• Enrique Norris

    Para cerrar el 2007 necesitábamos darnos (y darles) un gusto grande, una alegría.
    El, básicamente, cornetista, pianista y compositor Enrique Norris había participado hace algún tiempo de nuestra sección 1×5(+1). Pero queríamos tener un mano a mano con uno de los músicos más respetados del ambiente. Y aquí incluimos público, periodistas, colegas y aledaños.
    Enrique Norris nació en Río Cuarto, provincia de Córdoba, Argentina. Su padre (violinista) y su madre (pianista) fueron sus primeros maestros… e influencias. Pero un día Norris descubrió la trompeta (dicen que el primer instrumento lo consiguió en una casa de compra-venta) y su inclinación al jazz fue cosa juzgada.
    Luego de varios años en la escena riocuartense (y cordobesa), en los 80’s se traslada definitivamente a Buenos Aires. Estudió el instrumento con Ettore Nebiolo y Fats Fernández y armonía con Héctor López Fürst. Ingresó a la escuela de Walter Malosetti, donde el guitarrista lo designó como profesor de trompeta. Y además lo incluyó en su quinteto.
    En 2001 compartió, con Ernesto Jodos y Guillermo Bazzola, las "Primeras Jornadas de Improvisación y Composición en Jazz", en la ciudad de Buenos Aires.
    Ha sido convocado para integrar el Departamento Jazz del Conservatorio de Música "Manuel De Falla".
    Asistió a diversas clínicas y seminarios y parece ser que, a esta altura, tocó con todos.
    O casi.

    Mapa CordobaHa conformado varios grupos: Enrique Norris Cuarteto, Kuntu Ngoma, Cacerola, NPGEconcentrado, Trío M.E.S. y, actualmente, comanda el Norris Trío, donde lo acompañan Cristian Bórtoli en contrabajo y Pablo Díaz en batería y percusión y con el que acaba de editar Tres maneras de pensar sin parar.
    Ha grabado en una cantidad infinita de álbumes, con músicos como Walter Malosetti, George Haslam, Hernán Merlo, Ernesto Jodos, Mariano Otero, Fernando Tarrés, Eleonora Eubel, Bárbara Togander, Delfina Oliver, Luis Nacht, Juan Pablo Arredondo, Francisco Lo Vuolo, Carlos Lastra… y siguen las firmas.
    Pero ha editado pocos álbumes como líder. Algunos de ellos inconseguibles y con un diseño artesanal (y tómese esto de manera literal). Todos interesantes, provocativos y serios, pero también lúdicos y con la libertad expresiva como una de sus banderas principales.

    Podríamos seguir listando actividades, músicos y proyectos hasta el infinito, pero (y no entendemos el por qué) no abundan las notas sobre este artista impresionante a quien sus colegas, insistimos, lo tienen como un referente prácticamente ineludible.

    Y van sólo tres ejemplos:
    JodosEl pianista Ernesto Jodos, en una nota que le realizáramos en el 2006, declaró muy suelto de cuerpo: “Norris para mí es el más grande; es, y que me perdonen los demás, el mejor pianista de jazz del país. Es el tipo que más me emociona tocando el piano. Es un gran cornetista además y un musicazo. En todo sentido”.
    Y el baterista Pepi Taveira, al presentar a los integrantes de su cuarteto durante un show, dijo: “yo Taveirasé que a algunos les puede caer mal lo que voy a decir, pero sinceramente es un orgullo para mí presentarles al que considero, por lejos, el mejor músico de jazz de la Argentina: Enrique Norris”.
    Y una más, a cargo del contrabajista Mariano Otero: “el Trío M.E.S. es un proyecto conducido ideológica y guerrilleramente por Norris (risas), es música de él, lo que me pone muy orgulloso porque probablemente sea el músico que más admiro de este país, por su manera de concebir la música y de hacernos divertir a todos y hacernos crecer”.

    OteroCada vez que toca sobre un escenario, es habitual escuchar frases como “Norris hace todo bien”, “y… es Norris…” o bien “es un grande…”
    Y pensamos que sería bueno que munido sólo con su voz (iba a poner “sin instrumentos” pero si leen la nota entenderán por qué el “iba”), nos brindara otro tipo de performance.
    Y este arquitecto de los sonidos, habló.
    De manera harto generosa, con suma calidez, prestando mucha atención a lo conversado, sin desatenciones y comprometiéndose seriamente con el momento.
    Porque, cuando habla, también es un artista.
    Compruébenlo.
    Ah… un detalle… cuando la charla había llegado a su fin, le comentamos la necesidad de ilustrar la nota con imágenes que, al menos en internet, no abundan. Con una sonrisa, nos respondió “alguna que otra hay… podés ponerlas al revés, dadas vuelta…”
    En fin… que nos hemos dado un gusto de los grandes.
    Perdón… de los Grandes.

