percusión), Juancho Herrera (guitarras, cuatro venezolano), Yayo Serka (batería y percusión) y Dana Leong
    (cello y trombón). También hay invitados y no está de más decir (válgame Alá) que los aportes no son caprichosos y sí de relevancia.

    Sofía Rei Koutsovitis posee un envidiable registro vocal; pero además es poseedora de una fuerte personalidad e indisimulables dotes expresivas. Esto queda de manifiesto ya en el inicio con Coplera, acompañada tan sólo por Samuel Torres en kalimba y Jorge Roeder en contrabajo. La cantante interpreta caja vidalera en esta copla atravesada por una vidala con segundas voces propias que van entrelazándose mientras el contrabajo potente de Roeder contrasta con el ascetismo proveniente de la caja y la kalimba. Breve, sentida, intensa. Sube azul (el tema), con el grupo en pleno y el aporte en arpa de Celso Duarte, brinda un inicio camarístico merced a los buenos oficios de Dana Leong en cello. La percusión y las cuerdas van ganando un terreno fértil para que Koutsovitis muestre lo prístino de su registro en esta pseudo zamba cuyo final, comandado por el bajo eléctrico de Roeder, viene acompañado por texturas y coloraturas generosas, al que se le suma el aporte de Yayo Sarka en “grooves”. Cardo o ceniza, de la peruana Chabuca Granda, respetuosa e intimista agrega, a las bondades de Dana Leong y Roeder, el cajón de Juan Medrano Cotito y, especialmente, la guitarra acústica de Eric Kurinski. Instante de vos cuenta con arreglos compartidos por Koutsovitis y el pianista panameño Danilo Pérez. Con estirpe de futuro clásico, la cantante arriesga y sale airosa del desafío. Como premio, recibe buenas intervenciones de Celso Duarte en arpa y (otra vez) de Dana Leong en cello. Una maravilla compositiva e interpretativamente.

    Corremos el riesgo de ser reiterativos en los elogios; pero cómo no mencionar el espíritu lúdico existente en El lío, con Geoffrey Keezer en piano, la belleza imperante desde el inicio de Las cáscaras, el espíritu exorcizante de El mayoral (composición de Wilfredo Laguna), donde Leong muestra nuevamente sus bondades pero esta vez en trombón y sostenida por un formidable entramado de contrabajo y percusión y la Koutsovitis que frasea a gusto y piacere (que son mi gusto y mi placer). Guitarra, cello y contrabajo son el sostén ideal para la profunda e inquietante Segundo final; distinta (muy) es la historia en La chongoyapana, de Arturo Shutt y Saco, sutil en su comienzo con la cantante acompañada sólo por el contrabajo de Roeder para luego adentrarse de pleno en ritmos caribeños apuntalados por el saxo soprano de Dan Blake. El interés no decae en los tres últimos temas del compacto: Imaginaria (con Leo Genovese en piano y Dan Blake en soprano), Jardines de asfalto y otra conjunción de ritmo latino y música de cámara y el cierre con Entre paredes, cuyo espíritu extrovertido le da una recepción de luxe al clarinete de Anat Cohen y el tres de Diego Obregón.
    Sube azul muestra a Sofía Rei Koutsovitis en la plenitud de sus bondades interpretativas y compositivas. Ha asumido riesgos y el resultado fue un salto cualitativo en relación a su primer álbum. No queda más que esperar nuevos (y buenos) pasos de la cantante a quien se le exigirá y mucho.
    Pero seguros de que las respuestas brotarán de su garganta.
    Y de su talento.

    Koutsovitis, además, es una de las cuatro integrantes de Mycale, un cuarteto vocal que además integran Ayelet Rose Gottlieb (nacida en Jerusalem), Basya Schechter (U.S.A.) y Malika Zarra (Marruecos). El cuarteto es el encargado del Masada Book Two – The Book of Angels Volume 13; abordar las composiciones de John Zorn a capella (pero de verdad, sin el menor acompañamiento instrumental), suena a desafío, novedad y riesgo. Todo comenzó cuando el saxofonista, compositor, arreglador y productor compuso en 2004 unos 300 temas nuevos que han sido interpretados hasta el momento por músicos de indudable valía como Uri Caine, Sylvie Courvoisier, Mark Feldman, Medeski Martin & Wood, Erik Friedlander, Marc Ribot y Jamie Saft entre muchos otros.
    Las cuatro cantantes abordan aquí un repertorio con letras en hebreo, yiddish, ladino, español, francés y árabe. El proyecto originalmente contaba con las voces de Schechter y Gottlieb y una base rítmica; pero Zorn sugirió que fueran cuatro voces y la elección recayó en Zarra y Koutsovitis. Las composiciones, originalmente instrumentales, fueron trabajadas por las cantantes quienes realizaron aportes literarios de fuentes tan diversas como Rumi, Pessoa o la Biblia Hebrea, tomando como referencia el título de cada composición, que hace referencia a los distintos “ángeles” del libro zorniano.

    Gottlieb, Schechter, Zarra y Koutsovitis alternan el protagonismo incluso dentro de cada composición, gracias a la amplitud de registros lo que les permite (a todas) pasar de cuarta a primera voz (o segunda, o tercera) sin que el conjunto se resienta; es más… sin que uno se dé cuenta… Porque en el CD no se aclara quién lleva la voz cantante ni quién tuvo a cargo el carácter exploratorio de cada composición. Desde aquí intuimos (pero no aseveramos) aquellos tracks en los que la argentina ha tenido una mayor injerencia. Pero es una ventaja innecesaria y el valor estético y artístico del álbum no merece que caigamos en ciertas miserias.
    Si bien, como se aclaró, las letras proceden de diversas fuentes y los textos están interpretados en diferentes idiomas, el carácter homogéneo del álbum se impone por sobre lo mencionado. El espíritu zorniano es indisimulable y también se adivinan las influencias (en realidad “la suma de”) aportadas por cuatro cantantes respaldadas no solamente por sus (¿infinitas?) aptitudes vocales sino también un espíritu exploratorio que arrastran desde sus respectivos proyectos pasados y presentes.

    Dos discos: uno, con la voz como protagonista principal; el otro, con el canto como presencia excluyente y llamativamente (y por fortuna) no invasiva.
    Dos experiencias diferentes pero igualmente fascinantes gracias al “único instrumento musical capaz de integrar palabras a la línea musical”.
    Aunque a veces las palabras, créame, sean lo de menos.

    Marcelo Morales

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