• Críticas Eran Las De Antes

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    maquina marronLas críticas de discos – ¿el arte perdido?

    Discúlpenme, pero estoy cansado de leer sandeces en las críticas de discos.

    Yo me crié leyendo revistas nacionales e internacionales con amplias secciones dedicadas a comentarios disqueriles. Estas notas no sólo contaban con la opinión del crítico sino con una detallada descripción del disco en cuestión, del artista y los músicos y cómo se encuadraba todo esto en su género.

    Esto hizo que a mí, en el tujes del mundo, se me despertara el interés por artistas que jamás había oído y me ocupara de tratar de conseguir material para ver de qué se trataba. Esto era independiente del juicio final que el crítico hiciera del álbum o del artista, simplemente porque como sabían de qué estaban hablando, describían la obra y sus adyacencias con precisión y claridad. Esto le servía a uno para entender de qué se trataba sin haber escuchado ni una nota y sacar sus propias conclusiones; lo interesante eran las descripciones y las fundamentaciones. Además, si uno era lector recurrente de las mismas publicaciones, los críticos tenían perfiles definidos, hacían el proceso de entender lo que decían y cómo valoraban los distintos aspectos de una obra más fácil. Dado este standard, se notaba fácilmente cuando alguien tenía un sesgo particular, o simplemente no sabía de lo que estaba hablando. Por ejemplo, tengo críticas de discos de rock progresivo de principios de los setenta al momento de ser editados de la revista de jazz Downbeat que son un lujo, que los describen tal cual son, les pegan donde había que pegarles y dejan en claro cuáles eran y serían las distintas posturas de los jazzeros ante el rock.

    Hoy en día esto es difícil; uno encuentra habitualmente opiniones viscerales y sin contenido, con todo tipo de errores de información y formación. Olvidémonos de los que hacen críticas a pedido de artistas, discográficas y amigos o que simplemente temen las represalias de íconos sagrados en franca decadencia. También están los que caen en el facilismo de escribir lo que la gente quiere leer, la versión barata del músico que toca lo que la gente quiere escuchar, los crowd pleasers.

    En los últimos años he leído todo tipo de barbaridades. Recopilan un poco de información histórica, hablan dos bobadas y emiten dictamen sin más fundamento que lo que les parece. Lo que debiera ser interesante es el fundamento, no la opinión en sí. Dicen que los críticos de discos son músicos frustrados, ¡ojalá eso fuera cierto hoy en día!, implicaría que alguna vez agarraron un instrumento, estuvieron en una sala de ensayo y saben lo que es tratar de tocar bien y el esfuerzo que implica, además de tener algún conocimiento musical mínimo para poder distinguir a Cecil Taylor de alguien que aporrea un piano sin sentido. O simplemente poseer sentido común aplicado a la música.

    Por lo menos, tiempo ha, antes de alabar o matar a alguien podían, porque sabían, explicar bien qué era lo que el músico hacía y de qué se trataba la obra; y eso era lo que calificaba la opinión, esté uno de acuerdo o no.

    Federico Larroca.

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