    ¿Cómo estás?

    Estoy bien, con mis tareas habituales.

    ¿Cuáles son?

    Tocar y dar clases.

    ¿De qué?

    De música, de trompeta, algo de piano (a algunos, los que se animan), cuestiones teóricas… algunos se interesan por la improvisación, otros por saber ciertos códigos que en la música no dejan de ser enigmáticos.

    ¿Todos tienen que ver con el jazz?

    Un alto porcentaje sí; pero también viene gente de otro palo a la que supongo que, igualmente, le sirve la información… porque dentro de las músicas populares, el jazz es el género sobre el que más se ha escrito, del que más se han hecho métodos de estudio, hay como algo ya estandarizado, academizado… que tiene contacto con otras músicas populares también.

    Vos das clase de trompeta, ¿de corneta no?

    Sí…yo sigo tocando corneta… (sonríe) Es un pariente con pocos rasgos diferentes.

    ¿Cuáles son esos rasgos?

    CornetaUn color del sonido menos… a ver… es tan ambiguo describir la música con palabras… (piensa). La corneta es un instrumento menos metálico que la trompeta, tiene un color más oscuro, como si fuera un instrumento intermedio entre la trompeta y el flugelhorn, que también forma parte de la misma familia, se toca de igual manera (didáctico y paciente) hay cosas que cambian, claro…. y aunque uno no sepa de música se da cuenta hasta visualmente. La corneta aparenta ser más corta pero tiene los tubos más doblados, más comprimidos; la campana es más grande pero la boquilla es más cónica y eso cambia el color del sonido aunque la mecánica sea la misma. Es como con los teclados. El piano es un instrumento de teclado, al igual que el órgano o los sintetizadores. Pero en cada uno hay un toque distinto.

    ¿Y por qué creés que el flugelhorn o la corneta no son tan “populares” como la trompeta?

    TrompetaCreo que es una cuestión de gustos y hasta de formación cultural. Hay instrumentos que tienen más presencia que otros, que están más difundidos. En el jazz antiguamente era al revés, se tocaba mucho más la corneta. Luego la trompeta fue ganando espacio; algunos dicen que es porque tiene en cuanto a volumen una mayor presencia… pero no estoy tan de acuerdo con esas clasificaciones. Creo que es más una cuestión cultural, así como hoy es más común que un chico que estudia guitarra lo haga, en general, desde una eléctrica y no desde una clásica o criolla. Pero en realidad no te sé decir… tal vez sea una cuestión de gustos…

    El cuidado al encarar el instrumento, ¿es el mismo?

    Flugelhorn(Piensa) Puede ser que la trompeta sea un instrumento más “botón”; pero según haciendo qué y a qué llamamos “botón” (sonríe). Hay una forma de pensar los instrumentos muy vinculada a la música clásica, que tiene sus códigos, su estética en cuanto al manejo del sonido; esos códigos indican que el sonido debe ser puro, aunque habría que ver (sonríe nuevamente) qué significa ser “puro”, ser “limpio”… entonces no se permite la menor botoneada (risas) porque no tiene que ver con ese lenguaje. De todas maneras, la música académica del siglo XX para acá, tal vez por la presencia del jazz y otras músicas populares, se ha permitido experimentar con sonidos, pero igualmente es muy fuerte esa cuestión cultural. Y muchos jazzeros han adoptado esas ideas “académicas” acerca de cómo debe sonar un instrumento… o los intérpretes. Pero justamente, una de las mayores riquezas de las músicas populares es el poder abarcar en su lenguaje la mayor cantidad de colores; colores que alguna gente piensa que son desafinaciones o formas incorrectas de hacer uso del sonido. Pero al escuchar música de distintos lugares, autóctona, menos procesada, te vas a encontrar con un montón de maneras de utilizar los sonidos atípicos que, salvo que se tenga una apertura generosa, al principio van a molestar. Escuchar música hindú con sitar por primera vez, hasta que uno se acostumbra, puede sonar desafinado o que algo no encaja…

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