• Roberto Murolo: La Chanson Napolitaine

    Maruzella, A Luciana, A Bumbuniera Mia, Campagna D’Ro, Agio Perduto ‘O Sucon, Anema e Core, Autunno, Guapparia, Mandulinata A Sera, A Nnammurata Mia, Cuscritto Nnammurato, 10 Te Vurria Vasa, Cazone Appasionato, Casa Sultaria, Cha Sa, Chiove, Scetate, Torna Pulicinella, O Zampugnaro Nnammurato, Scommunicato, Serenatella Mia, O Vascio, Un Quarto ‘E Luna, Scalinatella, Mandulinata A Napule, Na Voce, Na Chitarra E’O Poco Luna, Nun Me Sceta, Senaz Nisciuno, Me So’ M’briacato ‘E Sole, Tu Duorme Ammore, Voglio Sunna Pushillanime, Si Turnasse!, Voce 'E Notte, Sera D’Ammore, Sola.

    Músico:

    Roberto Murolo: voz y guitarra acústica.

    Invitados no precisados.

    Harmonia Mundi, 2005

    Calificación: Dame dos

    Se dice por ahí que la ciudad de Nápoles se construyó cerca de Partenope, en el sur de Italia. Por esta razón, los griegos la bautizaron Neápolis; de ahí a Napoli… un pase del Diego Armando.
    A partir de la irrupción de uno de los dos más grandes futbolistas de la historia, los argentinos empezamos a interesarnos y a recibir alguna información de esta pequeña y pobladísima región, que cuenta con apenas 117 kilómetros cuadrados de superficie y poco más de un millón de habitantes. Nos enteramos que su patrón es San Genaro; también hay una patrona, Santa Patricia. Se fundó hace 2700 años (más o menos… no es cuestión de ser tan estrictos… ustedes sabrán comprender… no estuvimos ahí… creo). Allí residieron, entre otros, Nerón y Virgilio (una de cal…). Y su territorio ha sido propiedad de griegos, bizantinos, normandos, franceses, españoles, austríacos… y en el siglo XX de un diminuto argentino de melena enrulada y con un guante de seda en su pie izquierdo.

    La Universidad de Nápoles fue creada en 1224; tenemos el Vesubio, la “camorra”, la pizza, la milanesa napolitana (¡!), a Caruso, Leoncavallo, Scarlatti, Pergolesi, Massimo Troisi, Bernini… su día festivo es el 19 de septiembre y un idioma propio.
    Tierra, además, de célebres composiciones como "O Sole Mio", "Santa Lucia", “Funiculí, Funiculá” y "Torna a Surriento".
    O sea (y resumiendo) Nápoles tiene lo suyo. Y no es poco.
    Cientos de años de una rica historia musical con estilos como las cantatas barrocas, la ópera buffa y las tarantelas, terminaron por conformar lo que se ha dado en llamar “canzone napoletana”.

    En esta querible región, al menos a la distancia, nació Roberto Murolo en el año 1912, más o menos 9 meses después de una apasionada velada amorosa (queremos creer), cuyos protagonistas fueron mamá Lia Cavalli y papá Ernesto Murolo. A los 5 años, Robertito ya le daba a la gola y comenzó sus estudios de piano y guitarra. Antes de los 30 años ya poseía una carrera solista que más de uno/a quisiera, con un estilo situado en las antípodas de los potentes tenores de principios del siglo pasado como el mencionado Caruso, debido a su voz melodiosa y sin impostaciones y con un agregado sin igual: la emoción.
    En el año 2002, con (si las matemáticas conservan las mismas reglas en Sudamérica que en Europa) 90 años, grabó el que sería su último disco, Ho sognato di cantare; ese mismo año es homenajeado en el Festival de San Remo y en diversos programas especiales para la televisión.
    Al año siguiente, Roberto Murolo fallece.
    Todo esto viene a cuento porque en la Argentina está distribuyéndose La Chanson Napolitaine, álbum doble recopilatorio del cantante que incluye 37 piezas, muchas de ellas compuestas por el napolitano y otras… no. Todas fueron grabadas entre 1937 y 1952.

    Debo reconocer y asumir un par de cosas:
    No tenía la menor idea de quién era Roberto Murolo.
    Jamás imaginé que iba a realizar un comentario sobre un disco de canzone napoletana.
    Pero algo muy fuerte ha debido ocurrir para que deglutiera este álbum doble con (para mí mismo) sorprendente avidez.
    La impresionante y cálida voz de Murolo, acompañado por una instrumentación minimalista (una guitarra acústica, esporádicamente un piano, un soporte de violines en Chiove y O Vascio y poco, pero muy poco más), han despertado en quien esto escribe una curiosidad y una necesidad por saber que, en mi historia personal, tiene escasos antecedentes.
    La Chanson Napolitaine tiene distribución en la Argentina pero se trata de material importado. Y además es doble.
    Pero si suelen hacerle caso a sus emociones, vayan por él a cualquier precio.
    Y si sus sentimientos están un poco o bastante aletargados, mucho más aún.
    Disculpen si no me extiendo sobre el disco en sí.
    Pero es que… a veces… se me hace prácticamente imposible escribir sobre lo que se debe sentir.

    Marcelo Morales.

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